La cor­se­te­ra glo­bal

Des­de que Lady Ga­ga se en­ca­pri­cha­ra de uno de sus cor­sés, los sensuales di­se­ños de han da­do la vuel­ta al mun­do. Pe­ro su uni­ver­so crea­ti­vo va mu­cho más allá de es­ta pren­da pa­ra dos: “Quién la lle­va y quién la ata”.

AR - - SECCIÓN - Tex­to: A. SAN­TOS

Un via­je a Ber­lín le cam­bió la vi­da. Ma­ya Han­sen aca­ba­ba de li­cen­ciar­se en el Cen­tro Su­pe­rior de Di­se­ño de Mo­da de Ma­drid y tra­ba­ja­ba pa­ra di­se­ña­do­res co­mo Ja­vier La­rrain­zar y otras mar­cas, pe­ro en sus ra­tos libres ha­cía bra­za­le­tes y cor­pi­ños que ven­día en pe­que­ñas tien­das. La co­sa fun­cio­na­ba tan bien que de­ci­dió pro­bar suer­te en fes­ti­va­les de música de to­da Eu­ro­pa. Du­ran­te uno de ellos, en la ca­pi­tal ale­ma­na, una tien­da de cor­sés se cru­zó en su ca­mino, en­tró por cu­rio­si­dad y se pro­bó uno: “Cuan­do me vi fren­te al es­pe­jo pen­sé: ‘Pe­ro ¿es­ta mu­jer quién es?’. Me que­dé alu­ci­na­da, era otro cuer­po, otra per­so­na... Una ma­ra­vi­lla. Su es­truc­tu­ra y su ca­pa­ci­dad de trans­for­ma­ción me se­du­je­ron in­me­dia­ta­men­te. Era ca­rí­si­mo, pe­ro me lo com­pré. Lue­go vi­nie­ron otras pie­zas y em­pe­cé a in­ves­ti­gar en li­bros de pa­tro­na­je de los Ma­ya Han­sen si­glos XVII y XVIII. A par­tir de ahí, desa­rro­llé mi pro­pia téc­ni­ca; la cor­se­te­ría, jun­to con la sas­tre­ría, es lo más com­pli­ca­do que hay. Es ar­te­sa­nía pu­ra”, ex­pli­ca.

A par­tir de ese mo­men­to, pen­sar en Ma­ya Han­sen es pen­sar en cor­se­te­ría, y vi­ce­ver­sa. De he­cho, hoy en día, su mar­ca es uno de los re­fe­ren­tes mun­dia­les del sec­tor. Y, en par­te, gra­cias a los ca­pri­chos de Lady Ga­ga. Ma­ya no la co­no­ce per­so­nal­men­te, pe­ro ha­bla de la di­va nor­te­ame­ri­ca­na co­mo si fue­ra su ami­ga de to­da la vi­da. “Yo le estoy pro­fun­da­men­te agra­de­ci­da al heavy me­tal y a Lady Ga­ga. Ella fue mi men­to­ra”, afir­ma con una son­ri­sa. Al heavy por­que el gru­po Ma­go de Oz le en­car­gó el ves­tua­rio de su gi­ra

–“Fue un año y me­dio de tra­ba­jo que me per­mi­tió de­jar de di­se­ñar pa­ra otros y mon­tar mi pro­pio ta­ller”– y a Lady Ga­ga por­que pa­seó sus cor­sés por el mun­do y dis­pa­ró su co­ti­za­ción. “Un día re­ci­bí un con el asun­to que

Gaia II mail

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