La nueva se­rie es­tre­lla de TVE

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Por su­pues­to, so­bre to­do cuan­do una ni­ña idea­li­za a sus pa­dres, a su fa­mi­lia, y con la edad se da cuen­ta o se aca­ba en­te­ran­do de que to­do ha si­do una far­sa.

La ins­pi­ra­ción pa­ra es­ta no­ve­la sur­gió de una for­ma muy par­ti­cu­lar, ¿ver­dad?

Es­ta no­ve­la co­men­zó a par­tir de una conversación un tan­to tur­ba­do­ra con una lec­to­ra que aho­ra es ami­ga. Fue a par­tir de leer cuan­do se acer­có a mí pa­ra con­tar­me su his­to­ria. En­ton­ces, me di­jo que ella se en­te­ró ya con 12 años de que era una hi­ja bas­tar­da, y a par­tir de ahí me fue des­cri­bien­do to­do el las­tre, to­do el es­tig­ma que eso su­pu­so en su vi­da. Lue­go la his­to­ria que yo he es­cri­to no tie­ne na­da que ver con la reali­dad, pe­ro aque­lla fue la chis­pa. El te­ma de los bas­tar­dos es un te­ma que to­dos co­no­ce­mos, pe­ro no so­mos cons­cien­tes del da­ño tan tre­men­do que su­po­ne, so­bre to­do pa­ra esos ni­ños a los que se cul­pa­bi­li­za­ba de una des­ho­nes­ti­dad muy re­la­ti­va: eran los hi­jos del pe­ca­do. Mu­chos arras­tran esa in­com­pren­sión que han vi­vi­do, que les ha brin­da­do la so­cie­dad, el res­to de sus días. Y con esa ex­cu­sa, me ape­te­cía La his­to­ria de una Es­pa­ña de pos­gue­rra don­de una mu­jer se ve obli­ga­da, cuan­do su ma­ri­do cae en­fer­mo, a tra­ba­jar pa­ra so­bre­vi­vir jun­to a su hi­ja. Es la ba­se ar­gu­men­tal de la nueva fic­ción ele­gi­da por TVE co­mo la es­tre­lla del oto­ño en su pro­gra­ma­ción. Ba­sa­da en La so­na­ta del si­len­cio, de Pa­lo­ma Sán­chez-Gar­ni­ca, es­tá pro­ta­go­ni­za­da por Mar­ta Etu­ra, Da­niel Grao y Eduar­do Noriega. Aun­que Pa­lo­ma no ha par­ti­ci­pa­do en el guion, cree que es un buen tra­ba­jo: “So­lo he ce­di­do los de­re­chos, por­que yo no sé es­cri­bir un guion –ex­pli­ca–. Lo que he vis­to me ha en­can­ta­do y creo que la gen­te va a ver una muy bue­na se­rie”. La es­cri­to­ra, que se ha mos­tra­do en­can­ta­da con que ha­yan ele­gi­do una fic­ción su­ya pa­ra lle­var­la a la pe­que­ña pan­ta­lla, cree que es muy in­tere­san­te ha­cer es­tas adap­ta­cio­nes, por­que es una for­ma de acer­car la lec­tu­ra a mu­cha más gen­te. tam­bién in­da­gar en có­mo nos afec­tan las de­ci­sio­nes que to­man otros, y so­bre to­do ver có­mo afec­tan las que to­man los pa­dres en sus hi­jos, y có­mo se van mul­ti­pli­can­do y ca­yen­do unas so­bre otras co­mo si fue­ra una es­ca­le­ra de fi­chas de do­mi­nó. Cla­ro. Du­ran­te años he­mos es­ta­do le­yen­do los sen­ti­mien­tos de las mu­je­res es­cri­tos por hom­bres y lo he­mos acep­ta­do. A mí, por ejem­plo, me apa­sio­na

pe­ro la voz del na­rra­dor en mu­chas oca­sio­nes se no­ta que es mas­cu­li­na y po­co tie­ne que ver con los sen­ti­mien­tos que tu­vie­ra una mu­jer de la épo­ca. Y ha­bía es­cri­to­ras, cla­ro, pe­ro el pa­no­ra­ma no era co­mo el que vi­vi­mos hoy. Por­que aho­ra ya so­mos mu­chas las es­cri­to­ras que ha­bla­mos de los sen­ti­mien­tos de las mu­je­res des­de un pun­to de vis­ta fe­me­nino, y no lo ha­ce­mos mal por­que cap­ta­mos mu­chos lec­to­res, y de am­bos se­xos, no so­la­men­te de lec­to­ras. Hay que em­pe­zar ya a de­jar eso de que los hom­bres es­cri­ben pa­ra to­do el mun­do y las mu­je­res úni­ca­men­te pa­ra las mu­je­res, por­que es­tá cla­ro que no es así.

La so­na­ta del si­len­cio Re­gen­ta, La

Mar­ta Etu­ra y Da­niel Grao en una es­ce­na de la se­rie de TVE ‘La so­na­ta del si­len­cio’.

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