Eva Her­zi­go­va

La mo­de­lo nos ha­bla de su tra­ba­jo, sus ri­tua­les de be­lle­za y su fa­mi­lia.

AR - - SUMARIO - Tex­to: ES­PE­RAN­ZA JI­MÉ­NEZ

Eva Her­zi­go­va bien podría ser una de las pro­pie­ta­rias de los de­re­chos de au­tor del tér­mino top mo­del, que se acu­ñó cuan­do la fa­ma de una inol­vi­da­ble ge­ne­ra­ción de ma­ni­quíes, en­tre las que tam­bién es­ta­ban Clau­dia Schif­fer, Lin­da Evan­ge­lis­ta o Nao­mi Camp­bell, sal­tó de las pa­sa­re­las a la ca­lle. Más que mo­de­los eran au­tén­ti­cas es­tre­llas y su éxi­to so­lo com­pa­ra­ble al de los ído­los del rock.

Na­ci­da en Lit­ví­nov, Re­pú­bli­ca Che­ca, se dio a co­no­cer con 16 años en una cam­pa­ña de Guess en la que apa­re­cía tan ru­bia y sen­sual que le va­lió el apo­do de la Ma­rilyn de los no­ven­ta. Pe­ro fue­ron sus cur­vas las que la lan­za­ron al es­tre­lla­to al mi­rar­nos des­de las va­llas pu­bli­ci­ta­rias vis­tien­do úni­ca­men­te el su­je­ta­dor más fa­mo­so de la his­to­ria, el Won­der­bra. Des­pués lle­ga­ría la por­ta­da de la re­vis­ta Sports Illus­tra­ted, co­la­bo­ra­cio­nes con di­se­ña­do­res co­mo Ga­lliano, Ver­sa­ce o Ar­ma­ni, su de­but en el ci­ne y otros tra­ba­jos que han abul­ta­do su cu­rrí­cu­lum. Ac­tual­men­te, es ima­gen del tra­ta­mien­to Cap­tu­re To­tal de Dior, y en 2017 vol­ve­rá a po­sar pa­ra el ca­len­da­rio Pi­re­lli. To­do un hi­to pa­ra una mu­jer de 43 años, ma­dre de tres hi­jos (de 6, 3 y un año) y con una exis­ten­cia ple­na, in­ten­sa y fe­liz, co­mo ella mis­ma ase­gu­ra. El se­cre­to pa­ra tan exi­to­sa com­bi­na­ción en­tre vi­da per­so­nal y pro­fe­sio­nal es la per­fec­ta co­mu­nión que man­tie­ne con su ma­ri­do, el em­pre­sa­rio Gre­go­rio Mar­siaj. Él fue una bal­sa de acei­te des­pués de un pri­mer ma­tri­mo­nio fra­ca­sa­do con el batería de Bon Jo­vi, Ti­co To­rres, con quien es­tu­vo ca­sa­da dos años.

¿Qué que­da de aque­lla ni­ña que se crió en un país co­mu­nis­ta en la dé­ca­da de los se­ten­ta?

La dis­ci­pli­na y el es­fuer­zo, va­lo­res con los que cre­cí. Nues­tros ob­je­ti­vos eran el es­tu­dio, el de­por­te, el tra­ba­jo y la ayu­da a los otros; la mo­da o la es­té­ti­ca no for­ma­ban par­te de nues­tra cul­tu­ra. Nun­ca tu­ve un pós­ter en­ci­ma de mi ca­ma, una estrella a la que qui­sie­ra pa­re­cer­me. To­dos com­prá­ba­mos en la mis­ma tien­da y ves­tía­mos idén­ti­cos, pe­ro yo que­ría ser di­fe­ren­te, así que me com­pra­ba una re­vis­ta ale­ma­na de pa­tro­na­je, el Bur­da, y me co­sía mis pro­pios ves­ti­dos. Me des­cu­brie­ron por ca­sua­li­dad, y tar­dé seis me­ses en con­se­guir el per­mi­so del Go­bierno pa­ra ir­me a tra­ba­jar a Pa­rís. La caí­da del mu­ro nos su­mió en un con­su­mo des­afo­ra­do, en un mun­do don­de to­do es glo­bal­men­te idén­ti­co y en una vi­da más vir­tual que real: no quie­ro que mis hi­jos vi­van así.

¿Có­mo edu­cas en­ton­ces a tus hi­jos?

Ellos via­jan con­ti­nua­men­te y des­de muy pe­que­ños ha­blan tres idio­mas y co­no­cen di­fe­ren­tes cul­tu­ras, jus­to lo opues­to a lo que yo vi­ví en mi in­fan­cia. Pe­ro

yo tra­to de in­cul­car­les los va­lo­res de la dis­ci­pli­na y el es­fuer­zo, que son tan ne­ce­sa­rios, so­bre to­do en la ado­les­cen­cia, cuan­do uno ha de en­con­trar su lu­gar en el mun­do.

¿Te preo­cu­pa el mun­do que he­re­da­rán?

Sí. Mi me­jor le­ga­do se­ría en­se­ñar­les a ser fuer­tes y res­pon­sa­bles, fle­xi­bles y com­pa­si­vos, y a creer en sí mis­mos. Los ni­ños son mi ma­yor com­pro­mi­so en la vi­da: co­la­bo­ro con va­rias ONG de apo­yo a la in­fan­cia y, jun­to con mi pa­dre, he cons­trui­do al­gu­nos mo­li­nos de vien­to en mi país, la Re­pú­bli­ca Che­ca. Me in­tere­sé por el me­dio am­bien­te tras el na­ci­mien­to de mi pri­mer hi­jo, y una de las co­sas que más me gus­ta de Dior, la fir­ma de la que soy ima­gen, es que es res­pe­tuo­sa con el me­dio am­bien­te y, por ejem­plo, sus ta­rros son re­lle­na­bles. Em­pie­zas a preo­cu­par­te so­bre có­mo se­rá el fu­tu­ro cuan­do tie­nes hi­jos.

¿En qué más te cam­bió la ma­ter­ni­dad?

Des­de que soy ma­dre vi­vo pa­ra mis hi­jos y, en oca­sio­nes, mi ma­ri­do me re­cuer­da que de­bo ser un po­co más egoís­ta y pen­sar más en mí mis­ma. Pa­ra que las co­sas fun­cio­nen, lo pla­ni­fi­co to­do con an­te­la­ción y soy muy or­ga­ni­za­da. Mi vi­da es co­mo un re­loj per­fec­ta­men­te sin­cro­ni­za­do y cuan­do una pie­za fa­lla, to­do lo de­más se des­ca­ba­la. Y si me tie­nen que echar una mano re­cu­rro a ami­gos y fa­mi­lia­res.

Sois una de las pa­re­jas más es­ta­bles del mun­do de la mo­da. ¿Dón­de ra­di­ca el se­cre­to?

Gre­go­rio y yo nos co­no­ci­mos el 11 de sep­tiem­bre de 2001, el día de los aten­ta­dos de las to­rres ge­me­las. Me que­dé atra­pa­da en Nue­va York y una ami­ga me de­jó su ca­sa de la pla­ya. Ese atar­de­cer, con el sol po­nién­do­se en el mar, lo co­no­cí. Fue el mo­men­to más má­gi­co de mi vi­da, el que siem­pre me gus­ta­ría vol­ver a vivir. Fue precioso: de pron­to sen­tí que no po­día res­pi­rar, el co­ra­zón me la­tía con una fuer­za ex­tra­or­di­na­ria y sen­tí que te­nía que sa­lir co­rrien­do. Se­guir jun­tos es co­mo un mis­te­rio: un mon­tón de co­sas es­pe­cia­les, co­mo la for­ma en que nos co­no­ci­mos, el he­cho de que no po­de­mos ver­nos to­dos los días, nues­tros hi­jos... Son tan­tas y tan pe­que­ñas co­sas, tan­tas y tan pe­que­ñas pa­la­bras di­chas en los mo­men­tos más im­por­tan­tes... Creo que es so­bre to­do una cues­tión de quí­mi­ca en­tre dos per­so­nas.

¿Cuál es tu bien más pre­cia­do?

El tiem­po, sin lu­gar a du­das. Ten­go una ca­rre­ra, una fa­mi­lia nu­me­ro­sa y una vi­da ple­na, pe­ro el tiem­po vue­la sin que te des cuen­ta.

¿Qué pien­sas de la nue­va ge­ne­ra­ción de mo­de­los que son más ce­le­bri­ties que ma­ni­quíes?

Creo que se ha abier­to una nue­va era en la que to­do ti­po de per­so­nas se in­vo­lu­cran en el mun­do de la mo­da. Des­de el pun­to de vis­ta es­té­ti­co, no es­toy

in­tere­sa­da en las jó­ve­nes que tie­nen éxi­to en las re­des so­cia­les, sino que me ins­pi­ran las be­lle­zas atem­po­ra­les que crean una ima­gen que se re­cuer­da.

Ha­blan­do de re­des so­cia­les y sien­do mo­de­lo, ¿qué con­se­jos da­rías pa­ra sa­lir des­lum­bran­te en una fo­to? Sen­tir­se es­pec­ta­cu­lar siem­pre ayu­da, por lo que hay que in­ver­tir en el as­pec­to y el cor­te de pe­lo, de­ci­dir lle­var ma­qui­lla­je o no, ves­tir­se bien, po­ner­se un cal­za­do sexy o unas go­tas de per­fu­me, que aun­que na­die lo hue­la te ha­ce sen­tir bien.

¿Tras­pa­sar la ba­rre­ra de los cua­ren­ta te hi­zo cam­biar tu con­cep­to de la be­lle­za?

Ca­da edad te apor­ta co­sas dis­tin­tas y te per­mi­te lo­grar ob­je­ti­vos di­fe­ren­tes. Con 20 años es­tás en tu es­plen­dor, pe­ro con el pa­so del tiem­po emer­ge otro ti­po de luz. La se­duc­ción se con­vier­te en un en­can­to más su­til, en una mez­cla de de­ta­lles atrac­ti­vos. Se ad­quie­re esen­cia y se des­pier­ta al­go más sos­te­ni­ble que ser eter­na­men­te joven.

¿Qué con­se­jo da­rías a las mu­je­res que tam­bién los han cum­pli­do y no se sien­ten fe­li­ces? Que de­jen de com­pa­rar­se con­si­go mis­mas cuan­do te­nían 20 años, y no tra­ten de pa­re­cer más jó­ve­nes. Es ab­sur­do. No se de­be per­se­guir el pa­sa­do. Hay que tra­ba­jar pa­ra mo­di­fi­car el es­ti­lo y la men­ta­li­dad y sen­tir­se así de nue­vo en la ple­ni­tud.

Una mu­jer es siem­pre be­lla cuan­do...

Ama y es ama­da. Una vi­da fe­liz te ha­ce res­plan­de­cer. ¿Tie­nes tiem­po pa­ra re­la­jar­te?

Lo bus­co. Me gus­ta ir al ci­ne o dis­fru­tar de un ba­ño tur­co. Me en­can­tan las se­sio­nes de ma­ni­cu­ra y pe­di­cu­ra. Y tam­bién me re­la­ja co­ci­nar, por­que me gus­ta me­ter­me en­tre fo­go­nes. Me en­can­tan los li­bros de co­ci­na y en­sa­yar re­ce­tas. Nun­ca he si­do una bue­na co­ci­ne­ra, pe­ro me gus­ta co­ci­nar pa­ra mis hi­jos y mi ma­ri­do, por­que en­tien­do que la co­mi­da va más allá de al­go que se po­ne en un pla­to.

Y co­mer, ¿te gus­ta?

Me gus­ta que ha­ya mu­chos ali­men­tos en po­ca can­ti­dad, co­mo las ta­pas, en lu­gar de un so­lo pla­to. La co­ci­na ita­lia­na y la ja­po­ne­sa son mis pre­fe­ri­das, co­ci­nas sen­ci­llas y au­tén­ti­cas.

¿Có­mo te man­tie­nes en for­ma?

Aca­bo de em­pe­zar a prac­ti­car ba­rre­co­re, que es una mez­cla de ejer­ci­cios en ba­rra, mo­vi­mien­tos de ba­llet y en­tre­na­mien­to de al­ta in­ten­si­dad en cor­tos in­ter­va­los de tiem­po.

¿Cuál es la re­gla beauty que na­die de­be­ría sal­tar­se?

La limpieza es, sin du­da, el pa­so más im­por­tan­te de to­dos. Yo me la­vo la ca­ra ca­da ma­ña­na con agua muy fría y los ojos abier­tos, si­guien­do el ejem­plo de mi ma­dre. Y to­do el mun­do destaca el blan­co de mis ojos.

Los tra­ta­mien­tos de be­lle­za ayu­dan, pe­ro, real­men­te, ¿qué es lo que a ti te ha­ce sen­tir­te joven?

Pro­bar co­sas nue­vas, apren­der... En de­fi­ni­ti­va, se­guir sin­tién­do­me vi­va.

Es­tás en una de las no­ches más im­por­tan­tes de tu vi­da y só­lo tie­nes 30 mi­nu­tos pa­ra arre­glar­te...

Me pon­dría un po­co de­li­nea­dor di­fu­mi­na­do en los ojos, me pei­na­ría to­do el ca­be­llo ha­cia atrás y me su­biría a unos ta­co­nes al­tos.

¿Qué es­pe­ras de un buen tra­ta­mien­to de ros­tro? Lo que más me im­por­ta es la tex­tu­ra y la efi­ca­cia. Na­tu­ral­men­te, tam­bién es­pe­ro buenos re­sul­ta­dos, pe­ro es fun­da­men­tal que el tra­ta­mien­to que em­plees te re­sul­te agra­da­ble.

¿Al­gún con­se­jo pa­ra tra­tar la piel y apa­re­cer ra­dian­te des­pués de un día in­ter­mi­na­ble?

Una mas­ca­ri­lla pa­ra el con­torno de los ojos su­po­ne un cam­bio es­pec­ta­cu­lar.

Em­pie­zas a preo­cu­par­te por có­mo se­rá el fu­tu­ro cuan­do tie­nes hi­jos”

Fa­mi­lia nu­me­ro­sa Eva y el em­pre­sa­rio

ita­liano Gre­go­rio Mar­siaj tie­nen tres

hi­jos a los que tra­tan de in­cul­car el va­lor del es­fuer­zo que ella mis­ma tu­vo en su in­fan­cia. Le en­can­ta mi­mar­los con pos­tres, aun­que re­co­no­ce no ser bue­na co­ci­ne­ra,

y con di­bu­jos que cuel­ga en

Ins­ta­gram.

Una de ellas

La fa­ma le lle­gó con el anun­cio del push up de Won­der­bra. Ha des­fi­la­do

con las más gran­des, co­mo Lin­da Evan­ge­lis­ta,

Nao­mi Camp­bell o Clau­dia Schif­fer. Aho­ra es

ima­gen del tra­ta­mien­to Dreams­kin Per­fect Skin Cus­hion SPF 50 de Dior.

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