Da­vid Bis­bal

Se con­fie­sa en su en­tre­vis­ta más sin­ce­ra.

AR - - SUMARIO - Tex­to: PA­BLO ARA­GÓN Fo­tos: JUAN­JO MO­LI­NA

Tras es­cu­char en pri­mi­cia cin­co can­cio­nes del sex­to al­búm, me qui­to los au­ri­cu­la­res y sin tiem­po me en­ca­mino ha­cia don­de me es­pe­ra el ‘co­ra­zón la­tino’ que re­lle­nó cien­tos de ho­ras de te­le­vi­sión y que, jun­to a 15 com­pa­ñe­ros de un afa­ma­do con­cur­so mu­si­cal, lo­gró emo­cio­nar a más de la mi­tad de la au­dien­cia. En­tro en una ha­bi­ta­ción re­ple­ta de gen­te don­de me es­pe­ra un so­fá, que, sin ser Ches­ter, ha­ce las mis­mas la­bo­res y nos su­mer­ge en el mun­do de Da­vid Bis­bal. Ante mí, un hom­bre que arre­ba­ta sus­pi­ros, que mi­ra a los ojos y de­ja sin ha­bla. Co­mo los gran­des de la in­dus­tria, ha sa­bi­do con­quis­tar los ma­res y ha­cer­se un nom­bre le­jos de nues­tras fron­te­ras: La­ti­noa­mé­ri­ca le adop­tó y el Ro­yal Al­bert Hall de Lon­dres le al­zó a un olim­po don­de muy po­cos ele­gi­dos son ca­pa­ces de lle­gar.

Cre­ció mi­cró­fono en mano y con unas an­sias des­me­su­ra­das de que un mag­na­te mu­si­cal es­cu­cha­se su voz en la ver­be­na de cual­quier pue­blo al azar. La or­ques­ta Ex­pre­sio­nes fue el pun­to de par­ti­da y Ope­ra­ción Triun­fo su sal­va­ción. Dos años des­pués de su Tú y yo nos pre­sen­ta su sex­to LP. En es­ta ca­si ho­ra y me­dia de char­la pu­de en­tre­ver a un Da­vid Bis­bal muy cer­cano y hu­mil­de que desnudó el al­ma sin de­jar nin­gún sen­ti­mien­to en el tin­te­ro.

¿Qué que­da del al­me­rien­se que da­ba pa­ta­das al ai­re?

¡Que­dan mu­chas co­sas... me­nos la pa­ta­da! [Ri­sas]. Que­da ab­so­lu­ta­men­te to­do. De he­cho, Al­me­ría si­gue sien­do un ta­lis­mán, la ne­ce­si­to y en es­tos úl­ti­mos años he po­di­do vol­ver a dis­fru­tar de mi tie­rra co­mo no lo ha­cía des­de que era ado­les­cen­te o cuan­do tra­ba­ja­ba en la or­ques­ta Ex­pre­sio­nes. Del al­me­rien­se y de Da­vid que­da ab­so­lu­ta­men­te to­do, de la pa­ta­da ya na­da, por­que no la ha­go... aun­que po­dría ha­cer­la.

¿Fue­ron du­ros aque­llos tiem­pos?

Muy du­ros. Eso fue la for­ja que me hi­zo amar la mú­si­ca de una ma­ne­ra muy es­pe­cial, aun­que tam­bién lle­gué a odiar­la. Hu­bo mo­men­tos de ex­tre­ma du­re­za: de­jar a tu fa­mi­lia y pa­sar tan­to tiem­po fue­ra de ca­sa, em­pe­zar a co­no­cer tu voz y te­ner que cui­dar­te co­mo un de­por­tis­ta... to­do eso ago­ta, y mu­cho.

¿El peor mo­men­to?

Hu­bo un pe­rio­do, bien en­tra­do el ve­rano, en que des­pués de te­ner cien con­cier­tos con la or­ques­ta, me sen­tía real­men­te mal. Psi­co­ló­gi­ca­men­te la men­te te jue­ga ma­las pa­sa­das e in­clu­so tie­nes mu­chas ca­ren­cias pa­ra man­te­ner­te en es­te mun­do.

¿En qué pen­sa­bas an­tes de en­trar en una aca­de­mia te­le­vi­sa­da?

En que al­guien me die­ra una opor­tu­ni­dad, sim­ple­men­te eso. Era muy di­fí­cil y sa­bía per­fec­ta­men­te que en Al­me­ría no po­día con­se­guir­la. Con la or­ques­ta re­co­rrí mu­chos lu­ga­res, pe­ro no era su­fi­cien­te. Cuan­do en­tré en la aca­de­mia de Ope­ra­ción Triun­fo no que­ría ga­nar. Si que­da­ba en­tre los tres fi­na­lis­tas se­ría fe­liz, por­que con­se­guía un pro­yec­to mu­si­cal. Era en lo úni­co en lo que pen­sa­ba.

¿Có­mo fue la sa­li­da? ¿El fe­nó­meno fan ago­bia?

Fue di­fí­cil, un cam­bio ra­di­cal. De ese chi­co que po­día sa­lir a to­mar­se una cer­ve­za con los ami­gos pa­sé a tra­ba­jar de ma­ne­ra cons­tan­te. La gen­te me sa­lu­da­ba, la pren­sa te­nía opi­nio­nes y se vol­vió lo­ca.

¿Te sen­tías ob­ser­va­do? ¿Vi­vías con una lu­pa cons­tan­te?

Me pro­te­gí mu­cho en el tra­ba­jo. Era tal el de­seo de que al­guien me die­ra una opor­tu­ni­dad que em­pe­cé muy pron­to a for­mar mi pro­pio equi­po de tra­ba­jo, in­de­pen­dien­te del de la dis­co­grá­fi­ca. Ne­ce­si­ta­ba que me acon­se­ja­ran en lo pro­fe­sio­nal y en lo per­so­nal. No me gus­ta­ba ver las en­tre­vis­tas que ha­bía con­ce­di­do.

¿Era un ca­pa­ra­zón pa­ra to­do lo ma­lo que pu­die­se lle­gar?

Pue­de ser. No que­ría que to­do eso me cam­bia­ra. So­lo que­ría es­tar cen­tra­do en el tra­ba­jo. Des­cu­brí la in­dus­tria mu­si­cal y com­pren­dí que el ar­tis­ta que te­nía un pro­yec­to mu­si­cal gra­ba­do no so­lo se de­di­ca­ba a su­bir­se al es­ce­na­rio y can­tar. Era mu­cho más. Tu­ve que apren­der có­mo fun­cio­na­ba el tra­ba­jo de un eje­cu­ti­vo: me con­ver­tí en uno de ellos, em­pe­cé a asis­tir a reunio­nes de tra­ba­jo y de es­tra­te­gia don­de co­no­cía a gen­te muy im­por­tan­te de la in­dus­tria, lo que hi­zo que me ais­la­se de la pren­sa.

Aho­ra te has re­en­con­tra­do con tus com­pa­ñe­ros de Ope­ra­ción Triun­fo, ¿có­mo ha si­do?

Fue una pro­pues­ta de TVE. Nos di­je­ron que iba a ser un re­en­cuen­tro des­pués de 15 años, y me pa­re­ció una bue­na idea. Ha si­do fantástico, aun­que tu­ve que ha­cer en­ca­je de bo­li­llos, por­que me coin­ci­día con la sa­li­da del dis­co. He he­cho to­do lo po­si­ble por es­tar, por­que me ha­cía ilu­sión.

El abra­zo con Che­noa fue tren­ding to­pic en Twit­ter an­tes de que se emi­tie­se el do­cu­men­tal. ¿Qué opi­nas del re­vue­lo que se ha for­ma­do en torno a es­te te­ma?

El re­en­cuen­tro de OT es mu­cho más que el abra­zo con Lau­ra. Fue una ima­gen de una se­cuen­cia en la que yo me le­van­to pa­ra dar un abra­zo a Da­vid [Bus­ta­man­te], y des­pués le di un abra­zo a Lau­ra pa­ra ex­pli­car­le a la gen­te que no hay nin­gún pro­ble­ma.

Tras cin­co me­ses en­ce­rra­do, ¿qué mo­men­to no ol­vi­da­rás nun­ca?

Cuan­do en la ga­la fi­nal pu­de ver por fin a mis pa­dres des­pués de mu­cho tiem­po en­ce­rra­do en la aca­de­mia. Los bus­ca­ba con la mi­ra­da y fui co­rrien­do a abra­zar­los..

Lle­vas más de 15 años en la mú­si­ca. ¿Cuá­les han si­do el me­jor y el peor re­cuer­do?

El me­jor mo­men­to fue cuan­do gra­bé el pro­yec­to en el Ro­yal Al­bert Hall de Lon­dres, que me per­mi­tió ver que en mi ca­rre­ra mu­si­cal pue­do ha­cer un pa­rén­te­sis pa­ra de­di­car­me a lo que real­men­te me lle­ne. Uno de los peo­res ha si­do cuan­do he tra­ba­ja­do en otros paí­ses y no he ob­te­ni­do nin­gún re­sul­ta­do. To­tal­men­te frus­tran­te.

Cuéntanos, ¿có­mo lo vi­vis­te?

Es­ta­ba muy ner­vio­so. Allí han to­ca­do mu­chos gran­des, des­de Ade­le a Sting pa­san­do por Br­yan Adams. La con­gre­ga­ción de fans fue in­creí­ble. Hi­ci­mos un fan event es­pec­ta­cu­lar y vi­nie­ron clubs de di­fe­ren­tes paí­ses. Fue un con­cier­to muy bo­ni­to y, co­mo co­lo­fón, me die­ron la no­mi­na­ción a los Grammy La­ti­nos, que al fi­nal lo­gré.

Ha­brás co­no­ci­do a cien­tos de per­so­nas... ¿Con cuál te que­das?

Ufff... Hay mu­chas per­so­nas muy im­por­tan­tes, co­mo Nar­cis Re­bo­llo [pre­si­den­te de Uni­ver­sal Spain], al igual que Jesús Ló­pez [ chair­man de Uni­ver­sal La­ti­noa­mé­ri­ca]. De ellos he ob­te­ni­do los me­jo­res con­se­jos, al igual que de mi her­mano Jo­sé Ma­ría, que es­tu­vo muy vol­ca­do con­mi­go al prin­ci­pio. En cuan­to a ar­tis­tas, pue­do ha­blar de Rap­hael o Juan Ga­briel, que van más allá de la pa­la­bra ‘ar­tis­ta’. Soy un afor­tu­na­do.

De to­dos los re­co­no­ci­mien­tos y pre­mios que te han otor­ga­do, ¿cuál te ha he­cho más ilu­sión?

Los más im­por­tan­tes son aque­llos que he re­ci­bi­do en mi tie­rra [Premio de Al­me­ría]. Me en­can­tan los pre­mios mu­si­ca­les, pe­ro que te pre­mien por lo que te ro­dea es fantástico.

En in­nu­me­ra­bles oca­sio­nes te he­mos vis­to co­la­bo­ran­do con Uni­cef, y en An­tes que no dedicas la can­ción Due­le de­ma­sia­do a los más de 250 mi­llo­nes de ni­ños que su­fren las FRQVHFXHQFLDV GH YLYLU HQ FRQÀLF­tos ar­ma­dos. ¿Có­mo de in­vo­lu­cra­do es­tás con la cau­sa?

Se me po­nen los pe­los de pun­ta al pen­sar que han na­ci­do ahí, y con la ma­la suer­te de que hay un con­flic­to bé­li­co. Por eso he do­na­do los de­re­chos de au­tor a Uni­cef. Siem­pre al­za­ré la voz por los ni­ños: ya que no se pue­den de­fen­der, de­ben te­ner una vi­da dig­na y sa­tis­fac­to­ria.

¿Có­mo es Da­vid en­tre las cua­tro pa­re­des de su ca­sa?

Un chi­co co­rrien­te. Lo más im­por­tan­te son mi fa­mi­lia y ami­gos. Si no los ten­go a ellos, no pue­do tra­ba­jar. Son los que me dan fuer­zas pa­ra su­bir­me al es­ce­na­rio, pa­ra con­ce­der en­tre­vis­tas y pa­ra via­jar.

Si tu­vie­ses in­vi­ta­dos pa­ra ce­nar, ¿cuál se­ría el pla­to es­tre­lla?

Sas­hi­mi con vino blan­co.

De tu can­ción Mi prin­ce­sa se po­dría de­cir que es una de las más es­pe­cia­les de tu ca­rre­ra. ¿Es así?

Por su­pues­to. ¿Sa­bes lo que me di­jo mi hi­ja des­pués de un con­cier­to?: “¿Has di­cho que soy tu prin­ce­sa?”. Ese fue un mo­men­to in­creí­ble.

¿Es el le­ga­do más bo­ni­to que pue­des de­jar­le a tu hi­ja Ella?

Mi prin­ce­sa es muy es­pe­cial. A ni­vel mu­si­cal es una can­ción muy bo­ni­ta pa­ra Ella, y qui­zás la nue­va can­ción, Una pa­la­bra, tam­bién, pe­ro no es el le­ga­do más bo­ni­to que voy a de­jar­le; ese voy a dár­se­lo con el tiem­po: no pue­do pre­ten­der que lo más im­por­tan­te que le de­je a mi hi­ja sea una par­te de mi tra­ba­jo. Es ver­dad que na­ce co­mo un sen­ti­mien­to, pe­ro ella se me­re­ce co­sas más im­por­tan­tes que una can­ción. Cuan­do se es pa­dre se en­tien­de que la vi­da no te co­rres­pon­de. To­do lo que ha­go y pien­so es por esa pe­que­ña per­so­na que cre­ce muy de­pri­sa.

¿Tie­nes ga­nas de que sea ma­yor?

Cla­ro. Ca­da vez tiene más con­ver­sa­cio­nes in­tere­san­tes y te par­tes de ri­sa por­que se cree ma­yor.

Te ha­brá sol­ta­do al­gu­na fra­se con la que ha­yas pen­sa­do: “¡Ma­dre mía!”... ¿Te sor­pren­de a me­nu­do?

Hay mu­chas, pe­ro lo que más me ha sor­pren­di­do ha si­do es­te ve­rano, que se en­fa­dó con­mi­go por­que se me ol­vi­do lle­var la par­te de arri­ba de su bi­qui­ni, y me di­jo me­dio llo­ran­do: “¡Se te ha ol­vi­da­do la par­te de arri­ba del bi­qui­ni y se me van a ver las te­tas!”.

‘‘

Mi hi­ja Ella se me­re­ce mu­chas más co­sas y más im­por­tan­tes que

una can­ción

¿Si­gues sin lle­var­te bien con la fa­ma? ¿Qué no so­por­tas?

La pa­la­bra ‘fa­mo­so’ no me gus­ta na­da, es feí­si­ma. Vi­vi­mos en un mun­do de li­bre opi­nión, pe­ro hay mu­cha gen­te que cons­pi­ra y se in­ven­ta mu­chas co­sas. Qui­zá eso es lo peor, pe­ro no ten­go nin­gún pro­ble­ma en lle­var las co­sas bien.

¿Ca­da cuán­to via­jas a Al­me­ría?

Voy mu­chí­si­mo. De he­cho el año pa­sa­do dis­fru­té de unas va­ca­cio­nes co­mo las que nun­ca ha­bía te­ni­do. Ha­cía 17 años que no dis­fru­ta­ba de un ve­rano y unas va­ca­cio­nes en mi tie­rra. Los ve­ra­nos sue­lo es­tar de gi­ra; in­clu­so cuan­do tra­ba­ja­ba en la or­ques­ta y re­co­rría An­da­lu­cía tam­po­co dis­fru­ta­ba de ese tiem­po en mi ho­gar. El año pa­sa­do me re­mon­té a mis 16 o 18 años, cuan­do es­ta­ba to­tal­men­te li­bre... Fue­ron muy es­pe­cia­les esas va­ca­cio­nes..

Si no hu­bie­ras si­do can­tan­te, ¿qué crees que es­ta­rías ha­cien­do?

Me hu­bie­ra gus­ta­do tra­ba­jar en la na­tu­ra­le­za. Es­tu­dié pa­ra ser guar­da fo­res­tal, pe­ro mi in­ten­ción era ir más allá y ser bió­lo­go ma­rino.

1. Es­tan­te­ría re­ple­ta de

pre­mios. Da­vid, re­ci­bien­do un premio 40 prin­ci­pa­les.

2. Con Che­noa. Con mo­ti­vo del con­cier­to de aniver­sa­rio de Ope­ra­ción Triun­fo en­sa­yan­do jun­tos su po­pu­lar Es­con­di­dos. Rom­pie­ron In­ter­net.

3. So­li­da­rio. Ejer­ce la­bo­res hu­ma­ni­ta­rias des­de que ce­dió a Uni­cef los de­re­chos de su can­ción Sol­da­dos de pa­pel.

4. Ella. Con su hi­ja 6 años, por la que be­be los vien­tos.

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