Ga­lo­pa­das en Man­ches­ter, sus­pen­se en Ma­drid

AS (Aragon) - - Tema Del Día - AL­FRE­DO RELAÑO

El par­ti­do de la no­che en Eu­ro­pa es­ta­ba en Man­ches­ter, don­de el City y el Ba­rça ju­ga­ron un fút­bol ex­tra­ña­men­te ver­ti­gi­no­so, con al­ter­na­ti­vas de man­do, y, so­bre to­do, ca­rre­ras, mu­chas ca­rre­ras a to­da pas­ti­lla, tras ro­bo de ba­lón en cual­quier zo­na del cam­po. De aquel ba­ru­llo sa­lió ga­na­dor el City, pe­se a ha­ber­se vis­to en 0-1 y ca­si des­en­cua­der­na­do en torno a la me­dia ho­ra de jue­go. Pe­ro un re­ga­lo de la de­fen­sa del Ba­rça más un sa­bio re­to­que

(De Bruy­ne por en me­dio y Kun a la ban­da), le per­mi­tie­ron dar la vuel­ta al par­ti­do, ¡con só­lo un 34% de po­se­sión! Pa­ra el Ba­rça la de­rro­ta no es gra­ve. Lo que es gra­ve de ver­dad es la au­sen­cia de Pi­qué atrás. De­cía que el par­ti­do de la no­che eu­ro­pea es­ta­ba en Man­ches­ter, pe­ro en Ma­drid ha­cía fal­ta un se­gun­do te­le­vi­sor, por­que al Atleti no se le pue­de per­der de vis­ta ni un mi­nu­to. El Cal­de­rón vol­vió a vi­vir una no­che eu­ro­pea gran­de, en es­te su tiem­po fi­nal en el que las va en­la­zan­do. En el Atlé­ti­co se si­guen vi­vien­do los par­ti­dos con su­fri­mien­to, la di­fe­ren­cia es que aho­ra aca­ban bien. El de ayer lo resolvió Griez­mann en el mi­nu­to de Ser­gio Ra­mos, y con el sus­pen­se aña­di­do de si ha­bría o no anu­la­ción. No la hu­bo ni te­nía por qué. El ár­bi­tro vio bien. To­tal, do­ce pun­tos, lí­der de gru­po y la cla­si­fi­ca­ción ase­gu­ra­da ya, con dos par­ti­dos to­da­vía por de­lan­te. Las emo­cio­nes de la Cham­pions, en fin. Hoy nos que­da el Se­vi­lla, que re­ci­be al Di­na­mo de Za­greb sin Nasri, lo que no de­ja de ser un pro­ble­ma. Y el Ma­drid, que vi­si­ta al Le­gia sin pú­bli­co, lo que no de­ja de ser una ra­re­za. He vis­to par­ti­dos así (West Ham-Cas­ti­lla, Ma­drid-Ná­po­les...) y son ex­tra­ños. Fút­bol sin al­ma, en el que el ru­mor na­tu­ral que pro­du­ce el jue­go es­tá au­sen­te, y se es­cu­chan, des­nu­dos, los gri­tos de los ju­ga­do­res, los gol­pes del pie al ba­lón, de­vuel­to to­do ello por un eco so­bre­na­tu­ral. Ni si­quie­ra creo que ayu­de al de fue­ra. No ayu­da a na­die, en­fría a to­dos. Pe­ro los del

Le­gia lo han pro­vo­ca­do. Ya vi­mos aquí có­mo son.

“...EL DE AYER LO RESOLVIÓ GRIEZ­MANN EN EL MI­NU­TO DE SER­GIO RA­MOS...”

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