Raúl Ag­né “Nues­tro me­jor on­ce pue­de ga­nar a cual­quie­ra”

AS (Aragon) - - Real Zaragoza - P. L. FE­RRER; J. MA­RÍN LA EN­TRE­VIS­TA

Raúl Ag­né atien­de a AS pa­ra ha­cer un pri­mer diag­nós­ti­co de la plan­ti­lla una se­ma­na des­pués de su lle­ga­da al ban­qui­llo de La Ro­ma­re­da. El téc­ni­co con­fía ple­na­men­te en sus ju­ga­do­res y asu­me el re­to con na­tu­ra­li­dad: “Igual es por­que soy de aquí. Creo que lo más nor­mal es ser nor­mal”.

Qui­zá lo que más ha lla­ma­do la aten­ción de Raúl Ag­né es la nor­ma­li­dad con la que se ha com­por­ta­do en el Real Za­ra­go­za des­de el pri­mer día... —A lo me­jor es por­que soy de aquí y me mue­vo en mi há­bi­tat natural. Creo que lo más nor­mal es ser nor­mal. En cuan­to a mi lle­ga­da al club, soy cons­cien­te de la reali­dad y por qué es­toy aquí, pe­ro tam­po­co me apu­ra. —Tam­bién ha re­cal­ca­do que el equi­po es me­jor de lo que pa­re­ce y eso tam­po­co es ha­bi­tual en un en­tre­na­dor. —Yo no sue­lo ex­cu­sar­me ni ti­rar de tó­pi­cos y si lo di­go es por­que lo creo. Si es­tos fut­bo­lis­tas es­tán aquí es por­que se lo me­re­cen y es­toy con­ven­ci­do de que si en la quin­ta jor­na­da iban se­gun­dos, al­go ha­rían bien. Aho­ra, esa si­tua­ción con­vul­sa que se han en­con­tra­do úl­ti­ma­men­te les ha lle­va­do a du­dar y se tra­ta de que no du­den y de que vean que son los mis­mos fut­bo­lis­tas que em­pe­za­ron bien. —¿Có­mo se con­fian­za? re­cu­pe­ra esa —Es un tó­pi­co que no me gus­ta em­plear por­que tú no pue­des ir a una far­ma­cia, pe­dir una bo­te­lla de con­fian­za, to­mar­te dos cho­rros por la noche y ma­ña­na ya re­cu­pe­ras la con­fian­za. La con­fian­za se con­si­gue a tra­vés de los co­no­ci­mien­tos. Si a mí me di­cen que le­van­te una pa­red, me pue­do es­for­zar mu­cho, pe­ro se­gu­ro que la le­van­ta­ré tor­ci­da, si na­die me en­se­ña a le­van­tar­la. Por tan­to, la con­fian­za se re­cu­pe­ra me­dian­te unas he­rra­mien­tas que den se­gu­ri­dad al gru­po y que ese gru­po a par­tir de ahí vuel­va a cre­cer y vuel­va a apa­re­cer el ta­len­to in­di­vi­dual. —¿Y cuán­to pue­de lle­gar a in­fluir la con­fian­za en el ren­di­mien­to de un fut­bo­lis­ta? —Más que de con­fian­za, ha­bla­ría­mos de es­ta­do de áni­mo. El fút­bol es un es­ta­do de áni­mo y al fi­nal los fut­bo­lis­tas son per­so­nas que sien­ten y pa­de­cen y esas emo­cio­nes si son po­si­ti­vas o ne­ga­ti­vas te ha­cen ju­gar bien o te blo­quean. Cuan­do un ju­ga­dor no va bien, y lo sé por ex­pe­rien­cia, se blo­quea y es cuan­do no rin­de y no sa­be qué ha­cer. A ve­ces te crees que que­rien­do ha­cer más lo vas a ha­cer me­jor y lo ha­ces peor. Se tra­ta de ayu­dar­les y dar­les he­rra­mien­tas que les den se­gu­ri­dad. —La ca­mi­se­ta del Real Za­ra­go­za es la que más pe­sa de Se­gun­da Di­vi­sión y hay ju­ga­do­res que con otros equi­pos han as­cen­di­do y aquí no po­drían por­que les de­vo­ra la pre­sión. ¿Es el as­pec­to más com­pli­ca­do pa­ra us­ted co­mo con­duc­tor del gru­po? —Es­toy de acuer­do. A ve­ces se di­ce que aquel equi­po con ese pre­su­pues­to y esos ju­ga­do­res ha as­cen­di­do y hay que si­tuar­se en ca­da con­tex­to. Ha­brá que po­ner a esos fut­bo­lis­tas aquí y a ver có­mo rin­den. O cuán­tos de los ju­ga­do­res que te­ne­mos aquí la ma­yo­ría de equi­pos no que­rrían. Es una reali­dad que la te­ne­mos que sa­ber y el con­duc­tor y el lí­der del gru­po, que soy yo, de­be afron­tar­la con nor­ma­li­dad; si tú eres ca­paz de ren­dir ahí, por qué no eres ca­paz de ren­dir aquí. Con to­da su his­to­ria y con to­do lo que tú quie­ras, es un cam­po de fút­bol. Si tú só­lo pien­sas en la his­to­ria y te ol­vi­das de ren­dir, al fi­nal te va a su­pe­rar la si­tua­ción. Si só­lo fo­ca­li­zas la aten­ción en el ren­di­mien­to, esa his­to­ria te va a ayu­dar a al­can­zar los ob­je­ti­vos mar­ca­dos. Es dar­le la vuel­ta a la si­tua­ción: ol­vi­dar­te de dón­de es­tás, pien­sa que es un cam­po de fút­bol en el que jue­gan on­ce con­tra on­ce, gana y esa his­to­ria se te pon­drá a fa­vor. No la veas co­mo al­go en con­tra, al re­vés, haz las co­sas pa­ra que se te pon­ga a fa­vor, que eso es lo que siem­pre he tra­ta­do de trans­mi­tir. —¿Que ha­ya ju­ga­do­res en la plan­ti­lla co­mo Ca­ni o Za­pa­ter, que tam­bién co­no­cen el club, ayu­da mu­cho al en­tre­na­dor? —Al en­tre­na­dor lo que más le ayu­da es te­ner bue­nos fut­bo­lis­tas. Y aquí ten­go la suer­te de te­ner a Za­pa­ter y Ca­ni, que han si­do y son muy bue­nos fut­bo­lis­tas y ade­más son de la tie­rra y sien­ten es­te es­cu­do. Pe­ro a ellos dos po­dría­mos su­mar otros fut­bo­lis­tas que tie­ne el Za­ra­go­za con un buen cu­rrí­cu­lum y esos fut­bo­lis­tas al en­tre­na­dor se lo ha­cen más fá­cil. Soy de los que pien­sa que cuan­to más bueno es al­guien en su pro­fe­sión, más hu­mil­de y más ga­nas de cre­cer tie­ne. Y cuan­to más ma­lo, más arro­gan­te y más pe­dan­te es. Aquí ten­go la suer­te de que to­do el gru­po tie­ne ga­nas de me­jo­rar y de te­ner cin­co o seis ju­ga­do­res de una ex­pe­rien­cia que co­mo en­tre­na­dor me ayu­dan mu­cho. —Des­de el ves­tua­rio se per­ci­be que con­fía en la plan­ti­lla y que ha lle­ga­do aquí a co­mer­se el mun­do. —No ven­go a co­mer­me el mun­do, pe­ro sí que lle­go con to­da la ilu­sión del mun­do. Quie­ro que ese ma­tiz que­de cla­ro por­que no quie­ro que se con­fun­da res­pon­sa­bi­li­dad con ilu­sión. Y lo que ven en mí es esa ilu­sión y ese con­ven­ci­mien­to. Y eso es real por­que cuan­do se habla y se mi­ra a los ojos se ex­pre­sa. La nor­ma­li­dad no es fin­gi­da, no es postureo, es natural. In­ten­to trans­mi­tir­les eso, mi ilu­sión an­te mi ma­yor opor­tu­ni­dad y en­ci­ma en un lu­gar que co­noz­co y que ja­más en mi vi­da hu­bie­ra ima­gi­na­do que yo iba a es­tar aquí. Sí que he pe­lea­do y me he cur­ti­do pa­ra un día te­ner una opor­tu­ni­dad así, pe­ro no me la voy a to­mar con un ex­ce­so de res­pon­sa­bi­li­dad, sino con mu­cha ilu­sión, ya que un ex­ce­so de res­pon­sa­bi­li­dad te blo­que y si te blo­queas no rin­des. —La Se­gun­da Di­vi­sión ha per­di­do ca­li­dad en los úl­ti­mos años y los equi­pos que es­tán as­cen­dien­do son aque­llos en los que se ve mu­chí­si­mo la mano de un en­tre­na­dor y es­tán muy bien trabajados. ¿Es ahí dón­de pue­de apor­tar Raúl Ag­né gran­des co­sas? —Es­toy de acuer­do en que a ni­vel cua­li­ta­ti­vo ha ba­ja­do, pe­ro a su vez si­gue sien­do igual de com­pli­ca­do, ya que to­dos sa­be­mos có­mo es­tá la si­tua­ción eco­nó­mi­ca y to­da esa ca­li­dad se ha igua­la­do. Así se ex­pli­ca que clu­bes me­nos im­por­tan­tes ha­yan as­cen­di­do. Cuan­do yo em­pe­cé a en­tre­nar en Se­gun­da, el Za­ra­go­za que as­cien­de con Mar­ce­lino te­nía a Aya­la, Jor­ge Ló­pez, Oli­vei­ra, Ewert­hon, Ga­bi, Arizmendi... To­dos ju­ga­do­res de Pri­me­ra Di­vi­sión. Eso hoy en día no su­ce­de y es

Diag­nós­ti­co “El equi­po es me­jor de lo que pa­re­ce. Y lo di­go to­tal­men­te con­ven­ci­do” His­to­ria “La ca­mi­se­ta del Za­ra­go­za es la que más pe­sa en Se­gun­da”

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