Cris­tian To­ro “Un oro te cam­bia la vi­da, for­mas par­te de la his­to­ria”

Cris­tian To­ro, 24 años, se tras­la­dó a los 10 des­de su Ve­ne­zue­la na­tal a Galicia. Allí des­cu­brió el pi­ra­güis­mo, de­por­te en el que es­te ve­rano lo­gró el oro olím­pi­co en K-2 jun­to a Saúl Cra­viot­to. Tam­bién po­pu­lar por su pa­so por te­le­vi­sión, cuen­ta que ya le

AS (Aragon) - - Más Deporte - JUAN­MA LEI­VA LA EN­TRE­VIS­TA

En el po­dio “Que­ría gra­bar el mo­men­to, qui­zá no lo vuel­va a vi­vir” Te­le­vi­sión “Me ale­gro de que aho­ra me pa­ren más por el oro”

Han pa­sa­do tres me­ses de su oro olím­pi­co en Río. ¿Lo ve de otra ma­ne­ra?

—Soy más cons­cien­te. To­dos los ac­tos, ho­me­na­jes, la me­da­lla al Mé­ri­to De­por­ti­vo... ha­cen que me sien­ta muy or­gu­llo­so. Re­cuer­do el mo­men­to de es­tar en el po­dio y pen­sar: ‘De­bo gra­bar a fue­go es­to, por­que es po­si­ble que no lo vuel­va a vi­vir’.

—¿Cam­bia la vi­da?

—Sí, des­de un pun­to de vis­ta per­so­nal. Me sien­to sa­tis­fe­cho ca­da día que me le­van­to. No só­lo he lo­gra­do mi sue­ño, sino que he en­tra­do a for­mar par­te de la his­to­ria.

—Pe­ro, de re­pen­te, pa­san los Jue­gos y se en­cuen­tra con pro­ble­mas pa­ra lo­grar pa­tro­ci­na­dor...

—Eso sí que me cues­ta en­ten­der­lo. Du­ran­te los Jue­gos to­dos los es­pa­ño­les se sien­ten iden­ti­fi­ca­dos por los de­por­tis­tas que com­pi­ten por su país. Y un mes des­pués se ol­vi­da. No se tie­ne en cuen­ta que es el mo­men­to de em­pe­zar de nue­vo a cons­truir lo que nos vol­ve­rá a re­pre­sen­tar en 2020. Pa­re­ce que só­lo se com­pi­te en año olím­pi­co y lo de­más no im­por­ta. Eso sí es un po­co tris­te.

—Por­que us­ted ya es­tá ma­nos a la obra... ¿Si­gue pen­san­do en se­guir en equi­po o se plan­tea pa­sar a in­di­vi­dua­les?

—Ya he vuel­to a la ru­ti­na con el gru­po de mi en­tre­na­dor, Mi­guel Gar­cía, en As­tu­rias. Los ri­va­les tam­po­co pa­ran y yo, aun­que me lo quie­ro to­mar con más cal­ma, que un ci­clo olím­pi­co es muy lar­go, sí me gus­ta­ría es­tar en gran­des ci­tas co­mo Eu­ro­peos o Mun­dia­les. En cuan­to a la mo­da­li­dad, las me­jo­res sen­sa­cio­nes de mi ca­rre­ra las he lo­gra­do en equi­po con Saúl. Y el K-1 por aho­ra es su­yo. Pe­ro no lo des­car­to si se da la opor­tu­ni­dad.

—¿Có­mo a un ve­ne­zo­lano le dio por el pi­ra­güis­mo?

—Me tras­la­dé con 10 años a Galicia y allí em­pe­cé con 12. Lue­go tam­bién es­tu­ve en la re­si­den­cia Blu­me de Ma­drid...

—¿Fue en­ton­ces cuan­do pa­só por el pro­gra­ma ‘Mu­je­res y Hom­bres y Vi­ce­ver­sa’?

—Fue un ve­rano en el que ya ha­bía aca­ba­do la tem­po­ra­da. Y me di­ver­tí mu­cho. Nun­ca me dis­tra­jo de mi ob­je­ti­vo, el de­por­te. Y creo que no hi­ce na­da de lo que de­ba arre­pen­tir­me (ri­sas).

—¿Por qué mo­ti­vo le re­co­no­cen más, por aque­lla ex­pe­rien­cia o por el oro olím­pi­co?

—An­tes mu­cho más por aque­llo. Aho­ra me ale­gro de que me pa­ren más por el oro. La gen­te es muy ca­ri­ño­sa cuan­do se tra­ta de de­por­te y de re­pre­sen­tar al país en unos Jue­gos.

—Su pa­re­ja, Ire­ne Junquera, tam­bién es co­no­ci­da. ¿Su­po­ne al­gún pro­ble­ma en su vi­da dia­ria?

—Al­gu­na vez nos han se­gui­do pa­pa­raz­zi... Pe­ro no nos in­co­mo­dó. Ella es muy pro­fe­sio­nal en su tra­ba­jo, yo in­ten­to ha­cer­lo bien en lo mío. En­ca­ja­mos bien. Vi­vo un buen mo­men­to per­so­nal y de­por­ti­vo.

—¿Y es fut­bo­le­ro?

—¡Sí, mu­cho! Y vie­ne de fa­mi­lia. Mi abue­lo ju­gó en la Vi­no­tin­to en los 70. Pe­ro yo me he cria­do aquí y me ti­ra más la Ro­ja... ¡y el Real Ma­drid!

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