“Za­pa­te­ro me di­jo: ‘Yo soy del Ba­rça por tu tío Cé­sar”

AS (Aragon) - - Real Madrid-cultural Leonesa - PA­TRI­CIA CAZÓN LA EN­TRE­VIS­TA

Cé­sar Blan­co (León, 1950) na­ció con el fút­bol de se­rie: su tío es Cé­sar, his­tó­ri­co del Ba­rça y el fut­bo­lis­ta más im­por­tan­te de la his­to­ria leo­ne­sa. És­te Cé­sar fue por­te­ro y ju­gó en Ovie­do, Al­me­ría y Hér­cu­les en los 70. Re­cuer­da hoy con AS.

En León, si se ha­bla de fút­bol, un nom­bre: Cé­sar. Era su tío (fa­lle­ci­do en 1995). En la ciu­dad na­die le ol­vi­da... —Sí, en León es una re­fe­ren­cia y eso pa­ra no­so­tros es muy bo­ni­to. Mi tío mar­có una épo­ca. Fue re­fe­ren­cia en el Bar­ce­lo­na, don­de ju­gó quin­ce años (pri­me­ro en la 1939-40 y, des­pués, des­de 1942 a 1955). Fue má­xi­mo go­lea­dor una tem­po­ra­da, ga­nó cin­co Li­gas, tres Co­pas... Y eso pa­ra una ciu­dad pe­que­ña, co­mo León, ima­gi­na. De aque­llas, los fut­bo­lis­tas te­nían mu­cha tras­cen­den­cia. Eran co­mo dio­ses. —Siem­pre se di­ce que, si en León hay mu­cha afi­ción al Ba­rça es por eso, por su tío. —Sí (ríe). Sin du­da. Un día ha­blan­do con Za­pa­te­ro, por ejem­plo, me lo di­jo: “Yo soy del Ba­rça por tu tío, Cé­sar”. —¿Te­nían mu­cha re­la­ción? —Cuan­do yo na­cí, él te­nía 24 años. Fue mi pa­drino de bau­ti­zo. —Des­pués, us­ted tam­bién hi­zo ca­rre­ra en el fút­bol... —Sí. Pe­ro no tu­vo que ver con él. Yo me fui a es­tu­diar la ca­rre­ra a Ovie­do y em­pe­cé a ju­gar allí. —¿En su ca­sa se ha­bla­ba de al­go que no fue­ra fút­bol? —No. Era fút­bol a to­das ho­ras. Mi ma­dre lo de­cía: “Ya can­sáis un po­co con el te­ma” (ríe). —Eso sí, us­ted eli­gió la por­te­ría. ¿Por qué? —Sí. ¡A mí siem­pre me gus­tó ser di­fe­ren­te! Si mi tío era de­lan­te­ro, yo, por­te­ro (ríe). Pe­ro es un lu­gar en el que se su­fre mu­cho, eh: si no jue­gas, no lo ha­ces nun­ca. Y co­mo fa­lles... A mí no me de­ja­ba dor­mir. —Pues ju­gó 198 par­ti­dos en Pri­me­ra... —Sí, des­de 1972 a 1977 ju­gué en el Ovie­do, des­pués pa­sé cua­tro años en el Al­me­ría, don­de as­cen­di­mos a Pri­me­ra, y otros cua­tro en el Hér­cu­les, con quien tam­bién as­cen­dí. Son mis me­jo­res re­cuer­dos. Los dos as­cen­sos. So­bre to­do el del Al­me­ría. Era la pri­me­ra vez en su his­to­ria. Fue in­creí­ble. Inol­vi­da­ble. —¿Le dio al­gu­na vez su tío al­gún con­se­jo en el fút­bol? —Era muy es­cru­pu­lo­so. Una vez, ju­gan­do en el Camp Nou, yo fui a pro­tes­tar­le al ár­bi­tro, que era Uri­zar Az­pi­tar­te, por una ju­ga­da. No le gus­tó: no que­ría que su so­brino es­tu­vie­ra ahí, pro­tes­tan­do. —De los ri­va­les que tu­vo, ¿quién le im­po­nía más? —Dos, Cruyff del Bar­ce­lo­na y San­ti­lla­na del Ma­drid. —Us­ted for­mó par­te del gru­po de ju­ga­do­res que cons­ti­tu­yó la AFE... —Sí. Y fí­ja­te: ¡lo pri­me­ro que in­ten­ta­mos con­se­guir era ser pro­pie­ta­rios de nues­tros de­re­chos de ima­gen! Fí­ja­te, aho­ra... Pe­ro es que, de aque­llas, en los 70, es­tá­ba­mos muy aban­do­na­dos. Mi­ra, mi pri­mer con­tra­to, con el Ovie­do, con 18 años, me ata­ba de por vi­da... Eso hoy en día es im­pen­sa­ble. —¿ Cuán­to se co­bra­ba en­ton­ces? —Un mi­llón de pe­se­tas, que es lo que en­ton­ces po­día va­ler una vi­vien­da, pe­ro hoy sue­na a ri­sa. El equi­va­len­te a eso se­rá lo que se co­bra aho­ra en Se­gun­da B. —Se­gun­da B. Una ca­te­go­ría en la que lle­va años en­ca­lla­da la Cul­tu­ral. Más allá del 1-7 en la ida, ¿qué ha su­pues­to es­ta eli­mi­na­to­ria pa­ra León, el equi­po? —Mu­cho. Y por al­go sen­ci­llo: la ilu­sión. Ver el Reino lleno, en­gan­cha­do a es­te equi­po... Pue­de ha­cer co­sas gran­des. —¿Qué es­pe­ra hoy en el Ber­na­béu? —El re­sul­ta­do es lo de me­nos. Van a te­ner ilu­sión igual. Só­lo por sa­lir a ju­gar a ese cam­po, mi­rar arri­ba y ver la gra­da,

buah, aun­que es­té va­cía, im­pre­sio­na. Y te lo di­go por ex­pe­rien­cia pro­pia (ríe). —De los por­te­ros de hoy, ¿quién le gus­ta más? —Oblak es un espectáculo. Y Val­dés tam­bién me gus­ta­ba mu­cho. España siem­pre fue can­te­ra de bue­nos por­te­ros. —Y de 9, co­mo su tío. Por cier­to, ¿le hi­zo al­gu­na vez un gol? —¡No! Con él ju­ga­ba a te­nis. ¿El res­to? Ni de bro­ma. No­so­tros no po­día­mos ju­gar pa­chan­gas. Nos pi­cá­ba­mos mu­cho...

Por­te­ría “Siem­pre me gus­tó ser di­fe­ren­te. Si mi tío era de­lan­te­ro, yo por­te­ro” Cul­tu­ral “El re­sul­ta­do es lo de me­nos. Ju­gar en el Ber­na­béu es..., buah”

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