Tho­mas cre­yó y el Atle­ti es lí­der

Sa­lió en el 72’ y en el 82’ mar­có el gol: fue un go­la­zo Clos Gó­mez no pi­tó un pe­nal­ti de José Ma­ri a Co­rrea Hu­bo tres pa­los: Sa­vic, Ko­ke y Viet­to

AS (Las Palmas) - - ATLÉTICO DE MADRID-LEVANTE - PA­TRI­CIA CAZÓN

Eran las 17:47 y la tar­de se des­ha­cía so­bre el ba­rrio de Ar­gan­zue­la mien­tras los pri­me­ros afi­cio­na­dos lle­ga­ban al Cal­de­rón ra­dio en mano. Y al oí­do: el Atle­ti aca­ba­ba de ga­nar su pri­mer par­ti­do del día, ese que no ju­ga­ba, el Espanyol-Ba­rça que ter­mi­nó 0-0. En un ra­to a los del Cho­lo les to­ca­ría el su­yo, an­te el Le­van­te, y ga­nar­lo sig­ni­fi­ca­ba ser el lí­der de la Li­ga (el Ba­rça tie­ne un par­ti­do me­nos, an­te el Spor­ting, apla­za­do al 17-F). Las otras dos ve­ces que pu­die­ron, pin­cha­ron. La de ayer era la ter­ce­ra. Y fue la ven­ci­da.

Y lo fue por un ju­ga­dor que ha­ce un mes es­ta­ba fue­ra. Un can­te­rano que es gha­nés y se lla­ma Tho­mas Par­tey. Si­meo­ne lo vio en ve­rano y di­jo: “Me lo que­do”. Pe­ro co­men­zó la Li­ga y pa­sa­ban los par­ti­dos y al cha­val siem­pre le to­ca­ba gra­da. En­ton­ces se le­sio­nó Tia­go y, an­te el Espanyol, és­te tu­vo sus pri­me­ros mi­nu­tos. Y ya de­mos­tró to­do lo que ven­dría: to­có el pri­mer ba­lón y se fue a la por­te­ría ri­val co­mo si lle­va­ra en Pri­me­ra to­da la vi­da. Pe­ro ese es su se­cre­to. Que cree que pue­de ha­cer­lo y lo ha­ce. Sin mie­do: en­ca­ra, re­ga­tea y es pu­ra po­ten­cia, pu­ro des­ca­ro. En Va­lle­cas sa­lió del ban­qui­llo y asis­tió. Ayer sa­lía de nue­vo del ban­co. Era el mi­nu­to 72 y la gra­da, que en el cam­bio sil­bó a Jack­son, a él le ova­cio­na­ba. Diez mi­nu­tos des­pués los 48.000 del Cal­de­rón hu­bie­ran sal­ta­do al cés­ped pa­ra sa­car­le a hom­bros. Por­que Tho­mas sa­lió y mar­có el gol del par­ti­do cuan­do más feo se le es­ta­ba po­nien­do al Atlé­ti­co, con el Le­van­te ata­can­do y oca­sio­nes tan cla­ras co­mo la de Xu­me­tra, que sa­có Juan­fran ba­jo pa­los. Pe­ro sa­lió Tho­mas y mar­có el gol de la vic­to­ria. Pre­sio­nó, ro­bó, hi­zo pa­red con Ga­bi y se fue a por Ma­ri­ño di­rec­to, des­ha­cién­do­se de to­da la de­fen­sa del Le­van­te co­mo si fue­ran som­bras inofen­si­vas y no ri­va­les. Dis­pa­ró con la de­re­cha y mar­có (ayu­da­do por el por­te­ro del Le­van­te, to­do hay que de­cir­lo, que la to­có, pe­ro no lo su­fi­cien­te).

Y na­da más mar­car, Tho­mas se fue al cór­ner a ce­le­brar­lo, gol­peán­do­se el es­cu­do y se­ña­lan­do el cés­ped. Aquí cre­yó que po­día que­dar­se. Aquí se que­da. Aquí cre­ce. El Cal­de­rón ex­plo­tó. Por el cha­val y por­que, al fin, el Atlé­ti­co rom­pía en el par­ti­do esa mal­di­ción que le pe­sa y que ayer se le vio más que nun­ca: le cues­ta ho­rro­res ha­cer un gol. No es el cien. Son to­dos. Atrás su de­fen­sa es in­con­tes­ta­ble, un ar­ma­zón, pe­ro de­lan­te es lle­gar al área y sus ju­ga­do­res se cie­gan. Ayer el Cho­lo, in­clu­so, lo bus­có ju­gan­do me­dia ho­ra con tres de­lan­te­ros (Viet­to, Jack­son y Griez­mann) y un hom­bre siem­pre al ata­que co­mo Ca­rras­co pe­ro na­da (de he­cho al qui­tar a Ko­ke su equi­po ju­gó sus peo­res mi­nu­tos). Pe­ro es que, ade­más, el Atlé­ti­co tu­vo tres pa­los, ¡tres!: uno en la pri­me­ra par­te de Sa­vic y dos en la se­gun­da, de Ko­ke y Viet­to. Y Clos Gó­mez de­bió pe­dir­le un ra­to las ga­fas a Tru­ji­llo por­que no vio un pe­nal­ti (que era) de José Ma­ri a Co­rrea. Pe­ro, cla­ro, tal y co­mo es­ta­ba ayer el Atlé­ti­co, una co­sa es que te lo pi­ten y otra que val­ga por­que, pa­ra ello, an­tes tie­nes que me­ter­lo.

Des­de el cór­ner fue des­de don­de más lo bus­có el Atlé­ti­co (lan­zó 10 só­lo en la pri­me­ra par­te) y ca­si siem­pre por la ban­da de Fi­li­pe (ca­da vez a más, ca­da vez me­jor) pe­ro en­tre que Co­rrea en ban­da se di­lu­ye y que Griez­mann no pue­de crear, mo­les­tar, asis­tir, ata­car y go­lear siem­pre (y que a ve­ces se con­fun­de co­mo en el 41’, cuan­do so­lo an­te Ma­ri­ño en vez de dis­pa­rar tra­tó de asis­tir, in­com­pren­si­ble­men­te, a Jack­son) el mar­ca­dor al des­can­so se­guía 0-0. Tam­po­co lo pu­so fá­cil el Le­van­te; nun­ca. La ta­bla di­rá que es co­lis­ta pe­ro se pre­sen­tó en el Cal­de­rón co­mo equi­po ro­co­so y di­fí­cil. Ru­bi sa­lió con tri­vo­te (José Ma­ri-Ver­za-Le­ma) y Mo­ra­les en­con­tró pa­si­llo ha­cia Oblak ca­da vez que Ko­ke iba a pre­sio­nar la sa­li­da del ba­lón. En la pri­me­ra par­te avi­só Ver­za, pe­ro su dis­pa­ro se fue fue­ra. En la se­gun­da, ago­bia­ba has­ta que Tho­mas di­sol­vió el em­pa­te. Así que eran las 22:32, no­che ce­rra­da, cuan­do Clos Gó­mez pi­ta­ba el fi­nal, el Atlé­ti­co era lí­der y el Cal­de­rón te­nía nue­vo ído­lo. Y era él. Tho­mas Par­tey.

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