Los ‘ar­bo­li­tos’ no dan som­bra; el di­no­sau­rio sí

AS (Las Palmas) - - DAKAR 2016 - DIA­RIOS DE MO­TO­CI­CLE­TA

Hay tres fa­ro­les que cuel­gan so­bre la ac­tua­li­dad in­for­ma­ti­va ar­gen­ti­na: las inundaciones en el Li­to­ral, el tri­ple cri­men de Ge­ne­ral Ro­drí­guez y la co­ti­za­ción del dó­lar. “Los es­ta­mos bus­can­do puer­ta por puer­ta, sin des­can­so”, afir­man las fuer­zas de se­gu­ri­dad res­pec­to a los cul­pa­bles. Asun­to tur­bio que sal­pi­ca al Gran Bue­nos Ai­res. Allí es­tá Tec­nó­po­lis, el ho­gar de la familia da­ka­ria­na es­tos días. Te re­ci­be un di­no­sau­rio. En es­te par­que ju­rá­si­co no es­tá Spiel­berg, pe­ro sí La­vig­ne, que ejer­ce de di­rec­tor con la ca­mi­sa más blan­ca de lo que se la po­dre­mos ver las dos pró­xi­mas se­ma­nas. Las la­va­do­ras no co­rren el Dakar. Una vein­tea­ñe­ra, con pier­cings en na­riz y ore­ja, ta­tua­da por ella y por mí, me di­ce que “no aprie­ta el ca­lor”. Pe­ro yo lo no­to, se­rá que los eu­ro­peos aún no nos he­mos qui­ta­do el frío. Se bus­can las som­bras. Un ár­bol. Los ar­bo­li­tos (ti­pos que ofre­cen di­vi­sa ile­gal) que­dan pa­ra la ca­lle Flo­ri­da. “Cam­bio, cam­bio”, te su­su­rran. Ar­bo­li­tos... Lo que en el Dakar ne­ce­si­ta­mos son ár­bo­les. Tam­bién Ed­ward Bar­bier, pi­lo­to sud­afri­cano al que su Ya­maha le fa­lló en el en­la­ce has­ta la pri­me­ra es­pe­cial. Na­da más arran­car. Sus­to. Ti­ro al pa­lo. Arre­gló la ave­ría y aca­bó. Y bus­có la som­bra. Dic­cio­dia­rio: Tru­cho. Fal­so. A las afue­ras de Tec­nó­po­lis, con los co­ches ro­dan­do ha­cia la sa­li­da, al­guno tra­ta­ba de ha­cer su agos­to (que aquí es su enero, ve­rano aus­tral). Ven­día re­me­ras (ca­mi­se­tas) tru­chas (fal­sas) del Dakar, con el tua­reg del lo­go al­go es­cu­chi­mi­za­do y las le­tras cha­tas. Y fin a los pa­rén­te­sis.

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