Be­ní­tez co­gió un avión y se fue ayer a In­gla­te­rra

Vol­ve­rá a en­tre­nar muy pron­to en la Pre­mier

AS (Las Palmas) - - REAL MADRID - POR GUILLÉM BA­LA­GUÉ

Que­da cla­ro que Be­ní­tez no iba a ga­nar nin­gún de­ba­te. Ni el de la des­pe­di­da. Hay quien le cri­ti­ca por no des­pe­dir­se co­mo Dios man­da, pe­ro los que lo ha­cen ol­vi­dan el mo­do en que se en­te­ró de su ce­se, que fue muy po­co ele­gan­te. In­clu­so la fal­ta de em­pa­tía de Flo­ren­tino y del pro­pio Zi­da­ne en la pre­sen­ta­ción de és­te con­fir­ma lo po­co que cuen­tan los en­tre­na­do­res en el club blan­co y, en par­ti­cu­lar, el es­ca­so ca­ri­ño que se le ha da­do a un ma­dri­dis­ta. La vi­da es lar­ga, pe­ro en las mis­mas con­di­cio­nes el Ma­drid aca­ba de per­der un ac­ti­vo, uno de los diez en­tre­na­do­res en ac­ti­vo más lau­rea­dos del mun­do, uno que sa­lió de los cam­pos de en­tre­na­mien­to de La Cas­te­lla­na.

Co­mo pa­ra no es­tar fas­ti­dia­do. Y aún se le pi­de que acep­te su des­tino con re­sig­na­ción cris­tia­na y pon­ga la otra me­ji­lla... ¿Y aho­ra qué? Se ha pro­du­ci­do un efec­to cu­rio­so en el mun­do de la Pre­mier. Ha pa­sa­do de ser un en­tre­na­dor que di­vi­de a la opi­nión pú­bli­ca e in­clu­so a los que to­man de­ci­sio­nes en los clu­bes, a re­ci­bir un men­sa­je ca­si uná­ni­me de apo­yo. La con­clu­sión ge­ne­ra­li­za­da es que el Ma­drid es un crazy club (club lo­co), con un pre­si­den­te que to­ma de­ci­sio­nes a la li­ge­ra y ju­ga­do­res que pien­san más en lo su­yo que en el equi­po, y que 25 par­ti­dos no dan tiem­po pa­ra juz­gar a na­die: que no se le ha de­ja­do tra­ba­jar. Ape­nas tie­ne ami­gos Flo­ren­tino Pé­rez en las Is­las Bri­tá­ni­cas, aun­que des­de aquí no se es­co­ge a los di­ri­gen­tes ma­dri­dis­tas.

Ra­fa, que ayer vo­ló a In­gla­te­rra y ya es­tá en su ca­sa de Wi­rral, quie­re en­tre­nar en la Pre­mier. Es­tu­vo muy cer­ca de fi­char por el West Ham an­tes del Ma­drid, y ne­go­ció en los úl­ti­mos dos años con el Tot­ten­ham y el As­ton Vi­lla, lo que su­gie­re que hoy es­tá dis­pues­to a es­cu­char pro­yec­tos ilu­sio­nan­tes. Su en­torno es­pe­ra re­ci­bir pron­to lla­ma­das de clu­bes in­gle­ses, pe­ro di­jo en su día que no en­tre­na­ría al Ever­ton o al Man­ches­ter Uni­ted. El City cuen­ta con Guar­dio­la y el Chel­sea tie­ne a los mis­mos di­ri­gen­tes que só­lo le qui­sie­ron du­ran­te seis me­ses. En to­do ca­so, su pa­so por el Ma­drid ha re­for­za­do su pro­pues­ta en la Pre­mier y, si qui­sie­ra, po­dría es­tar en­tre­nan­do de nue­vo an­tes del fi­nal de la tem­po­ra­da.

Crí­ti­cas

En las Is­las di­cen que es­te Ma­drid es un ‘crazy club’ (un club lo­co)

EN LA TER­MI­NAL EJE­CU­TI­VA DE BA­RA­JAS. Cua­tro pi­lló a Be­ní­tez lle­gan­do al ae­ro­puer­to (11:45 ho­ras).

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