Pa­re­ce que el Ma­drid lle­gó a que­rer­me, pe­ro co­me­tí un error de ju­ven­tud y lo pa­gué ca­ro”

AS (Las Palmas) - - LA ENTREVISTA -

me­jor fue ga­nar la Co­pa. Y fue an­te el Ath­le­tic de Chu­rru­ca, con el que ha­bía es­ta­do cua­tro años en el Spor­ting y de­be­ría es­tar tres más en el Hér­cu­les. El otro día lo vi, por­que es­tá vi­vien­do en Gi­jón. —¿Le qui­so fi­char el Ma­drid? —El fut­bo­lis­ta era el úl­ti­mo en en­te­rar­se de to­do. Pe­ro al­gún pe­rio­dis­ta me lla­mó pa­ra de­cir­me que sí, que iba muy en se­rio. —¿Qué pa­só? —Si es que ha­bía in­te­rés, co­me­tí una es­tu­pi­dez que pa­gué. Ha­bía en la épo­ca un ac­tor de tea­tro que se lla­ma­ba José Bó­da­lo. Era un gran ma­dri­dis­ta e in­clu­so co­la­bo­ra­ba en el Mar­ca o así. Fui­mos a ju­gar con el Spor­ting al Ber­na­béu y tu­ve la suer­te de me­ter dos go­les. Uno fue el gol 500 del Spor ting en Pri­me­ra. —¿Sí? —Fue un 6 de enero de 1974. Vino Bó­da­lo, no sé si pa­ra mo­les­tar­me o qué, y me di­jo: “Aca­ba de co­men­tar Ber­na­béu que los dos go­les que me­tis­te fue­ron dos chu­rros”. —An­da... —Y yo que era un ni­ño, por­que te­nía 20 años y ya sa­be us­ted có­mo era yo, le di­je: “Pues me pa­re­ce a mí que Ber­na­béu es­tá cho­chean­do ya”. Fí­je­se qué bar­ba­ri­dad. A par­tir de ahí... —Cla­ro. Na­da de na­da... —No sa­be us­ted la pol­va­re­da que aque­llo le­van­tó. En fin, un error de ju­ven­tud. Pi­qué co­mo un ton­to. —¿Le qui­so fi­char al­gún otro gran­de? —Es­tu­ve con el bi­lle­te sa­ca­do pa­ra ir al Va­len­cia. Pe­ro no hu­bo acuer­do. Ha­bía un fut­bo­lis­ta que de­bía ir a Gi­jón y la fi­cha de ese ju­ga­dor era muy ca­ra y le aca­ba­ban de ope­rar de la ro­di­lla... To­tal, que no sa­lió. Ese año me tras­pa­sa­ron al Gra­na­da, al que aca­ba­ba de lle­gar Mi­guel Mu­ñoz. —¡Gran equi­po de la épo­ca! —Dé­se cuen­ta, es­ta­ba Mi­guel Mu­ñoz, que an­tes era el téc­ni­co del Ma­drid. Sí que po­día ha­ber al­go de in­te­rés del Ma­drid en con­tra­tar­me... —¿Có­mo era su re­la­ción con Mi­guel Mu­ñoz? —Pues es­tu­pen­da. Era un ca­chon­do, un fe­nó­meno. —Don Mi­guel Mu­ñoz... —¿Don Mi­guel Mu­ñoz? Por fa­vor, ese hom­bre era un ca­ba­lle­ro. Un tío tran­qui­lo, com­pren­si­vo... Me su­po lle­var muy bien. —Pues ba­ja­ron a Se­gun­da. —Hom­bre tu­vi­mos cua­tro le­sio­nes de gra­ve­dad y ba­ja­mos en el úl­ti­mo par­ti­do. Era un equi­po aquel pa­ra ha­ber que­da­do en­tre los seis pri­me­ros, se­gu­ro. —¿Se arre­pien­te de al­go en su ca­rre­ra? —Creo que no... Yo te­nía un don, una cier­ta ha­bi­li­dad y velocidad. ¿Le va a pe­dir us­ted a Is­co que de­fien­da? Pues de­fen­de­rá un 10% del par­ti­do, no se va a pa­sar to­do el día de­fen­dien­do... Es que es una pe­na des­per­di­ciar así a ju­ga­do­res bue­nos. A mí me que­rían re­ven­tar a de­fen­der. ¡Pues mi­re sí, me arre­pien­to de ha­ber­me gas­ta­do mu­chas ve­ces en de­fen­sa! ¡Que no te­nía que ha­ber­lo he­cho! —No se ca­lien­te. ¿Te­nía muy mal ge­nio co­mo ju­ga­dor? —Tam­bién me da­ban mu­cho. —¿Quién pe­ga­ba más du­ro? —Ha­bía tres o cua­tro... Y los ár­bi­tros per­mi­tían, y mu­cho. —Era otra épo­ca. —Ha­bía un tal San­jo­sé en el Se­vi­lla que da­ba mie­do. Te lan­za­ba unas den­te­lla­das que pa­re­cía un mar­ti­llo. Be­ni­to da­ba mu­cho tam­bién en el Ma­drid, han sal­ta­do chis­pas. Lue­go era un fe­nó­meno. El mis­mo Ca­ma­cho y Chen­do. Y Migueli, en el Ba­rça, cuan­do en­tra­ba al cru­ce era un ca­mión (ri­sas). Ha­bía ju­ga­do­res muy se­rios. Co­mo de­cía Mi­guel Mu­ñoz: “Se­ño­res, us­te­des al lí­mi­te del re­gla­men­to. Lo que per­mi­ta el re­gla­men­to hay que ha­cer­lo”. No eran bue­nos tiem­pos pa­ra los ju­go­nes co­mo yo. Acuér­de­se de Sol­so­na, que era de mi edad. ¡Se fue de Es­pa­ña! Di­jo: “¡Aquí no se pue­de ju­gar oi­ga, aquí te ma­tan!”. Y fue a Fran­cia... —¿Se achan­ta­ba? —¡No hom­bre! Si a mí me ex­pul­sa­ron dos ve­ces por res­pon­der. Cla­ro, si un tío te es­cu­pe a la ca­ra y te lla­ma no sé qué, co­mo hi­zo Na­va­rro las dos ve­ces... Una me pu­sie­ron dos par­ti­dos, la otra cua­tro por reincidente (ri­sas). Era un la­te­ral que te­nía el Cel­ta que es­ta­ba me­dio... En fin, no me­re­ce la pe­na. —¿Cuál fue su me­jor gol? —No sé... Me acuer­do mu­cho de uno, el de mi de­but con Es­pa­ña an­te Es­co­cia. ¡De ca­be­za! Y mi­re que la te­nía só­lo pa­ra pen­sar, y po­co (ri­sas).

Me pe­ga­ban mu­cho; ha­bía ju­ga­do­res muy se­rios: San­jo­sé, Be­ni­to, Na­va­rro...”

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