El tem­po­ral fue Griez­mann

El Atlé­ti­co cie­rra la pri­me­ra vuel­ta con 44 pun­tos, lí­der y cam­peón de in­vierno Mar­ca­ron el fran­cés y Ca­rras­co Ba­laí­dos pi­tó a Au­gus­to Gran Viet­to

AS (Las Palmas) - - CELTA-ATLÉTICO DE MADRID - P ATRICIA C AZÓN

E ra el par­ti­do de Au­gus­to pe­ro fue el de Griez­mann. Exis­ten 70 ma­ne­ras de lla­mar a la llu­via en ga­lle­go y ayer mu­chas de ellas ca­ye­ron so­bre Vi­go. Por­que llo­ver, llo­vió to­do el do­min­go. A ra­tos, froa­llo , chu­vis­ca o, lo que es lo mis­mo, llu­via fina. A ra­tos, po­ten­te cha­pa­rra­da . Pe­ro, jus­to cuan­do em­pe­zó el par­ti­do se apa­gó la llu­via y co­men­zó otra tor­men­ta, la que so­bre el cés­ped desató An­toi­ne Griez­mann. Fue un to­rren­te de fút­bol que aho­gó al Cel­ta. El de Griez­mann y el Atlé­ti­co al que, por cier­to, pue­den lla­mar tam­bién cam­peón de in­vierno.

La im­por­tan­cia de Griez­mann en es­te equi­po lo cuen­tan dos imá­ge­nes, las dos de los go­les. El pri­me­ro na­ció de una trian­gu­la­ción su­ya con Ko­ke y Viet­to. En el se­gun­do, Ca­rras­co mar­có y lo pri­me­ro que hi­zo fue bus­car­le pa­ra ce­le­brar­lo. Pe­ro que Griez­mann es sos­tén de es­te Atlé­ti­co ya se sa­bía. Lo que des­cu­brió el par­ti­do de ayer es que ya tie­ne com­pa­ñe­ro arri­ba. Se lla­ma Lu­ciano, se ape­lli­da Viet­to y, como él, ha ne­ce­si­ta­do seis me­ses pa­ra ha­cer­se al Atlé­ti­co. Pe­ro ya lo es­tá. He­cho. Cua­ja­do. Aco­pla­do, al fí­si­co que im­po­ne el Pro­fe Or­te­ga , al jue­go del Cho­lo. Se le ha pues­to, in­clu­so, has­ta ca­ra de ma­yor. El de­ba­te del 9 del Atlé­ti­co, de mo­men­to, se ha ter­mi­na­do. Ar­gen­tino y fran­cés se en­tien­den de mie­do. Ca­si sin mi­rar­se uno sa­be don­de es­tá el otro. Y les gus­ta ju­gar a lo mis­mo, fút­bol al pri­mer to­que, rá­pi­do y ver­ti­cal. Así fue el pri­mer gol del Atlé­ti­co: Ko­ke bus­ca a Griez­mann que, a su vez, se apo­ya en Viet­to. En un vis­to y no vis­to, el ar­gen­tino le de­vuel­ve el ba­lón pa­ra que és­te la em­pu­je, con la iz­quier­da, a la red. Go­la­zo. Lo me­re­cía el Atlé­ti­co. Lo bus­ca­ba des­de ha­cía mu­chos mi­nu­tos, due­ño y se­ñor del par­ti­do. Con ba­lón, sin él y, so­bre to­do, con una razón in­con­tes­ta­ble: buen fút­bol.

Era el mi­nu­to 48’ y Griez­mann le ro­ba­ba así to­do el pro­ta­go­nis­mo a la llu­via y a Au­gus­to al que Ba­laí­dos pi­tó des­de la pri­me­ra vez que su nom­bre so­nó en los al­ta­vo­ces. Ya lo es­cri­bió Ne­ru­da: “No­so­tros, los de en­ton­ces, ya no so­mos los mis­mos”. Y Au­gus­to ya no es aquel ca­pi­tán del Cel­ta que, ha­ce 11 días, se des­pe­día bra­zo en al­to y emo­ción en los ojos de esa gra­da y ese cam­po. Ayer vol­vía y ya no es Au­gus­to el del Cel­ta. Aho­ra es el Au­gus­to del Atlé­ti­co. Y, aunque di­gan que se ne­ce­si­tan al me­nos 21 días pa­ra con­ver­tir en un há­bi­to una ten­den­cia, a Au­gus­to le bas­ta­ron 56 mi­nu­tos en Va­lle­cas pa­ra con­ver­tir­se en gue­rre­ro del Cho­lo. Pa­ra dis­gus­to de Be­riz­zo, por cier­to.

Por­que no tie­ne to­da­vía sus­ti­tu­to pa­ra Au­gus­to, pe­ro lo que pa­re­ce se­gu­ro es que Ra­do­ja no lo se­rá. Ayer ju­gó 73 mi­nu­tos y en nin­gún mo­men­to la pe­lo­ta le qui­so. Ni cuan­do el Cel­ta la tu­vo ni cuan­do no. Lo pri­me­ro du­ró 20 mi­nu­tos. Ese fue el tiem­po que al Atlé­ti­co le cos­tó que sus cua­tro me­dio­cen­tros (Ga­bi, Au­gus­to, Saúl y Ko­ke) se hi­cie­ran con el con­trol. Al­bo­ro­ta­ban Ore­lla­na y Wass, pe­ro reac­cio­nó el Cho­lo y des­hi­zo su di­bu­jo, co­lo­can­do a Au­gus­to como si fue­ra Tia­go y, por de­lan­te, a Ga­bi y Ko­ke. Saúl co­men­zó a ju­gar más li­bre, de in­te­rior-ex­tre­mo, y la ban­da de­re­cha fue to­da pa­ra Juan­fran. Voi­là . Me­jo­ró Ko­ke, me­jo­ra­ron todos. Y la con­fir­ma­ción lle­gó jus­to des­pués del des­can­so, con el gol de Griez­mann. In­ten­tó la ré­pli­ca dos mi­nu­tos des­pués Bon­gon­da, pe­ro su dis­pa­ro se to­pó con la mano de Oblak. Fue la úni­ca oca­sión real del Cel­ta en un par­ti­do en el que ter­mi­nó des­he­cho, como un car­tón ba­jo la llu­via. Una llu­via que caía in­ten­sa cuan­do sa­lió Ca­rras­co, quien 25 mi­nu­tos des­pués ha­cía el se­gun­do. Y es el Atlé­ti­co ayer no es­pe­ró al fi­nal pa­ra sen­ten­ciar. Co­sas del cam­peón de in­vierno. La úl­ti­ma vez que el Atlé­ti­co lo fue, por cier­to, era 1996. Lo que vino en ma­yo se sa­be. Y es his­to­ria ro­ji­blan­ca.

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