El Cel­ta re­nun­ció a su re­bel­día

AS (Las Palmas) - - CELTA-ATLÉTICO DE MADRID - CLE­MEN­TE G ARRIDO

El Cel­ta no fue ayer el Cel­ta. Es evi­den­te que, por plan­ti­lla, el re­sul­ta­do no sor­pren­de a na­die, pe­ro por Ba­laí­dos ya pa­sa­ron es­ta tem­po­ra­da Bar­ce­lo­na y Real Ma­drid y en am­bos ca­sos los de Be­riz­zo ava­sa­lla­ron por jue­go a los otros dos gran­des de la Li­ga . Go­lea­ron a los cu­lés en una no­che má­gi­ca y ob­tu­vie­ron una dul­ce de­rro­ta con­tra los blan­cos. Es­ta vez fue di­fe­ren­te. El Atlé­ti­co im­pu­so su es­ti­lo des­de el prin­ci­pio, blo­quean­do to­das las ideas de los olí­vi­cos en ata­que. Ore­lla­na de­jó al­gu­nos de­ta­lles téc­ni­cos, pe­ro nun­ca en­con­tra­ba la so­lu­ción des­pués del ca­ño. Fal­tó mu­cha ins­pi­ra­ción. Fal­tó un plan. Fal­tó reac­ción des­de el ban­qui­llo. Pa­re­cían re­sig­na­dos a asu­mir que el pez gran­de se co­me­ría al chi­co.

No hu­bo una ma­ni­fes­ta­ción de re­bel­día como en otras oca­sio­nes. En es­te ti­po de par­ti­dos no se le pue­de exi­gir al Cel­ta una vic­to­ria, pe­ro sí una ex­hi­bi­ción de su es­ti­lo, una de­fen­sa de la idea que tan bue­nos ré­di­tos le es­tá dan­do. Be­riz­zo tam­po­co es­tu­vo há­bil des­de el ban­qui­llo. Has­ta aho­ra siem­pre le ha­bía ga­na­do la par­ti­da a Si­meo­ne . Ayer el Cho­lo se ven­gó de su com­pa­trio­ta. No es ami­go el To­to de rea­li­zar cam­bios tem­pra­ne­ros, pe­ro ayer fue ca­si un ac­to de to­zu­dez. El equi­po es­ta­ba ro­to, como se vio en el se­gun­do gol, y ne­ce­si­ta­ba oxí­geno. Di­cho es­to, gran pri­me­ra vuel­ta.

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