La afi­ción equi­li­bra­rá las fuer­zas

AS (Las Palmas) - - LAS PALMAS-ATLÉTICO DE MADRID - DIE­GO FÉ­LIX

Si el fút­bol son es­ta­dos de áni­mo, tal y como di­jo Jor­ge Val­dano, Las

Pal­mas y Atlé­ti­co de Ma­drid par­ten con las mis­mas po­si­bi­li­da­des de su­mar los tres pun­tos. Los col­cho­ne­ros man­dan en la ta­bla y son un equi­po te­mi­ble. Ga­nan a gran­des y pe­que­ños por­que jue­gan de la mis­ma ma­ne­ra, sin con­tem­pla­cio­nes y sin con­fiar­se, sin mi­rar el DNI. A todos los equi­pos les gus­ta­ría te­ner ese es­pí­ri­tu que ha im­pri­mi­do su téc­ni­co. Pe­ro Las Pal­mas cuen­ta con el fac­tor cam­po. Y es­ta vez, es un fac­tor más que re­le­van­te. El lle­na­zo en el Es­ta­dio de

Gran Ca­na­ria se­rá his­tó­ri­co y los fut­bo­lis­tas po­drán sen­tir el alien­to, ca­si li­te­ral­men­te, de los afi­cio­na­dos. Por eso, si el fút­bol es un es­ta­do de áni­mo, los ama­ri­llos pue­den dar la sor­pre­sa por­que es­ta­rán arro­pa­dos por 30.000 per­so­nas, em­pu­jan­do en ca­da ju­ga­da, ca­da ba­lón.

La con­tra­par­ti­da se pu­do ver el año pa­sa­do, con el as­cen­so. Los lle­na­zos no sen­ta­ban na­da bien al equi­po. Ca­da vez que ha­bía una ci­ta im­por­tan­te, se veía la peor ver­sión de los ama­ri­llos. Su­ce­dió de­ma­sia­das ve­ces, a ca­si los mis­mos ju­ga­do­res. La di­fe­ren­cia es­te año es que ya no hay pre­sión por ga­nar todos los par­ti­dos; sí res­pon­sa­bi­li­dad de in­ten­tar­lo. Es un pe­so que un equi­po re­cién as­cen­di­do no tie­ne que car­gar. Las Pal­mas plan­ta­rá ca­ra al Atle­ti, y do­mi­na­rá fa­ses del jue­go, pe­ro no sé has­ta qué pun­to se­rá por­que los del Cho­lo

Si­me­ro­ne así lo quie­ran. De cual­quier ma­ne­ra, se as­cen­dió pa­ra vi­vir y dis­fru­tar de es­tos par­ti­dos, que son los que suben los áni­mos.

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