Ja­mes: dos obras de ar­te an­te el Be­tis

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AS (Las Palmas) - - BETIS-REAL MADRID - POR TO­MÁS RONCERO

ElBer­na­béu tie­ne un ca­ri­ño es­pe­cial por Ja­mes des­de que lle­gó en el ve­rano de 2014. La tem­po­ra­da pa­sa­da de­jó su se­llo de oro con 17 go­les y 18 asis­ten­cias. Su zur­da es un guan­te de se­da y el per­so­nal re­cuer­da tar­des glo­rio­sas como la del Má­la­ga, en la que sal­vó los tres pun­tos con un go­la­zo le­jano que do­bló las ma­nos de Ka­me­ni.

Pe­ro es­te año se le ha tor­ci­do to­do. In­clu­so, arran­có la Li­ga en El Mo­li­nón como su­plen­te. Eso sí, una semana des­pués ( 29 de agos­to) nos re­ga­ló en el Ber­na­béu una ac­tua­ción pro­di­gio­sa an­te el mis­mo ri­val al que se en­fren­ta­rán ma­ña­na los blan­cos: el Be­tis. Ja­mes fue ti­tu­lar en un on­ce cal­ca­do al que dos me­ses des­pués ali­neó Be­ní­tez en el Clá­si­co an­te el Bar­ce­lo­na.

An­te los bé­ti­cos, el co­lom­biano sa­có el ta­rro de las esen- cias y se reivin­di­có con dos go­la­zos de genio. El pri­me­ro, que su­po­nía el 2-0, fue una fal­ta la­te­ral a tres me­tros del área. Le me­tió una ros­ca en­de­mo­nia­da al ba­lón que su­pe­ró a Adán en el pa­lo lar­go, como se di­ce po­pu­lar­men­te. La cur­va que di­bu­jó el es­fé­ri­co fue de di­se­ño.

Su do­ble­te se com­ple­tó con el gol que su­po­nía el 4- 0. Él mis­mo se lo fa­bri­có. Re­ci­bió la pe­lo­ta den­tro del área bé­ti­ca, la pi­có ha­cia arri­ba de es­pal­das a la por­te­ría y se in­ven­tó una chi­le­na que su­pu­so el 4-0 en el mar­ca­dor y el de­li­rio to­tal en el Ber­na­béu. Dos go­la­zos a la al­tu­ra de un fu­tu­ro Ba­lón de Oro. Re­cuer­do que Luis Nieto ti­tu­ló en su crónica “El in­ne­go­cia­ble es Ja­mes”.

En aque­lla no­che de lu­ces (qui­zás la más fe­liz y com­ple­ta de la era Be­ní­tez) na­die fil­tró que es­tu­vie­ra con so­bre­pe­so ni eran no­ti­cia sus per­se­cu­cio­nes po­li­cia­les por vo­lar a 200 por ho­ra por las ra­dia­les de Ma­drid. Ja­mes in­ten­ta­ba re­cla­mar el si­tio que le con­ce­dió, con to­da jus­ti­cia, An­ce­lot­ti.

El des­tino ha que­ri­do que es­te do­min­go, en el Be­ni­to Vi­lla­ma­rín, pu­die­ra re­cu­pe­rar la ti­tu­la­ri­dad per­di­da an­te ese Be­tis que tan bue­nos re­cuer­dos le trae. En reali­dad, sus úni­cos bue­nos re­cuer­dos de su par­ti­cu­lar an­nus ho­rri­bi­lis...

LA CHI­LE­NA DEL CO­LOM­BIANO. Ja­mes se la ha­bi­li­tó y la dio de lleno.

FAL­TA CON PO­CO ÁN­GU­LO. Des­de el la­te­ral di­bu­jó es­ta gran ros­ca.

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