Es­pa­ña es la úni­ca que re­pi­te en se­mi­fi­na­les

De­rro­tó a Ru­sia con apu­ros en una jornada de gran­des sor­pre­sas

AS (Las Palmas) - - MÁS DEPORTE -

El Eu­ro­peo ter­mi­nó la fa­se de li­gui­llas con una cas­ca­da de sor­pre­sas: per­die­ron y que­da­ron eli­mi­na­das las fi­na­lis­tas de ha­ce dos años, Fran­cia y Di­na­mar­ca. Ale­ma­nia obli­gó a la Se­lec­ción a ga­nar y Croa­cia, pró­xi­ma ri­val, rom­pió la ló­gi­ca.

Si la apa­rien­cia era que la jornada del mar­tes ha­bía si­do es­pe­cial y con un sus­pen­se ca­si mor­bo­so, lo de ayer rom­pió to­das la ex­pec­ta­ti­vas de los afi­cio­na­dos al ba­lon­mano: Ale­ma­nia ga­nó a Di­na­mar­ca, con lo que Es­pa­ña aca­bó por se­pul­tar a los da­ne­ses al ven­cer a Ru­sia en un par­ti­do tre­pi­dan­te por los ner­vios. No era to­do: en el otro gru­po No­rue­ga de­rro­tó a Fran­cia, a la que só­lo le que­da­ba la op­ción de que Croa­cia, que ca­si no con­ta­ba, ga­na­se por cua­tro go­les a Po­lo­nia, pa­ra ade­lan­tar a los po­la­cos; pe­ro los croa­tas apa­bu­lla­ron al an­fi trión ( 23- 37) y re­ba­sa­ron por la de­re­cha a los ga­los, eli­mi­na­dos como los da­ne­ses. Se que­dan fue­ra de las se­mi­fi­na­les los úl­ti­mos fi­na­lis­tas. Só­lo Es­pa­ña re­pi­te.

La Se­lec­ción, que sa­bía que te­nía que de­bía ga­nar, por­que no te­nía otra op­ción, arran­có con du­das, ner­vios y un tan­to es­pe­sa. Guar­dio­la lle­gó a tiem­po pa­ra ju­gar, y re­for­zar la de­fen­sa en 6-0. Fue un va­lla­dar, con re­cu­pe­ra­cio­nes de ba­lón im­por­tan­tes, por­que por fin co­rrió la Se­lec­ción (sie­te go­les de con­tra­gol­pe), y en el día en que la pri­me­ra lí­nea es­tu­vo muy re­mi­sa, los tan­tos en ge­ne­ral lle­ga­ron de la mano de los ex­tre­mos, de Va­le­ro Ri­ve­ra y de Víc­tor To­más. Me­jo­ría. Tras una pri­me­ra mi­tad a re­mol­que, en el ini­cio de la se­gun­da por fin se to­mó una ven­ta­ja que ya no se per­de­ría.

Ru­sia se fue en­co­gien­do, y por mo­men­tos só­lo la sal­va­ba su por­te­ro, tan acer­ta­do como Ster­bik en Es­pa­ña. Cuan­do Bae­na vol­vió al ban­qui­llo, el an­da­luz ha­bía he­cho un gran tra­ba­jo como re­em­pla­zo de Agi­na­gal­de: no mar­có ni un gol, pe­ro ha­bía for­za­do cin­co pe­nal­tis pa­ra que los mar­ca­se Va­le­ro Ri­ve­ra.

Es­pa­ña lle­gó al mi­nu­to 50 con una ven­ta­ja pa­ra so­ñar con un fi­nal tran­qui­lo, a la vez que vo­la­ban las no­ti­cias de la go­lea­da de Croa­cia, con lo que se pa­só de pen­sar en Po­lo­nia o Fran­cia en la se­mi­fi­nal, a ver a los croa­tas, que gol­pea­ban con sa­ña en Cra­co­via. En eso se pa­ró el ata­que, se vi­vió de la de­fen­sa, y se en­ca­jó un 1-4 que ame­na­za­ba un pe­li­gro que no se con­su­mó.

ALE­GRÍA ES­PA­ÑO­LA. La Se­lec­ción ce­le­bró así la se­mi­fi­nal, en el tra­di­cio­nal sel­fie de Agi­na­gal­de.

EN­RI­QUE OJE­DA

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