Fle­cha de Griez­mann a Zi­da­ne

AS (Las Palmas) - - REAL MADRID-ATLÉTICO DE MADRID - PATRICIA CA­ZÓN

Mien­tras que­de alien­to, mien­tras que­de es­pe­ran­za, mien­tras que­den mi­nu­tos hay que creer en es­te Atle­ti. No ha­cer­lo se­ría de lo­cos. O de in­cons­cien­tes. El der­bi de ayer se­ría un buen ar­gu­men­to, pe­ro bas­ta con mi­rar a su ban­qui­llo y ver a Si­meo­ne. Hu­bo quien no lo hi­zo. Hu­bo quien du­dó. Se ha­bla­ba del can­san­cio, de ese vue­lo que ate­rri­zó en

Ma­drid de Ho­lan­da el jue­ves a las seis de la ma­ña­na, del bar­be­cho de Griez­mann o del de­sier­to en el gol. Y fue Gu­ti, en­ci­ma, y le echó ga­so­li­na. “Nin­gún fut­bo­lis­ta del Atlé­ti­co po­dría ju­gar en el Ma­drid. En mi épo­ca un der­bi era un par­ti­do fá­cil”, de­cía, pe­ro la reali­dad es que sus bo­tas ha­ce años que cuel­gan y, en­tre su épo­ca y la de aho­ra, ese hom­bre que ayer ves­tía de ne­gro en el ban­qui­llo vi­si­tan­te le ha da­do la vuel­ta a la his­to­ria.

Por­que ayer el Cho­lo vol­vió a ha­cer­lo. Des­ar­bo­lar al Ma­drid en su cam­po, con 13 gue­rre­ros que uno ya tam­po­co po­dría ima­gi­nar­se sin otra ca­mi­se­ta que la ro­ji­blan­ca. Por­que allá don­de hay can­san­cio ellos, los ro­ji­blan­cos, siem­pre le po­nen épi­ca. Y qué be­llo re­sul­ta ver­les ha­cer­lo. Ayer los guan­tes de Oblak, Au­gus­to ( so-ber

bio) y la ca­pa de Griez­mann es­pan­ta­ron las du­das. Vol­vió a po­nér­se­la el fran­cés el día que de­bía, cuan­do su equi­po más lo ne­ce­si­ta­ba, an­te quien fue­ra su es­pe­jo. Cu­rio­so. Si ha­ce diez años, Gri­zi, en uno de sus pri­me­ros par­ti­dos como re­co­ge­pe­lo­tas de la Real le pi­dió a

Zi­da­ne su pan­ta­lón (lo guar­da como un te­so­ro en su mu­seo de Ma­con), ayer el hom­bre en que se ha con­ver­ti­do aquel ni­ño ma­tó al ído­lo. Le bas­tó una fle­cha: la dis­pa­ró con la iz­quier­da, di­rec­ta al co­ra­zón.

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