“Es in­creí­ble que no ten­ga el Prín­ci­pe de As­tu­rias”

A Jorge Martínez ‘Aspar’, gran ri­val y ami­go del cam­peo­ní­si­mo, le sor­pren­de que el ‘Maes­tro’ se ha­ya ido de es­te mun­do sin te­ner­lo

AS (Las Palmas) - - Motor -

—Si al­guien en es­te mun­do co­no­cía a Nie­to era us­ted. —Sí, no ca­be du­da. La pri­me­ra vez que com­pe­tí con­tra Án­gel fue en 1981 en Mer­ca Je­rez. Yo iba dan­do la vi­da de­trás de él. Lle­gó a una fre­na­da y de­bió pen­sar ‘se va a en­te­rar el niño és­te’. Se que­dó aga­cha­do fre­nan­do mien­tras yo es­pe­ra­ba que se le­van­ta­ra pa­ra fre­nar, pe­ro no se le­van­ta­ba y me fui con­tra las ba­las de pa­ja... Lue­go, yo es­ta­ba en la car­pa arre­glan­do la mo­to con Ri­car­do Tor­mo y vino y cuan­do me vio, me di­jo muy se­rio: “Niño, ¿tú no sa­bes que no pue­des ir así, que te vas a ha­cer da­ño?” Y yo pen­sa­ba: me ha he­cho una pu­tada, ca­si me doy una os­tia y en­ci­ma vie­ne a echar­me la bron­ca... (Son­ri­sas). —¿Có­mo era?

—Án­gel era úni­co. Era el tío más lis­to en­ci­ma de una mo­to, bueno, y tam­bién cuan­do se ba­ja­ba de la mo­to. —¿Fue me­jor pi­lo­to o per­so­na?

—Es di­fí­cil de de­cir. Co­mo pi­lo­to no era el más rá­pi­do y no

tu­vo nin­gún pro­ble­ma en re­co­no­cer­lo. Pe­ro lue­go no te­nían ni su in­te­li­gen­cia ni su pi­car­día. Se ro­dea­ba de los me­jo­res, se es­tu­dia­ba a los ri­va­les, los po­nía ner­vio­sos, les to­ca­ba... un mon­tón de co­sas que aho­ra no se ha­cen. —¿Se po­dría de­cir que fue us­ted el que ju­bi­ló a Nie­to?

—Sin du­da, el pro­pio Án­gel lo con­ta­ba. Yo lle­go al Mun­dial en 1986 y gano mi pri­mer tí­tu­lo y se re­ti­ra Án­gel Nie­to. Que en la úl­ti­ma ca­rre­ra de su vi­da me man­da­ra a ‘An­dreuet’ y a San­ti Ra­bas­sa pa­ra que yo le de­ja­ra ga­nar. Yo le di­je que pa­ra eso ten­dría que ha­ber ve­ni­do él, por­que es­tá­ba­mos pi­ca­dos. Aho­ra lo ves y pien­sas: ‘Os­tras, por qué no le de­jé ga­nar su úl­ti­ma ca­rre­ra’. —Sus en­fa­dos siem­pre aca­ba­ban en re­con­ci­lia­ción. Les re­sul­ta­ba fá­cil ha­cer las pa­ces... —Sí, sí. Yo a Án­gel siem­pre le he te­ni­do un ca­ri­ño, un res­pe­to y una ad­mi­ra­ción bru­tal. Es la ver­dad. To­da mi vi­da. —¿Qué re­cuer­do le que­da de él a ni­vel hu­mano? —Mu­chí­si­mas co­sas... Es­te año, el do­min­go de Je­rez, nos fui­mos a ce­nar con su es­po­sa y la mía. Lo hi­ce con la idea de fi­char­le pa­ra mi equi­po y él me di­jo que que­ría em­pe­zar a dar un pa­so a un la­do y no te­ner obli­ga­cio­nes. Esa no­che fue muy bo­ni­ta. Ha­bla­mos de mu­chas co­sas y es di­fí­cil. —¿Qué tie­ne que de­cir­le a los se­ño­res que vo­tan el Pre­mio Prín­ci­pe de As­tu­rias? —Que no tie­nen ver­güen­za, que es in­creí­ble que un 12+1 ve­ces cam­peón del mun­do, 24 ve­ces cam­peón de Es­pa­ña y un pio­ne­ro ab­so­lu­to, español, no ten­ga el Prín­ci­pe de As­tu­rias. Es in­creí­ble. No se lo pue­de creer na­die. —Tam­po­co que­re­mos que se lo den aho­ra a tí­tu­lo pós­tu­mo.

—Yo aho­ra me ne­ga­ría.

—Él siem­pre de­cía que su Prín­ci­pe de As­tu­rias era el ca­ri­ño del pue­blo. —Y es la ver­dad. Era una per­so­na muy que­ri­da. No ha ne­ga­do una fo­to o un au­tó­gra­fo. Eran co­sas que yo veía y apren­día de él. —M. CH.

MA­YO 2000. Án­gel Nie­to y Martínez Aspar po­san an­tes de la fi­nal de la Cham­pions en­tre Ma­drid y Va­len­cia.

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