So­bre la im­por­tan­cia so­cial del fút­bol

AS (Las Palmas) - - Tema Del Día - ALFREDO RE­LA­ÑO

Mi ma­dre de­tes­ta­ba el fút­bol. Dios la pu­so a prue­ba con un ma­ri­do al que sí le gus­ta­ba (le gus­ta­ba to­do, en reali­dad) y ha­cién­do­le criar en Ma­drid dos hi­jos y una hi­ja, en los años de Di Sté­fano, Pus­kas y Gen­to. El fút­bol in­va­día las co­mi­das y las ce­nas, pa­ra su des­con­sue­lo. Cuan­do lle­gó el te­le­vi­sor, el par­ti­do se­ma­nal que en­ton­ces se ofre­cía le pa­re­ció una in­va­sión ile­gí­ti­ma en la in­ti­mi­dad del ho­gar. Siem­pre di­jo que aque­llo no te­nía sen­ti­do, que es­ta­ba des­fa­sa­do, que se des­hin­cha­ría. Si hoy vi­vie­ra, con fút­bol a to­das ho­ras in­clui­da la mi­tad de to­dos los te­le­dia­rios, no sé qué ha­ría. Al me­nos le to­có ir­se en tiem­pos fut­bo­lís­ti­ca­men­te no tan des­afo­ra­dos. La he re­cor­da­do aho­ra, con los 222 mi­llo­nes de Ney­mar, que pul­ve­ri­zan el ré­cord an­te­rior, los 120 de Pog­ba, que só­lo ha du­ra­do un año. Es­te vino a ba­tir el de Ba­le, que du­ró dos, tras re­ba­sar por cen­tí­me­tros el de los 96 de Cris­tiano Ro­nal­do, que ha­bía per­ma­ne­ci­do vi­gen­te du­ran­te seis. Es­tos 222 que ha pa­ga­do Nas­ser Al Khe­lai­fi (no Nas­ser Al Tha­ni, co­mo por des­cui­do im­per­do­na­ble le ci­té ayer en es­ta co­lum­na en la edi­ción de pa­pel) du­pli­can lar­ga­men­te el cos­to de Pog­ba. Co­mo de­cía mi ma­dre, ¿a dón­de va­mos a ir a pa­rar? Na­die lo sa­be. El fút­bol se ha apo­de­ra­do del es­ce­na­rio, ha ad­qui­ri­do una im­por­tan­cia eco­nó­mi­ca y so­cial im­pre­vis­ta. Tras el aten­ta­do del ISIS en Pa­rís, el ac­to de reivin­di­ca­ción de la vie­ja Eu­ro­pa y su es­ti­lo de vi­da fren­te a esa bar­ba­rie no fue una ópe­ra, ni un con­cier­to de rock, ni un gran ac­to re­li­gio­so o po­lí­ti­co. Fue un In­gla­te­rra-Fran­cia en Wem­bley, don­de so­nó la Mar­se­lle­sa, y el prín­ci­pe Gui­ller­mo hi­zo una ofren­da flo­ral con los se­lec­cio­na­do­res Hodg­son y Des­champs. Aho­ra el PSG pa­ga 222 mi­llo­nes por­que un pe­que­ño pe­ro muy ri­co país, Qa­tar, ha es­co­gi­do el fút­bol pa­ra dar­se a co­no­cer y a res­pe­tar en el mun­do. Y Es­ta­dos Uni­dos in­vi­ta a Ma­drid y Ba­rça a ju­gar allí su Clá­si­co. La im­por­tan­cia so­cial del fút­bol no se pue­de ig­no­rar. Y a mí me agra­da, aho­ra que no me oye mi ma­dre.

“...UN INGLATERRAFRANCIA EN WEM­BLEY DON­DE SO­NÓ LA MAR­SE­LLE­SA...”

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