Bél­gi­ca - Spa-Fran­cor­champs

Auto Bild extra F1 - - SUMARIO -

Hay muy po­cos pi­lo­tos en el mun­do que te ha­blen mal del cir­cui­to de Spa. Es­ta ser­pien­te de as­fal­to na­ció en­tre los fron­do­sos bos­ques de las Ár­de­nas en el pri­mer ter­cio del si­glo XX. Nor­mal­men­te, eran pro­yec­tos por los que las au­to­ri­da­des lo­ca­les apos­ta­ban pa­ra in­ten­tar re­flo­tar la economía de las zo­nas que vi­vían de la in­dus­tria de la ma­de­ra y que, por aquel en­ton­ces, em­pe­za­ron a per­der par­te de su ne­go­cio. Mon­tar un cir­cui- to en 1922 en aquel in­hós­pi­to valle re­sul­tó ser una bue­na idea pa­ra atraer gen­te, y Spa-Fran­cor­champs se pu­so pron­to en el ma­pa del au­to­mo­vi­lis­mo mun­dial. Des­de en­ton­ces, es uno de los san­tua­rios de las ca­rre­ras de co­ches, in­clui­da la Fór­mu­la 1, que ha fal­ta­do a su ci­ta en muy po­cas oca­sio­nes.

Lo cier­to es que la te­le­vi­sión no ha­ce jus­ti­cia a es­te pa­ra­je na­tu­ral de­di­ca­do a las ca­rre­ras. En directo, es impresionante ob­ser­var có­mo la pis­ta sube y ba­ja a tra­vés del valle rom­pien­do la ho­mo­ge­nei­dad del bos­que. So­bre­co­ge, pe­ro no tan­to co­mo la mí­ti­ca ba­ja­da a Eau Rou­ge ( Agua Ro­ja) cur­va por ex­ce­len­cia de es­te cir­cui­to que de­be su nom­bre a dos le­yen­das: por un la­do, la caí­da de la ho­ja que ti­ñe el sue­lo de co­lo­res ocres, y por otra, mu­cho más trá­gi­ca, por la san­gre que lle­ga­ba al riachuelo del fon­do del valle.

Asi­mis­mo, gran par­te de la ma­gia de es­te cir­cui­to re­cae en su im­pre­vi­si­ble mi­cro­cli­ma, con el que es po­si­ble que ama­nez­ca con una nie­bla ce­rra­da, sal­ga el sol mi­nu­tos des­pués y aca­be ca­yen­do una gran tor­men­ta an­tes de ter­mi­nar la ma­ña­na.

Con to­dos es­tos in­gre­dien­tes, no es de ex­tra­ñar que el GP de Bél­gi­ca sea una de las gran­des ca­rre­ras del ca­len­da­rio. Ade­más, des­de ha­ce unos años, es la pri­me­ra prue­ba tras el pa­rón de las va­ca­cio­nes de agos­to, lo que en­tra­ña cier­to mis­te­rio de ca­ra a ver có­mo em­pie­zan los equi­pos la se­gun­da mi­tad del cur­so.

Iz­quier­da: fue la pri­me­ra ca­rre­ra del año en la que Ki­mi (4º) aca­bó por de­lan­te de Alon­so (7º). Arri­ba: Lot­te­rer, el cam­peón de Le Mans, co­rrió con Ca­ter­ham

El pad­dock de la Fór­mu­la

1 tam­bién se su­mó al mo­vi­mien­to so­li­da­rio que

re­vo­lu­cio­nó el pa­sa­do ve­rano. Los cu­bos de hie­lo en be­ne­fi­cio de la es­cle­ro­sis la­te­ral amio­tró­fi­ca (ELA)

tam­bién ca­ye­ron so­bre pi­lo­tos y je­fes de Equi­po en la pri­me­ra ca­rre­ra tras el pa­rón de las va­ca­cio­nes de agos­to. Ric­ciar­do, ade­más, ce­le­bró así

su vic­to­ria En la edi­ción de 1968, el bri­tá­ni­co Bru­ce McLa­ren cum­plía uno de sus ma­yo­res sue­ños y lo­gra­ba ga­nar su cuar­ta (y úl­ti­ma) ca­rre­ra de F1 pi­lo­tan­do uno de sus pro­pios co­ches

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