“El rit­mo de los coches de arri­ba es muy al­to”

AUTOhebdo SPORT - - NACIONAL DE TIERRA -

Siem­pre es un pla­cer en­con­trar­se con el pi­lo­to an­do­rrano, sea den­tro o fue­ra del co­che. En su Gran­de Pun­to S2000 el rit­mo es fre­né­ti­co, pe­ro fue­ra, con la tran­qui­li­dad que da ha­ber ter­mi­na­do el rall­ye, hay mil te­mas de los que se pue­de ha­blar con es­te in­tré­pi­do aman­te de la ve­lo­ci­dad.

Cita do­ble en la Ba­ja. Es­ta es una ca­rre­ra es­pe­cial, ¿ver­dad?

La ver­dad es que ha­ce mu­cho ca­lor, pe­ro los tra­mos son bo­ni­tos. Se han he­cho más di­fí­ci­les por­que se le­van­ta mu­cho pol­vo. Se­ría me­jor po­der te­ner más dis­tan­cia en­tre coches pa­ra evi­tar es­tos pro­ble­mas.

Sois pocos coches, pe­ro la ca­li­dad es al­tí­si­ma…

Creo que sí, hay mu­cha ve­lo­ci­dad en la par­te de arri­ba. Me re­cuer­da mu­cho a co­sas del Mun­dial, con Xe­vi Pons o Ra­món Fe­rrey­ros, que van ra­pi­dí­si­mos. Ós­car Fuer­tes y Ru­bén Gra­cia tam­bién han de­mos­tra­do un rit­mo al­tí­si­mo.

¿Sien­tes al­go de nos­tal­gia del Mun­dial?

No, creo que hay di­fe­ren­tes épo­cas y aho­ra to­ca es­tar aquí. Es­te año ne­ce­si­ta­ba al­go de des­can­so, por­que es­tar más de 250 días al año fue­ra de ca­sa no es fá­cil. Me he de­di­ca­do mu­cho a mi hi­ja Cris­ti­na y, de he­cho, gra­cias a ello ha po­di­do es­tar en­tre­nan­do muy du­ro en el mun­do del atle­tis­mo.

Pa­ra ti, Al­bert, hay mu­cha vi­da apar­te de las ca­rre­ras…

Sí. Por un la­do es­tá mi or­to­pe­dia, que al fin y al ca­bo es mi sus­ten­to. Pe­ro tam­bién hay tiem­po pa­ra ha­cer con­fe­ren­cias y cur­sos, al­go que me re­con­for­ta mu­cho. Lo im­por­tan­te es po­der ha­cer co­sas, y tam­bién me sien­to a gus­to al te­ner un al­to gra­do de au­to­no­mía.

Los que te se­gui­mos a tra­vés de Twit­ter sa­be­mos que no pa­ras. Es­tás to­do el día de aquí pa­ra allá…

Bueno, co­mo siem­pre, con­ti­núo sien­do mi se­cre­ta­ria, mi em­plea­do, mi má­na­ger… (Ri­sas). La ver­dad es que ten­go dos gran­des equi­pos: uno es­tá en mi or­to­pe­dia y otro en PCR. Am­bos son ya co­mo una gran fa­mi­lia, y su gran tra­ba­jo me per­mi­te ha­cer to­do lo de­más: con­fe­ren­cias, bus­car pre­su­pues­tos, es­tar con mi hi­ja…

Por des­gra­cia, al­gu­nos com­pa­ñe­ros co­mo Isi­dre Es­te­ve o Joan Las­corz tam­bién han su­fri­do du­ros ac­ci­den­tes en los úl­ti­mos años… Tú has si­do un gran apo­yo pa­ra ellos.

Ya sa­bes que no me cues­ta mu­cho ayu­dar a los de­más… Oja­lá cuan­do me pa­só a mí hu­bie­ra te­ni­do es­te apo­yo. Pe­ro al­guien te­nía que ha­cer­lo y a mí me ha to­ca­do ser pio­ne­ro en mu­chas co­sas, co­mo te­ner la pri­me­ra li­cen­cia del mun­do o ha­ber po­di­do con­tri­buir a que al­gu­nas co­sas se ha­yan po­di­do trans­for­mar. Es­toy or­gu­llo­so de que de­trás ven­ga mu­cha gen­te que, pe­se a las li­mi­ta­cio­nes fí­si­cas o las le­sio­nes me­du­la­res, quie­ra se­guir ha­cien­do co­sas en el mun­do del de­por­te y en su día a día. Yo me que­dé en si­lla de rue­das ha­ce 27 años y, por aquel en­ton­ces, al­guien así era con­si­de­ra­do un li­sia­do. Hoy, por suer­te, to­do ha cam­bia­do.

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