Editorial Un “100” pa­ra Pe­dro

AUTOhebdo SPORT - - POLE POSITION -

PPor su in­ta­cha­ble tra­yec­to­ria de­por­ti­va, Pe­dro de la Ro­sa ha re­ci­bi­do mu­chos “en es­ta re­vis­ta. Aho­ra, sin em­bar­go, el “100” nos lo da él a no­so­tros. En el GP de Ita­lia dispu­tado el pa­sa­do fin de se­ma­na, Pe­dro ha ce­le­bra­do su ca­rre­ra nú­me­ro 100 en la Fór­mu­la 1. Y nue­vo día de ce­le­bra­cio­nes pa­ra la má­xi­ma dis­ci­pli­na del automovilismo. Si en la ca­rre­ra an­te­rior, en SpaF­ran­cor­champs, Mi­chael Schu­ma­cher lle­ga­ba na­da me­nos que a los 300 Gran­des Pre­mios, De la Ro­sa aho­ra al­can­za la cen­te­na, una ci­fra má­gi­ca, qui­zá me­nor de la que él se me­re­ce, pe­ro que le aú­pa al es­ca­lón de los pi­lo­tos más ex­pe­ri­men­ta­dos y lon­ge­vos de la ca­te­go­ría. Se­gún él mis­mo ha co­men­ta­do, ha si­do una suer­te ce­le­brar es­ta efe­mé­ri­de en el his­tó­ri­co Cir­cui­to de Mon­za, el tem­plo de la ve­lo­ci­dad de la F1. Y eso que en esa pis­ta su­frió, en el año 2000 –su se­gun­da tem­po­ra­da en la ca­te­go­ría–, el peor ac­ci­den­te de su ca­rre­ra de­por­ti­va, del que afor­tu­na­da­men­te sa­lió ile­so. Una ce­le­bra­ción que le lle­ga, ade­más, a los man­dos de uno de los mo­no­pla­zas del equi­po es­pa­ñol HRT, su nue­vo desafío de­por­ti­vo. En el tra­za­do ita­liano, Pe­dro ha es­ta­do ro­dea­do por to­da su fa­mi­lia, aun­que se­gu­ra­men­te habrá echa­do de me­nos a su pa­dre, Jai­me –fa­lle­ci­do el pa­sa­do mes de fe­bre­ro–, bri­llan­te pi­lo­to en los años ‘60 y pio­ne­ro de la mo­to­náu­ti­ca en Es­pa­ña en aque­lla épo­ca. Nos ale­gra­mos, no obs­tan­te, de que el ca­ta­lán to­ma­ra de su pa­dre la afi­ción por los coches más que la de los bar­cos. En es­tos 100 Gran­des Pre­mios, Pe­dro ha com­pe­ti­do con na­da me­nos que cin­co equi­pos: Arrows, Ja­guar, McLa­ren, Sau­ber y aho­ra HRT, aun­que en sus ini­cios, en 1998, fue pro­ba­dor de Jordan GP. Ade­más de por sus in­ne­ga­bles do­tes de pi­lo­ta­je, que le lle­va­ron a pun­tuar en su de­but en la F1 con Arrows al aca­bar sex­to en el GP de Aus­tra­lia de 1999 (cuan­do so­lo pun­tua­ban los seis pri­me­ros), y lo­grar la se­gun­da po­si­ción en el GP de Hun­gría de 2006, De la Ro­sa des­ta­ca sin du­da al­gu­na por su ca­li­dad hu­ma­na. Y es la su­ma de es­tas dos co­sas la que ha­ce que él sea, a sus 41 años, el úni­co pi­lo­to en ac­ti­vo, jun­to a Mi­chael Schu­ma­cher, que su­pera la cua­ren­te­na. Por­que Pe­dro es un ca­ba­lle­ro de los pies a la ca­be­za, y eso lo sa­be to­da la je­rar­quía de la F1, don­de él mis­mo fue pre­si­den­te de la Aso­cia­ción de Pi­lo­tos (GPDA), y tam­bién los afi­cio­na­dos. Siem­pre con una pa­la­bra ama­ble, abier­to a cual­quier pro­pues­ta, sus cer­te­ros co­men­ta­rios han ayu­da­do a que los es­pa­ño­les com­pren­da­mos me­jor la Fór­mu­la 1. Pe­dro no es un pri­vi­le­gia­do por con­ti­nuar en la F1, es la Fór­mu­la 1 la que tie­ne el pri­vi­le­gio de con­tar con una per­so­na co­mo él. ¡En­ho­ra­bue­na!

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