El mun­do del mo­tor es par­te de mi vi­da

La pa­sa­da se­ma­na acu­di­mos a una emo­cio­nan­te rue­da de pren­sa en lo que ya es la se­gun­da ca­sa del automovilismo na­cio­nal: la se­de del Con­se­jo Su­pe­rior de Deportes. Allí nos re­en­con­tra­mos con Ma­ría de Vi­llo­ta tres me­ses des­pués de su ac­ci­den­te pro­ban­do el Ma

AUTOhebdo SPORT - - PIT STOP - J.M. FER­NÁN­DEZ PE­LLÓN

¿Cuá­les han si­do los mo­men­tos cru­cia­les pa­ra ti tras tu ac­ci­den­te? Creo que ha ha­bi­do dos ins­tan­tes muy im­por­tan­tes en es­tos me­ses. Am­bos nos mues­tran cla­ra­men­te có­mo me sien­to hoy. El pri­me­ro fue cuan­do me des­per­té. Se acer­có uno de los ci­ru­ja­nos que me ha­bía ope­ra­do y, con mi fa­mi­lia al­re­de­dor, me di­jo: “Ma­ría, te he­mos sal­va­do la vi­da, re­cuer­da que tu­vis­te un gra­ve ac­ci­den­te, pe­ro es­tás aquí con no­so­tros. Ha si­do muy du­ro, pe­ro es­ta­mos muy fe­li­ces de ha­ber­te po­di­do sal­var la vi­da. Sin em­bar­go, no he­mos po­di­do sal­var­te el ojo de­re­cho”. En ese mo­men­to mi­ré al doc­tor y le pre­gun­té: “¿Us­ted es ci­ru­jano?”. “Sí”, me con­tes­tó. “Us­ted ope­ra con las ma­nos y ne­ce­si­ta dos pa­ra ha­cer­lo. Pues yo soy pi­lo­to de Fór­mu­la 1 y ne­ce­si­to los dos ojos”. ¡Co­mo si el po­bre hu­bie­ra te­ni­do la cul­pa de ello! Lue­go, va pa­san­do el tiem­po y ves có­mo te es­tá mi­ran­do tu fa­mi­lia, tu no­vio, que te ven co­mo si fue­ra un mi­la­gro el que es­tés vi­va. Eso, y en­con­trar­te bien, ha­ce que in­clu­so pien­ses que ves más que an­tes. Yo an­tes so­lo veía la F1, so­lo me veía en­ci­ma de un co­che com­pi­tien­do, y creo que no veía lo real­men­te im­por­tan­te de la vi­da. En aquel mo­men­to no es­ta­ba va­lo­ran­do que aquel hom­bre me ha­bía sal­va­do la vi­da. Es­te ojo me ha de­vuel­to el nor­te, lo im­por­tan­te que es vi­vir. ¿Cuán­do se pro­du­jo el otro mo­men­to que nos has co­men­ta­do? Fue la pri­me­ra vez que me mi­ré en el es­pe­jo. Lo te­nían ta­pa­do siem­pre, pe­ro un día mi ma­dre me acer­có con la si­lla de rue­das pa­ra que me asea­ra. No sa­be­mos por qué, pe­ro en ese mo­men­to es­ta­ba des­ta­pa­do. Yo me vi y vi la ca­ra de mi ma­dre, que es una mu­jer gua­pí­si­ma, y vi su preo­cu­pa­ción por mi es­ta­do y por có­mo yo me ve­ría. Yo me que­dé ate­rra­da, pe­ro mi­rán­do­la a ella me que­dé más im­pac­ta­da por lo que ella es­ta­ba su­frien­do por mí. Así que hi­ce una gra­cia y le di­je al es­pe­jo: “¡Qui­ta, bi­cho!”. En aquel mo­men­to te­nía 104 pun­tos en la ca­ra, el ojo ta­pa­do y es­ta­ba ho­rri­ble. En ese mo­men­to mi ma­dre son­rió y com­par­ti­mos la anéc­do­ta con la fa­mi­lia. Lo que en reali­dad pen­sé en aquel mo­men­to es que quién me iba a que­rer a mí en ese es­ta­do. Tú mis­ma te has sor­pren­di­do por có­mo te has to­ma­do to­do es­te tran­ce, ¿es cier­to? Sí, por­que, en­tre otras co­sas, he re­ci­bi­do tan­to ca­ri­ño y to­dos me han que­ri­do más en es­te tiem­po que en to­da mi vi­da. Ten­go su­fi­cien­te pa­ra cu­brir la pa­sa­da y la que me res­ta por de­lan­te. El ca­ri­ño de to­dos, mi fa­mi­lia, mis alle­ga­dos, mis pa­tro­ci­na­do­res, mis ami­gos, ha si­do enor­me. Si to­dos ellos lu­cha­ron con­mi­go cuan­do que­ría ser gran­de, cuan­do que­ría ser pi­lo­to de F1, han es­ta­do más aún con­mi­go cuan­do yo me sen­tía muy pe­que­ña y pen­sa­ba que na­die me iba a que­rer. To­dos los men­sa­jes de áni­mo, de pi­lo­tos, del pro­pio pú­bli­co, ha­cen que me sien­ta or­gu­llo­sa de quién soy. Mi as­pec­to ac­tual es más Ma­ría de Vi­llo­ta que lo que era an­tes. Llevo mi his­to­ria con­mi­go. ¿Có­mo te en­cuen­tras ac­tual­men­te? Es­toy mu­cho me­jor, aun­que es­to es una ca­rre­ra de re­sis­ten­cia, aún me que­da un po­co, pues­to que hay ope­ra­cio­nes pen­dien­tes pa­ra se­guir me­jo­ran­do mi es­ta­do. ¿Qué ac­ti­vi­da­des pien­sas desa­rro­llar en un fu­tu­ro? Me gus­ta­ría cen­trar­me

He re­ci­bi­do tan­to ca­ri­ño y to­dos me han que­ri­do más en es­te tiem­po que en to­da mi vi­da”

en tres fren­tes. En pri­mer lu­gar, en el mun­do del mo­tor. Lo llevo en mi ADN, lo ado­ro y es par­te de mi vi­da. En se­gun­do, en el la­do de los en­fer­mos, yo es­toy aho­ra en ese ban­do, de los que no pue­den dis­fru­tar al 100% de la vi­da. Quie­ro ha­cer al­go por ellos, por­que ver gen­te co­mo la que hay en la uni­dad de que­ma­dos del hos­pi­tal, que lo es­tá pa­san­do tan mal, me ha animado a ac­tuar. Por úl­ti­mo, en el de la mu­jer. Aho­ra sí que ten­go un im­pe­di­men­to fí­si­co pa­ra pi­lo­tar un F1, an­tes no lo te­nía. Quie­ro que se co­ja ese re­le­vo, que se si­ga per­si­guien­do ese ob­je­ti­vo. El jue­ves pa­sa­do se anun­ció que Mo­nis­ha es la nue­va team prin­ci­pal de Sau­ber, así que ten­go mu­cha fuer­za pa­ra se­guir cre­yen­do en el pa­pel de la mu­jer en el mun­do del mo­tor.

MA­RíA DE VI­LLO­TA

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