24 Ho­ras de Le Mans

NIN­GU­NA VIC­TO­RIA EN LE MANS ES FÁ­CIL. Y la nú­me­ro 19 pa­ra Pors­che ha si­do igual­men­te com­pli­ca­da, con el co­che nº2 que se que­dó en prin­ci­pio des­car­ta­do a las pri­me­ras de cam­bio por una ave­ría muy se­ria. Pe­ro si no ba­jas los bra­zos nun­ca, las 24 Ho­ras mu­cha

Automovil - - SUMARIO - TEX­TO: Juan Ig­na­cio Eguia­ra. FO­TOS: Ima­go.

La ca­rre­ra más im­por­tan­te, emo­cio­nan­te y du­ra del mun­do en una edi­ción es­pec­ta­cu­lar.

El guión de Le Mans nun­ca es­tá es­cri­to. Se desa­rro­lla a me­di­da que dis­cu­rren las 24 ho­ras unas ve­ces con cruel­dad y otras con es­tu­por, pe­ro siem­pre con mu­cha emo­ción. El de­sen­la­ce del año pa­sa­do fue de los más me­mo­ra­bles, pe­ro ha de­ja­do en la re­ti­na un po­der de su­ges­tión que ya to­do el mun­do sa­be que na­die es­tá se­gu­ro de na­da has­ta que no ve la ban­de­ra a cua­dros. Eso se per­ci­bía en el box de Pors­che du­ran­te la úl­ti­ma vuel­ta de su co­che nº2 en bus­ca de la vic­to­ria nú­me­ro 19 en el pal­ma­rés de la firma de Stutt­gart. Bern­hard pi­lo­ta­ba su 919 Hy­brid con la ten­sión de sa­ber que Le Mans te pue­de ha­cer pa­sar del cie­lo al in­fierno en una cur­va. La pér­di­da de la ca­rre­ra el año pa­sa­do en To­yo­ta ha de­ja­do muy mar­ca­do a todos y es­te año se ha re­for­za­do con los múl­ti­ples pro­ble­mas de fiabilidad que han te­ni­do los LMP1.

An­tes de em­pe­zar la ca­rre­ra ya va­ti­ci­né que po­dría ser una ca­rre­ra que ga­na­se un LMP2, la se­gun­da di­vi­sión de la ca­te­go­ría. Todos me tra­ta­ron de lo­co, pe­ro des­pués de los en­tre­na­mien­tos del vier­nes, don­de tan­to To­yo­ta co­mo Pors­che tu­vie­ron pro­ble­mas de fiabilidad y su­frie­ron la de­ten­ción en pis­ta de sus co­ches, ca­si siem­pre por pro­ble­mas eléc­tri­cos, me ha­cía pen­sar que los LMP2 ten­drían su opor­tu­ni­dad. Y no me equi­vo­qué. Por­que los LMP2 re­sul­tan mu­cho más fia­bles en ge­ne­ral. Ade­más pa­ra es­te año se ha­bía cam­bia­do la re­gla­men­ta­ción pa­ra ha­cer­los más com­pe­ti­ti­vos. Pa­ra em­pe­zar el mo­tor era úni­co pa­ra todos, un Gib­son (Nis­san pre­pa­ra­do por ese cons­truc­tor de mo­to­res) con 600 CV sin nin­gún ti­po de tec­no­lo­gía hí­bri­da. El cha­sis po­día ser de cua­tro fa­bri­can­tes. Ore­ca, Li­gier, Da­lla­ra y Al­pi­ne. Y to­do ello por un pre­cio mu­cho más con­te­ni­do (al­re­de­dor de 450.000 eu­ros). Eso ha pro­vo­ca­do que es­te año hu­bie­se una ava­lan­cha de equi­pos en LMP2 (26) ca­pa­ces de com­pe­tir.

En el otro la­do, en los su­per­so­fis­ti­ca­dos LMP1, so­lo ha­bía 5 uni­da­des. Los dos Pors­che y los tres To­yo­ta. La firma ja­po­ne­sa in­te­gra­ba una ter­ce­ra uni­dad pa­ra te­ner más po­si­bi­li­da­des de éxi­to. Es una cues­tión de pro­ba­bi­li­da­des y cuan­tos más co­ches ha­ya en pis­ta más po­si­bi­li­da­des hay de que al­guno no ten­ga pro­ble­mas. Pe­ro es­to no fue así. Todos su­frie­ron in­ci­den­tes me­cá­ni­cos, y todos muy gra­ves. Cu­rio­sa­men­te, el pri­me­ro en pa­de­cer­los fue el Pors­che nº2 que es­tu­vo en bo­xes du­ran­te una ho­ra re­pa­ran­do to­da la uni­dad eléc­tri­ca del mo­tor. Cuan­do re­gre­só a pis­ta es­ta­ba a 19 vuel­tas y con to­da la ca­rre­ra per­di­da. Si a los co­ches de de­lan­te no le su­ce­den co­sas muy «gor­das» es im­po­si­ble re­mon­tar.

Pe­ro co­mo de­ci­mos, el guión de Le Mans es im­po­si­ble de pre­de­cir. Los To­yo­ta par­tían co­mo favoritos. Ve­nían de ga­nar las dos ca­rre­ras pre­vias del WEC y en en­tre­nos se des­ta­pa­ron con unos re­gis­tros mu­cho más rá­pi­dos que los de Pors­che. De he­cho, el

me­jor tiem­po lo reali­zó Ko­ba­yas­hi ba­tien­do el ré­cord de ve­lo­ci­dad me­dia en una vuel­ta con 251,9 km/h. Los Pors­che es­ta­ban a 2 se­gun­dos y eso ha­cía va­ti­ci­nar que po­día ser el año de To­yo­ta. Nun­ca han con­se­gui­do ga­nar en Le Mans y han si­do cin­co ve­ces se­gun­dos. Y al­gu­nas ve­ces con ca­pí­tu­los tan crue­les co­mo el del año pa­sa­do que­dán­do­se a las puer­tas de la vic­to­ria en la úl­ti­ma vuel­ta.

Pe­ro las vic­to­rias se for­jan en la ca­rre­ra. Du­ran­te 24 Ho­ras se­gui­das. Du­ran­te 1.440 mi­nu­tos se­gui­dos. Du­ran­te 86.400 se­gun­dos in­fer­na­les don­de en cual­quie­ra de ellos te vas al tras­te con las es­pe­ran­zas de ga­nar. Es­te año las pre­vi­sio­nes de ca­lor ha­cían que la me­cá­ni­ca hí­bri­da su­frie­ra más de la cuen­ta. Y así su­ce­dió.

Des­pués del va­ra­pa­lo el Pors­che nº2, pa­re­cía que To­yo­ta te­nía más fá­cil la vic­to­ria. Te­nía a sus dos me­jo­res uni­da­des en ca­be­za, in­ter­ca­lán­do­se el otro Pors­che. Pe­ro pron­to el nº8 su­frió en sus car­nes al­go pa­re­ci­do al Pors­che nº2. Más de una ho­ra en bo­xes le de­vol­vía a pis­ta en el pues­to 50. To­ca­ba re­mon­tar. Pe­ro las es­pe­ran­zas en el ga­ra­je de To­yo­ta es­ta­ban in­tac­tas. To­da­vía te­nían un co­che en ca­be­za y otro guar­dán­do las es­pal­das de­trás del per­se­gui­dor Pors­che nº1.

Pe­ro co­mo Le Mans no en­tien­de de com­pa­sión, re­cién en­tra­da la me­dia­no­che vio co­mo sus dos uni­da­des de ca­be­za se que­da­ban fue­ra. El lí­der por­que se que­da­ba sin ener­gía y no era ca­paz de re­gre­sar a bo­xes, y el más re­tra­sa­do nº9 por un pin­cha­zo que su­pu­so un cal­va­rio el in­ten­to de dar la vuel­ta com­ple­ta pa­ra en­trar en bo­xes. Fue ipo­si­ble y ca­si se le in­cen­dia. Re­sul­ta­do: aban­dono. So­lo se que­dó la uni­dad 8 en pis­ta re­mon­tan­do du­ran­te to­da la ca­rre­ra pe­ro sin po­si­bi­li­dad de al­can­zar a la ca­be­za. De he­cho aca­bó en la po­si­ción nú­me­ro 9.

Es­to dio alas a los LMP2 que man­tu­vie­ron una lu­cha bo­ni­ta. Pe­ro con todos los pro­ble­mas de los LMP1 per­mi­tie­ron que, a 3 ho­ras del fi­nal, cuan­do el Pors­che nº1 se tu­vo que re­ti­rar por, có­mo no, pro­ble­mas de fiabilidad con la uni­dad eléc­tri­ca, un LMP2 to­ma­ra la ca­be­za de ca­rre­ra. Y lo ha­cía con más de dos vuel­tas de ven­ta­ja so­bre el Pors­che nº2 que le ha­bía to­ca­do re­mon­tar des­de el prin­ci­pio de ca­rre­ra. Y así lo hi­zo. De tal ma­ne­ra que a fal­ta de 1 ho­ra y 7 mi­nu­tos pa­ra el fi­nal, Bern­hard ade­lan­ta­ba al Ore­ca del equi­po del ac­tor Jac­kie Chan con el dor­sal 38 que tu­vo du­ran­te ca­si dos ho­ras la es­pe­ran­za de que un mi­la­gro les per­mi­tie­ra ga­nar. Ade­más pi­lo­ta­do por un jo­ven de 19 años lla­ma­do Lau­rent que se hu­bie­se con­ver­ti­do en el más jo­ven en ga­nar Le Mans. Pe­ro no fue así. El po­ten­cial del 919 per­mi­tió re­cor­tar de 10 en 10 se­gun­dos ca­da vuel­ta y lo ade­lan­tó a fal­ta de 1h7´pa­ra ter­mi­nar. Pe­ro co­mo en Le Mans no se sa­be. En Pors­che no lo ce­le­bra­ron has­ta que no se cum­plie­ron las ho­ras re­gla­men­ta­rias y vie­ron la ban­de­ra a cua­dros. La elec­tró­ni­ca es muy ca­pri­cho­sa y es­te año más que nun­ca.

Pe­ro la ba­ta­lla más bo­ni­ta se vi­vió en la ca­te­go­ría GTP­ro. De los 16 equi­pos todos ro­da­ron en la mis­ma vuel­ta du­ran­te mu­chas ho­ras. So­lo se fue­ron des­col­gan­do los que te­nían ac­ci­den­tes. Y de las cua­tro mar­cas im­pli­ca­das (As­ton Mar­tin, Che­vro­let, Ford y Fe­rra­ri), to­das ellas es­ta­ban ro­dan­do jun­tas. La me­jor prue­ba de ello es que se lle­gó al fi­nal de to­do con una pe­lea en due­lo cuer­po a cuer­po en­tre el As­ton Mar­tin y el Che­vro­let de An­to­nio Gar­cía. Des­gra­cia­da­men­te en ese úl­ti­mo re­le­vo no se subió el pi­lo­to es­pa­ñol y fue Tay­lor el que de­fen­dió el pa­be­llón de la ban­de­ra ame­ri­ca­na y no pu­do con­te­ner las em­bes­ti­das del As­ton Mar­tin. Un pro­ble­ma de fre­nos en la úl­ti­ma vuel­ta per­mi­tió que el co­che bri­tá­ni­co ade­lan­ta­se al ame­ri­cano pa­ra ga­nar una de las 24 Ho­ras más emo­cio­nan­tes en esa ca­te­go­ría. Sin du­da es la que es­tá más vi­va de to­das. El pro­gra­ma que la or­ga­ni­za­ción apli­ca a sus equi­pos fun­cio­na. Se lla­ma BOP, Ba­lan­ce of Per­for­man­ce, de ma­ne­ra que igual las pres­ta­cio­nes pa­ra que todos los co­ches com­pi­tan sin ven­ta­jas. De es­ta ma­ne­ra te pue­des en­con­trar que el co­che más ve­te­rano de todos, el As­ton Mar­tin, ga­na­se es­ta edi­ción 2017 ya que se be­ne­fi­ció del pe­so más ba­jo (1.293 kg) y el ma­yor de­pó­si­to (100 li­tros). De to­das for­mas, todos ro­da­ron muy pa­re­jos y cual­quie­ra po­dría ha­ber ga­na­do, in­clui­do el Pors­che 911 RSR que ha de­bu­ta­do es­ta tem­po­ra­da con tec­no­lo­gía mu­cho más mo­der­na. Y el Fe­rra­ri 488 del otro es­pa­ñol que dispu­taba es­ta edi­ción de Le Mans, Mi­guel Mo­li­na, tam­bién es­tu­vo en la po­ma­da has­ta el fi­nal. De no ha­ber su­fri­do la pe­na­li­za­ción de un «dri­ve th­rough» se­gu­ro que hu­bie­se es­ta­do en la pe­lea por la vic­to­ria de la úl­ti­ma vuel­ta que pro­ta­go­ni­za­ron As­ton Mar­tin y Che­vro­let.

El LMP2 nº37 del equi­po del ac­tor Jac­kie Chan pu­do dar la sor­pre­sa ma­yús­cu­la. A fal­ta de una ho­ra y sie­te mi­nu­tos iba li­de­ran­do la ca­rre­ra.

El Pors­che 911 RSR tam­bién bri­llo en GT Pro y ca­si subió al po­dium de su ca­te­go­ría.

An­to­nio Gar­cía con su Che­vro­let es­tu­vo muy cer­ca de la vic­to­ria en GT Pro.

Los To­yo­ta par­tían co­mo favoritos pe­ro al fi­nal su re­sul­ta­do fue bas­tan­te ma­lo. So­lo ter­mi­nó el nº8 y muy re­tra­sa­do.

Pa­ra Mi­guel Mo­li­na ha si­do un buen de­but en es­ta ca­rre­ra tan com­pli­ca­da. De no ser por el Dri­ve Th­rough hu­bie­se pe­lea­do por la vic­to­ria con su Fe­rra­ri.

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