TÓ­NI­CA DE FA­BRI­CA­CIÓN CA­SE­RA O EL SA­BOR DE UNA COR­TE­ZA...

Beef! - - En(h)ebrado -

En su ori­gen, la tó­ni­ca no era un re­fres­co, sino una me­di­ci­na amar­ga con un al­to con­te­ni­do de qui­ni­na, un "agua re­cons­ti­tu­yen­te". Un gin-to­nic, co­mo el que be­bían los sol­da­dos bri­tá­ni­cos a prin­ci­pios del si­glo XIX en el Sud­es­te Asiá­ti­co o en Áfri­ca, no tie­ne, por lo tan­to, mu­cho que ver ya con su to­ca­yo mo­derno.

Con la cor­te­za del ár­bol de la cin­cho­na se es­ta­ble­ció por lo me­nos has­ta el día de hoy el in­gre­dien­te de­ci­si­vo de la tó­ni­ca. Y no es pa­ra asom­brar­se, ya que la qui­ni­na, en su for­ma na­tu­ral, no se da en nin­gu­na otra plan­ta. El nom­bre qui­ni­na se de­ri­va de la pa­la­bra "ki­na", que sig­ni­fi­ca "cor­te­za" en un dia­lec­to de una tri­bu in­dí­ge­na de los An­des.

Son tres los ele­men­tos que dan a la tó­ni­ca su sa­bor ca­rac­te­rís­ti­co: el que apor­ta la aci­dez es el áci­do cí­tri­co, el dul­zor le vie­ne del azú­car y el si­ro­pe de aga­ve, mien­tras que el amar­gor de la qui­ni­na lo apor­ta la cor­te­za de la cin­cho­na. En fin, ¡que ya po­de­mos em­pe­zar! En la re­ce­ta que ofre­ce­mos más aba­jo, son ex­plí­ci­ta­men­te bien­ve­ni­das las su­ti­le­zas. Ah, y no se asom­bren de que una coc­ción dé co­mo re­sul­ta­do un co­lor ade­cua­do en la tó­ni­ca (y el que no lo so­por­te, que va­ya de nue­vo a re­pos­tar).

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.