Dia­rio de una no­va­ta

LOS CON­SE­JOS DE PU­RI­TO

BiciSport - - ENTRE NOSOTRAS - POR|AI­NA­RA HER­NAN­DO

Una no sa­be lo que es te­ner mie­do a las ba­ja­das has­ta que sa­les a pe­da­lear por pri­me­ra vez con rue­das de per­fil en un día de vien­to en­de­mo­nia­do. Pe­ro, aun­que abras la ven­ta­na y veas có­mo azo­ta a los ár­bo­les, ¿quién pue­de ne­gar­se a su­bir­se a un bi­ci­cle­tón co­mo la Me­ri­da Reac­to en la pre­cio­sa is­la de Hvar? Con mo­ti­vo de la con­cen­tra­ción que el Bah­rein-Me­ri­da lle­vó a ca­bo a co­mien­zos de di­ciem­bre en Croa­cia nos die­ron la po­si­bi­li­dad de ha­cer una sa­li­da en bi­ci du­ran­te una ma­ña­na, du­ran­te el en­tre­na­mien­to de los co­rre­do­res, pre­via a la tar­de de en­tre­vis­tas que nos es­pe­ra­ba.

La no­che an­te­rior, los me­cá­ni­cos del equi­po nos pre­pa­ra­ron las bi­cis. Bueno, las má­qui­nas, por­que ¡qué ma­ra­vi­lla de bi­ci­cle­ta es­ta Me­ri­da! Una, que si­gue an­cla­da en el alu­mi­nio, cuan­do le po­nen el fino car­bono, las rue­das de per­fil y el cam­bio elec­tró­ni­co se de­rri­te del gus­to. No sa­bía lo que iba a ve­nir. “Hay mu­cho vien­to, Ai­na­ra, di­les que te cam­bien esas rue­das, al me­nos la de­lan­te­ra, que te vas a di­ver­tir más”, acon­se­ja Pu­ri­to en el desa­yuno. No le fal­ta ra­zón, así que sin du­dar­lo pido el cam­bio, pe­ro to­das las rue­das tie­nen un buen gro­sor de per­fil. Cam­bio por las de 40 y… ¡Ale hop! A pe­da­lear.

El vien­to no tar­da en sen­tir­se. Y la bi­ci, con las rue­das de per­fil y mi pe­so, en mo­ver­se más de la cuen­ta. Eso, jun­to a mi mie­do en las ba­ja­das en un te­rreno co­mo el de Hvar, sin un me­tro llano, con con­ti­nuas subidas en las que dis­fru­to y ba­ja­das que se con­vier­ten en mi pe­sa­di­lla. En el pri­mer des­cen­so fuer­te no pa­so de 15 km/h.

Al fi­nal de la si­guien­te subida nos to­pa­mos con Pu­ri­to, que aca­ba de de­jar a los pro­fe­sio­na­les y se re­en­gan­cha con no­so­tros. No tar­da él tam­po­co de­ma­sia­do en per­ca­tar­se de mis mie­dos y, sin pe­dír­se­los si­quie­ra, co­mien­za a dar­me con­se­jos sin pa­rar. “Es­tas ha­cien­do de to­do pa­ra caer­te”, no pa­ra de re­pe­tir­me. “No to­ques tan­to el freno, el mie­do lo tie­nes a la pen­dien­te, no a la ve­lo­ci­dad”, me ana­li­za a la per­fec­ción. “Y si vas a fre­nar, que sea con los dos a la vez y muy po­co. Y so­lo an­tes de una cur­va. Ven­ga, prue­ba, aho­ra no fre­nes… aquí es im­po­si­ble que te cai­gas, ¡si es una rec­ta!”. Pe­ro no, no lo­gra con­ven­cer­me. Mi pa­vor es su­pe­rior a sus bue­nos con­se­jos. Al me­nos, gra­cias a su con­ver­sa­ción y aten­ción, lo­gré ba­jar más re­la­ja­da. Al­go con­si­guió el bueno de Joa­quín.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.