PORS­CHE 911 vs TRIUMPH TR5

‘LA RI­GI­DEZ DE LA LU­NE­TA FI­JA RE­DU­CE LAS SA­CU­DI­DAS Y TRA­QUE­TEOS HA­BI­TUA­LES EN UN TR’

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Pors­che creó el tar­ga pa­ra do­tar­se de un des­ca­po­ta­ble que no exi­gie­ra mu­cho re­fuer­zo de la ca­rro­ce­ría (es de­cir, pe­so aña­di­do), so­lo un ar­co de se­gu­ri­dad, aún más bo­ni­to con el aca­ba­do sa­ti­na­do del ace­ro inoxi­da­ble en los mo­de­los an­te­rio­res a 1974. Los pri­me­ros in­clu­so te­nían una lu­ne­ta de plás­ti­co des­mon­ta­ble, aun­que un año más tar­de ya se ofre­cía en op­ción una lu­ne­ta de cris­tal más re­fi­na­da (y más rí­gi­da), que pa­só a ser de se­rie a par­tir de 1971.

Es­te 2.4 S Tar­ga de 1973 es uno de los 911 más ra­ros y va­lio­sos. Fue el pri­me­ro de los ape­nas 49 con di­rec­ción a la de­re­cha, de los que so­lo so­bre­vi­ven seis. Su pro­pie­ta­rio ha re­cha­za­do ofer­tas de seis cifras por el co­che. “Lo vi por pri­me­ra vez ha­ce 27 años, cuan­do tra­ba­ja­ba pa­ra el que en­ton­ces era su due­ño. Le es­tu­ve dan­do la ta­ba­rra du­ran­te 21 años has­ta que me lo ven­dió”, ex­pli­ca.

Pors­che no so­lo nos dio el es­ti­lo y el nom­bre tar­ga, sino que tam­bién lo do­tó de un me­ca­nis­mo pa­ten­ta­do de ple­ga­do del te­cho de vi­ni­lo, que en­ca­ja per­fec­ta­men­te en el ma­le­te­ro de­lan­te­ro sin ocu­par de­ma­sia­do es­pa­cio. Pe­ro lo cier­to es que Triumph se ade­lan­tó a Pors­che en cin­co años con su Su­rrey Top.

El con­cep­to se pre­sen­tó en sep­tiem­bre de 1961 en el TR4, con un lu­ne­ta pos­te­rior fi­ja a la que se po­día aña­dir un hard- top de cha­pa – su­je­to por cua­tro per­nos, pe­ro que no era po­si­ble guar­dar en el co­che– o la ca­po­ta de po­li­piel y el bas­ti­dor ple­ga­ble que se alo­ja en el hueco del asien­to tra­se­ro. La op­ción Su­rrey con­ti­nuó con los TR4A y TR5, pe­ro se desechó pa­ra el TR6.

Des­pués de ha­ber te­ni­do tres TR6, su ac­tual pro­pie­ta­rio compró es­te TR5 ha­ce cua­tro años, y ha­ce dos ga­nó una me­da­lla de pla­ta en el TR Re­gis­ter Na­tio­nal Rally. “Hi­ce un po­co de tram­pa y lo com­pré ya lis­to. Me en­can­tan las sa­li­das del club, y ya he via­ja­do a Spa, el Nür­bur­gring y la Le Mans Clas­sic”.

El te­cho se agra­de­ce de dos ma­ne­ras. En pri­mer lu­gar, la ri­gi­dez de la lu­ne­ta fi­ja re­du­ce muy mu­cho las sa­cu­di­das y tra­que­teos ha­bi­tua­les en un TR. Por lo vis­to, aún va me­jor con el te­cho de cha­pa mon­ta­do. Eso que­da pa­ra otro día; me com­pla­ció cons­ta­tar lo re­fi­na­do que era el TR5 sin el pa­nel. En­tra muy po­co vien­to en el ha­bi­tácu­lo, así que se pue­de dis­fru­tar del ca­rác­ter a la an­ti­gua usan­za del Triumph sin te­ner que po­ner­se una go­rra muy ce­ñi­da. Aún más li­ge­ro que el ‘li­ge­ro’ 911, el TR5 tam­bién arro­ja más par, así que su con­duc­ción siem­pre se an­to­ja vi­vaz. Con la pre­ci­sa di­rec­ción no asis­ti­da y un com­por­ta­mien­to pre­vi­si­ble, no es de ex­tra­ñar que los TR5 va­yan tan bus­ca­dos.

El 911 es más rá­pi­do, pe­ro hay que su­bir­lo bien de vuel­tas pa­ra sa­car­le el má­xi­mo par­ti­do. Eso sí, el Pors­che pa­re­ce mu­cho más só­li­do, e im­pre­sio­na su ap­ti­tud pa­ra co­mu­ni­car­se con el con­duc­tor: la di­rec­ción ca­si es de­ma­sia­do sen­si­ble, pe­ro eso da con­fian­za pa­ra ti­rar. No lle­var un mo­tor de seis ci­lin­dros so­bre el tren de­lan­te­ro ha­ce que el Pors­che pa­rez­ca el más li­ge­ro, pe­ro no lo es.

En el ha­bi­tácu­lo tam­bién se no­ta muy po­co el vien­to, y uno se sien­te mu­cho más pró­xi­mo a la agi­ta­da fies­ta me­cá­ni­ca del mo­tor, un so­ni­do cier­ta­men­te em­bria­ga­dor.

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