Edi­to­rial

Es­pa­ño­les en cam­pos de con­cen­tra­ción

Clio Historia - - EDITORIAL - Ma­ría Lorente Di­rec­to­ra CLÍO

Al ha­blar de cam­pos de con­cen­tra­ción es inevi­ta­ble pen­sar en el pue­blo ju­dío. Sin em­bar­go, no to­das las per­so­nas que aca­ba­ron en uno de es­tos cam­pos te­nía por qué ser prac­ti­can­tes de es­ta re­li­gión. Bue­na mues­tra de ello, son los mi­les de es­pa­ño­les que se con­vir­tie­ron en des­ta­ca­dos “in­vi­ta­dos” de los di­fe­ren­tes cam­pos de con­cen­tra­ción na­zis.

Es­ta si­tua­ción se pro­du­jo co­mo con­se­cuen­cia di­rec­ta de la Gue­rra Ci­vil es­pa­ño­la, ya que al­gu­nos de los es­pa­ño­les que su­frie­ron re­pre­sión por par­te del ré­gi­men na­cio­nal­so­cia­lis­ta fue­ron cap­tu­ra­dos y de­por­ta­dos has­ta allí.

Al cam­po de con­cen­tra­ción de Maut­hau­se­nGu­sen (Aus­tria) lle­ga­ron al­re­de­dor de 7.200 com­pa­trio­tas pa­ra tra­ba­jar has­ta la ex­te­nua­ción en su can­te­ra. Uno de los nom­bres más des­ta­ca­dos fue el del so­cia­lis­ta Fran­cis­co

Largo Ca­ba­lle­ro, pre­si­den­te del Go­bierno de la Se­gun­da Re­pú­bli­ca, pe­ro jun­to a él fue­ron mu­chos los que de­ja­ron la vi­da en es­te lu­gar. No en vano, se de­cía que ca­da pie­dra de Maut­hau­sen re­pre­sen­ta­ba la vi­da de un es­pa­ñol. Y es que es­te cam­po de con­cen­tra­ción era co­no­ci­do co­mo el de los es­pa­ño­les. Es­te es, sin du­da, uno de los epi­so­dios más tris­tes y des­co­no­ci­dos de nues­tra his­to­ria.

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