El ojo del via­je­ro

El di­se­ña­dor ca­na­rio, uno de los tres es­pa­ño­les más in­ter­na­cio­na­les del si­glo XX, se­gún Gui­ller­mo Ca­bre­ra In­fan­te, aca­ba de pu­bli­car (Riz­zo­li).

Conde Nast Traveler (Spain) - - MUNDO TRAVELER -

Una ima­gen de Se­vi­lla

pos­tal si­ci­lia­na.

se pre­sen­ta el 9 de sep­tiem­bre en Nue­va York, coin­ci­dien­do con el pre­mio que le con­ce­de el Fashion Ins­ti­tu­te of Tech­no­logy. .

Flee­ting Ges­tu­res and Ob­ses­sions

Es el cuar­to de sus li­bros y el más ex­ten­so, con ma­ra­vi­llo­sas fo­to­gra­fías de su archivo per­so­nal y de Mi­chael Ro­berts. El li­bro tie­ne ca­pí­tu­los en los que han con­tri­bui­do Pedro Al­mo­dó­var, So­fía Cop­po­la, Rafael Mo­neo...

Lle­va­ban un tiem­po pi­dién­do­me­lo in­sis­ten­te­men­te y pen­sé que era una for­ma de ha­blar de to­do lo que me gus­ta y me ob­se­sio­na.

Des­de los do­ce años me te­nía que des­pla­zar va­rias ve­ces al año des­de mi ca­sa fa­mi­liar en La Pal­ma has­ta Ginebra, don­de iba al co­le­gio. Co­gía un bar­co de la Trans­me­di­te­rrá­nea has­ta Cá­diz o Bar­ce­lo­na y lue­go va­rios tre­nes.

Una ex­cur­sión con el co­le­gio a Si­ci­lia, nun­ca la ol­vi­da­ré, fue amor a pri­me­ra vis­ta. Cuan­do vol­ví, años des­pués, to­do se­guía

ma­ra­vi­llo­sa­men­te igual. Tam­bién re­cuer­do có­mo me im­pre­sio­nó Se­vi­lla.

Mu­chí­si­mos, ade­más de ir a las Is­las Ca­na­rias en fe­chas se­ña­la­das, pa­so dos me­ses al año en Mi­lán y mu­chas se­ma­nas en EE.UU. y en Asia. Mi pró­xi­mo des­tino se­rá To­kio.

Vi­si­tar to­dos los mo­nu­men­tos ro­ma­nos en la ru­ta de Ale­jan­dro Magno. Al­gún día –es­pe­ro que no muy le­jano– re­co­rre­ré Es­pa­ña en co­che vi­si­tan­do igle­sias se­cre­tas y des­co­no­ci­das.

Pre­fie­ro ha­cer­lo so­lo. Es di­fí­cil en­con­trar gen­te que com­par­ta tus mis­mos in­tere­ses. Te­nía pla­nes pa­ra un lar­go via­je con An­na Piag­gi, pe­ro no pu­do ser.

Na­da, lo me­nos po­si­ble y siem­pre lo lle­vo en ma­le­tas con rue­das. Así su­fre me­nos mi es­pal­da. No co­mer nun­ca en un avión. So­lo be­bo agua de Evian y co­mo ga­lle­tas Bath Oli­ver con po­ca sal.

¡Siem­pre! En Ma­drid, el co­ci­do, en Mi­lán la so­pa de ju­días blan­cas que ado­ro.

el clá­si­co mo­de­lo Es­tre­lli­ta (2008), ins­pi­ra­do en Es­pa­ña. la igle­sia de San Pedro, en Ca­mar­me­ña, As­tu­rias.

Los su­ce­si­vos ‘ma­no­los’ na­rran la tra­yec­to­ria del di­se­ña­dor. El de aba­jo, el mo­de­lo Aga­pax (pri­ma­ve­ra/ ve­rano 2014).

MA­NO­LO BLAHNÍK

A la de­re­cha,

Arri­ba,

Aba­jo,

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