AL­BERT ADRIÀ

Conde Nast Traveler (Spain) - - BUENAVIDA -

Los Adrià per­te­ne­cen a una fa­mi­lia obre­ra que cre­ció en los su­bur­bios de Llo­bre­gat y que, a fuer­za de ge­né­ti­ca y una ex­tra­or­di­na­ria ca­pa­ci­dad pa­ra el tra­ba­jo, han lle­ga­do a lo más al­to. Fe­rran es el in­ven­tor su­pre­mo, el crea­dor, el nom­bre glo­bal. Pe­ro Al­bert me­re­ce un gran res­pe­to. Es el res­tau­ra­dor más exi­to­so de Bar­ce­lo­na y uno de los pastry chef más in­flu­yen­tes del mundo. Es ten­ta­dor com­pa­rar sus lo­gros a los de su her­mano ma­yor. Am­bos tie­nen una ener­gía in­com­bus­ti­ble pe­ro, aunque Fe­rran es un genio, no tie­ne la vi­sión co­mer­cial de Al­bert. De la me­dia do­ce­na de lo­ca­les que tie­ne en Bar­ce­lo­na, yo ha­bía pro­ba­do tres: 41 De­grees, una coc­te­le­ría con ape­ri­ti­vos al es­ti­lo Bu­lli; Bo­de­ga 1900, que po­ten­cia la cul­tu­ra del ape­ri­ti­vo ca­ta­lán; y el in­creí­ble Tic­kets, una in­ten­sa con­fluen­cia cir­cen­se de ali­men­tos y hos­pi­ta­li­dad. Pak­ta, es­pe­cia­li­za­do en fu­sión pe­ruano-ja­po­ne­sa que el año pa­sa­do ga­nó su pri­me­ra es­tre­lla Mi­che­lin, es­ta­ba en mi lis­ta de ta­reas pen­dien­tes. Ce­nar aquí es una ex­pe­rien­cia sen­so­rial re­ve­la­do­ra. Su pe­que­ño co­me­dor en el ba­rrio del Po­ble Sec es muy ex­clu­si­vo, aco­ge­dor, con un cu­rio­so di­se­ño de hi­los de co­lo­res en las pa­re­des que re­cuer­da a un te­lar ét­ni­co. El ser­vi­cio des­lum­bra por su efi­cien­cia, pe­ro la co­mi­da es la es­tre­lla. Hay sas­hi­mi y al­gas, ce­vi­che y sand­wi­chi­tos, a ve­ces to­do en el mis­mo pla­to. Es­má­gi­co y Adrià lo sa­be. “Con el tiem­po, Pak­ta se­rá uno de los res­tau­ran­tes más gran­des de Es­pa­ña, no ten­go nin­gu­na du­da”, di­ce. Mien­tras to­ma­mos una co­pa, tras la ce­na, me en­tre­tie­ne con de­ta­lles de sus lu­ga­res fa­vo­ri­tos de Bar­ce­lo­na y sus teo­rías so­bre la for­ma en que se co­me aho­ra. “La al­ta co­ci­na me abu­rre más que nun­ca”, co­men­ta. “Los res­tau­ran­tes his­tó­ri­cos tiem­blan de mie­do, por­que hay nue­vas for­mas de ha­cer las co­sas”. Su im­pe­rio cre­ce sin pa­rar. Des­de mi vi­si­ta a Pak­ta, ha abier­to el­me­xi­cano Hoja Santa y una ta­que­ría al la­do lla­ma­da Ni­ño Vie­jo. Heart Ibi­za, su lo­ca aven­tu­ra con Fe­rran y el fun­da­dor del Cir­que du So­leil, abrió en ju­nio en el Gran Ho­tel de Ibi­za. Enig­ma, un mul­ties­pa­cio de 700 m2 abri­rá en ma­yo y, más tar­de, un club de pla­ya en la Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na. Como él di­ce, “abrir lu­ga­res es fá­cil. Lo que no quie­ro es que se di­ga que es­te o aquel ya no es lo que era. So­mos una mar­ca: los Adrià. Y eso es una gran res­pon­sa­bi­li­dad”. Pak­ta, des­de 90€ el me­nú ce­rra­do; ca.pak­ta.es

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