El pa­dre es­pa­ñol que co­rre ma­ra­to­nes em­pu­jan­do a su hi­jo en si­lla de rue­das

Jo­sé Manuel Roás ase­gu­ra que tie­ne "un mo­ti­vo ex­tra pa­ra que­rer mo­rir­se". Y el mo­ti­vo es es­cu­char la voz de su hi­jo Pa­blo, de 18 años, que tie­ne pa­rá­li­sis ce­re­bral y no se co­mu­ni­ca con pa­la­bras.

Corricolari es correr - - Visto En La Red - En www.bbc.com

"Pro­ba­ble­men­te yo mo­ri­ré an­tes que él por ley de vi­da y yo me ima­gino re­ci­bién­do­lo", ase­gu­ró a BBC Mun­do Roás, quien es pro­fe­sor de se­cun­da­ria en un ins­ti­tu­to pú­bli­co en Sevilla. "Me lo ima­gino vi­nien­do ha­cia mí y no só­lo di­cién­do­me pa­pá sino di­cien­do, pa­pá, te per­dono, por­que co­mo pa­dre, a ve­ces no das la ta­lla. Pen­sar en ese mo­men­to me emo­cio­na". Roás y su es­po­sa Mai­te han re­co­rri­do con Pa­blo un ca­mino de cre­ci­mien­tos y tam­bién ale­grías, ase­gu­ró el do­cen­te es­pa­ñol. "En un mun­do en que una co­sa es lo que pen­sa­mos y otra lo que de­ci­mos, Pa­blo es de una sen­ci­llez ex­qui­si­ta y una sin­ce­ri­dad in­su­pe­ra­ble y de una hu­ma­ni­dad que no po­de­mos al­can­zar", se­ña­ló Roás. Y esa ale­gría es evi­den­te en las imá­ge­nes de las mu­chas ma­ra­to­nes que Roás ha co­rri­do jun­to a su hi­jo Pa­blo, a quien em­pu­ja en si­lla de rue­das. En cuan­to em­pe­cé a co­rrer em­pu­jan­do la si­lla y él no­tó sen­sa­ción de ve­lo­ci­dad co­men­zó a reír­se y a chi­llar. Des­de ese mo­men­to, co­men­za­mos a sa­lir a co­rrer jun­tos. En la ma­ra­tón de Nue­va York, en no­viem­bre, Pa­blo no só­lo "se reía y cho­ca­ba las ma­nos a me­dia ciu­dad, tam­bién es­ta­ba de­re­cho lo que le su­po­ne un es­fuer­zo ex­tra". "Es ma­ni­fes­ta­ción inequí­vo­ca de que es­ta­ba a gus­to". "Siem­pre re­ga­la una son­ri­sa".

La idea de co­rrer con Pa­blo na­ció du­ran­te un día de va­ca­cio­nes en Huel­va. Roás iba a sa­lir a co­rrer pe­ro ese día ni su es­po­sa Mai­te ni sus otros cua­tro hi­jos po­dían que­dar­se con Pa­blo. Los her­ma­nos de Pa­blo son Ma­rio, de 25 años, Lau­ra, de 24, Mi­riam, de 22, y Ana, de 13. "En­ton­ces pen­sé, por qué no me lo lle­vo", ex­pli­có Roás. "Cuan­do co­rre­mos siem­pre re­ga­la una son­ri­sa. Si fue­ra por Pa­blo, es­ta­ría­mos ho­ras y ho­ras co­rrien­do".

"A ve­ces no das la ta­lla" Roás ha­bla de per­dón "por­que tan­tas ve­ces en las re­la­cio­nes per­so­na­les fa­mi­lia­res no da­mos la ta­lla". "Por mu­cho que la gen­te me quie­ra ver co­mo quie­ra ( la pren­sa ha­bla de un pa­pá hé­roe), la reali­dad es que tan­tos días no das la ta­lla y eres im­pa­cien­te". "Eso nos pa­sa con to­das las per­so­nas de la fa­mi­lia, lo que pa­sa es que cuan­do me­tes la pa­ta con otro hi­jo o con tu mu­jer siem­pre pue­des pe­dir per­dón". "Aun­que Pa­blo te mi­ra y con esa mi­ra­da es ver­dad que sien­tes to­do su ca­ri­ño y to­do su amor".

"Las pie­zas van en­ca­jan­do"

Pa­blo tie­ne pa­rá­li­sis ce­re­bral por fal­ta de oxí­geno du­ran­te el par­to. Roás re­co­no­ce que cuan­do su hi­jo na­ció pa­ra la fa­mi­lia "fue un shock, siem­pre pien­sas, es al­go que va a ocu­rrir a los de­más, y el mun­do un po­co se te vie­ne en­ci­ma". El pro­fe­sor in­clu­so cuen­ta una anéc­do­ta pa­ra ex­pli­car lo po­co

pre­pa­ra­do que es­ta­ba pa­ra el ca­mino que le to­ca­ría vi­vir. "La vi­da es alu­ci­nan­te", se­ña­la. "Có­mo las pie­zas van en­ca­jan­do po­co a po­co co­mo una red ma­ra­vi­llo­sa, siem­pre di­go que la his­to­ria no es ca­sual". Cuan­do Roás ter­mi­nó ma­gis­te­rio en 1987 no ha­bía pla­zas en su ra­ma, por lo que co­men­zó a pre­pa­rar la opo­si­ción pa­ra edu­ca­ción es­pe­cial, es­tu­dian­do 14 ho­ras dia­rias. "El pri­mer te­ma lo pre­pa­ré en un mes, que fue au­tis­mo, y el se­gun­do era pa­rá­li­sis ce­re­bral. Iba con el te­ma bas­tan­te avan­za­do y en la ma­ña­na desa­yu­nan­do me vi con los li­bros en la mano y me asus­té y di­je, Dios mío, ¿yo edu­ca­ción es­pe­cial? ¿Tú me es­tas pre­pa­ran­do pa­ra te­ner un ni­ño así? ". "Me pe­gué un sus­to de tal ca­li­bre que esa mis­ma ma­ña­na de­jé de pre­pa­rar la opo­si­ción pa­ra edu­ca­ción es­pe­cial y em­pe­cé a pre­pa­rar por otra ra­ma", re­la­tó Roás a BBC Mun­do. "Yo soy és­te, y sin em­bar­go es­te co­bar­de que sim­ple­men­te por un pen­sa­mien­to ca­si má­gi­co fue ca­paz de aban­do­nar un pro­yec­to co­mo una opo­si­ción hoy es­tá con­ten­to por te­ner un hi­jo así".

An­cla a la reali­dad

"Pa­blo es aho­ra mis­mo pa­ra no­so­tros un mo­ti­vo de ale­gría", afir­mó el pro­fe­sor es­pa­ñol. "Es una ben­di­ción por­que él es el que une la fa­mi­lia, el que te ayu­da a ver lo que es un pro­ble­ma y lo que no lo es". "Pa­blo tie­ne una se­rie de fal­ta de ca­pa­ci­da­des, eso es ob­vio, pe­ro por en­ci­ma de to­das las co­sas es una per­so­na y en mu­chas co­sas nos su­pera". "Pa­blo te mi­ra y con esa mi­ra­da es ver­dad que sien­tes to­do su ca­ri­ño y to­do su amor". "Yo lo pue­do su­pe­rar en el in­te­lec­to, en ca­mi­nar, pe­ro hay otras mu­chas co­sas que son muy im­por­tan­tes en el desa­rro­llo co­mo per­so­na en que él real­men­te a mí y a tan­ta gen­te nos su­pera". En un mun­do com­pli­ca­do don­de "una co­sa es lo que pen­sa­mos y otra lo que de­ci­mos, Pa­blo es de una sen­ci­llez ex­qui­si­ta y una sin­ce­ri­dad in­su­pe­ra­ble y de una hu­ma­ni­dad que no po­de­mos al­can­zar". "Por ejem­plo, hoy no he te­ni­do un se­gun­do, he ido a com­prar, a re­sol­ver pa­pe­les... y sin em­bar­go él me de­vol­ve­rá una son­ri­sa. Eso yo no lo ten­go y él te en­se­ña to­das esas co­sas". "Pa­blo te ayu­da ade­más a va­lo­rar el pre­sen­te que es lo que te­ne­mos, a no vi­vir a tres pal­mos del sue­lo en la fan­ta­sía, pla­nean­do pa­ra el fu­tu­ro, sino a vi­vir en la reali­dad. Pa­blo es un an­cla que nos an­cla a la reali­dad ".

"Lle­var es­ta his­to­ria con ale­gría"

Pa­ra Jo­sé Manuel Roás, lo que ocu­re en su fa­mi­lia "es un mi­la­gro". Pa­blo es por en­ci­ma de to­das las co­sas la po­si­bi­li­dad que Dios nos ha da­do de en­con­trar­nos con él y ver que real­men­te nos quie­re y nos cui­da. "No­so­tros lo vi­vi­mos co­mo un ver­da­de­ro mi­la­gro. Pa­ra mí es di­fí­cil de ex­pli­car. En Pa­blo lo que ve­mos es co­mo Dios mis­mo nos ayu­da por­que yo nun­ca me hu­bie­ra ima­gi­na­do lle­van­do un Pa­blo ha­cia ade­lan­te", se­ña­ló el do­cen­te es­pa­ñol. "Si no­so­tros es­ta­mos con una son­ri­sa y lle­van­do es­ta his­to­ria con mu­cha ale­gría ha­cia ade­lan­te, es­to es al­go que nos es da­do". "Por­que yo era un co­bar­de y se­gui­ré sién­do­lo, pe­ro sin em­bar­go es­ta­mos en es­ta his­to­ria, y ve­mos có­mo Dios nos ayu­da y nos ayu­da a afron­tar con es­pe­ran­za el fu­tu­ro".

Con Abel An­tón.

La fa­mi­lia al com­ple­to.

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