Pue­de que sea dis­lé­xi­co

Tu hi­jo con­fun­de de­re­cha e iz­quier­da y arri­ba y aba­jo y al em­pe­zar a leer y a es­cri­bir le­tras cam­bia la p por la b y la b por la d. Pue­de ser al­go tem­po­ral, pe­ro ha­brá que des­car­tar que pa­dez­ca dis­le­xia.

Crecer Feliz - - COSAS DE LA EDAD - Coks Feens­tra,

Es­te tér­mino pro­vie­ne del grie­go: dys (di­fí­cil) y le­xis (lec­tu­ra). Con ello se re­fie­re a la di­fi­cul­tad del apren­di­za­je de la lec­tu­ra y la ad­qui­si­ción de su au­to­ma­tis­mo. Pe­ro tam­bién con­lle­va di­fi­cul­tad en la es­cri­tu­ra e in­clu­so en la com­pren­sión de lo que se es­cu­cha, por­que quien la pa­de­ce con­fun­de al­gu­nas le­tras al leer­las y al es­cri­bir­las y cam­bia el or­den de las pa­la­bras o de las sí­la­bas.

¿CÓ­MO SE MA­NI­FIES­TA?

Hay va­rias se­ña­les que te pue­den po­ner so­bre aviso:

En el apren­di­za­je de la lec­tu­ra el ni­ño aso­cia ca­da le­tra con un so­ni­do (m a m á) y fi­nal­men­te pro­nun­cia la pa­la­bra. Con el tiem­po pa­sa del de­le­treo a re­co­no­cer la pa­la­bra de un vis­ta­zo. Al ni­ño dis­lé­xi­co le fal­ta es­te au­to­ma­tis­mo.

Cuan­do le en­se­ñan las le­tras, con­fun­de p y b, b y d, m y n. Al co­piar­las las es­cri­be al re­vés.

Su mo­tri­ci­dad es al­go tor­pe y no sa­be dis­tin­guir en­tre el la­do de­re­cho y el iz­quier­do o arri­ba y aba­jo. Es po­si­ble que es­tas di­fi­cul­ta­des sean pa­sa­je­ras, al ini­ciar el apren­di­za­je, pe­ro tam­bién pue­den ser in­di­cio de un tras­torno dis­lé­xi­co. La dis­le­xia no só­lo es un problema de lec­tu­ra y es­cri­tu­ra, sino tam­bién de au­di­ción. La asi­mi­la­ción de so­ni­dos es­tá afec­ta­da. Mien­tras que un ni­ño sin dis­le­xia dis­tin­gue bien en­tre b y p (bue­de, pue­de) o ch y sh (char­co y shar­co), el ni­ño dis­lé­xi­co no oye la di­fe­ren­cia. Es­to afec­ta a la ma­ne­ra de en­ten­der el lenguaje y dificulta más ade­lan­te la lec­tu­ra, por­que pa­ra po­der leer es im­pres­cin­di­ble aso­ciar ca­da le­tra a un so­lo so­ni­do.

DE­TEC­CIÓN TEM­PRA­NA

Es­tos ni­ños no so­lo no oyen bien la di­fe­ren­cia en­tre, por ejem­plo, una b y una d, tam­po­co la ven. In­ves­ti­ga­do­res de la Uni­ver­si­dad de Padua (Ita­lia) des­cu­brie­ron que la dis­le­xia se pue­de de­tec­tar en ni­ños an­tes de que apren­dan a leer. En­se­ña­ron a ni­ños de 4 años una se­rie de sím­bo­los (círcu­lo, cua­dra­do, signo más y signo me­nos...), de los que te­nían que se­ña­lar uno, que les mos­tra­ron. Los que tu­vie­ron di­fi­cul­tad pa­ra ha­cer­lo fue­ron los que a los 6 años ma­ni­fes­ta­ron ras­gos dis­lé­xi­cos en la lec­to-es­cri­tu­ra. Por tan­to, el problema en la asi­mi­la­ción de in­for­ma­ción vi­sual se da an­tes de que apren­dan a leer.

CUÁ­LES SON SUS CAU­SAS

Son de ori­gen neu­ro­bio­ló­gi­co y, se­gún re­cien­tes in­ves­ti­ga­cio­nes, es pro­ba­ble que se ori­gi­nen en­tre las se­ma­nas 16 y 24 del em­ba­ra­zo. En la ca­pa ex­te­rior de la cor­te­za ce­re­bral de los dis­lé­xi­cos se ob­ser­va un pa­trón des­or­de­na­do de cé­lu­las, mien­tras que lo ha­bi­tual es que es­te pa­trón es­té or­de­na­do. Y es un problema que se trans­mi­te por ge­né­ti­ca: cuan­do uno de los pa­dres es dis­lé­xi­co, el hi­jo tie­ne una pro­ba­bi­li­dad de cua­tro a ocho ve­ces ma­yor de ser­lo tam­bién.

El tras­torno se pue­de de­tec­tar en el ni­ño an­tes de que apren­da a leer. Si sos­pe­chas que tu hi­jo lo su­fre, aníma­le y con­sul­ta a un ex­per­to so­bre qué de­bes ha­cer.

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