Con quién de­jar­le mien­tras tú tra­ba­jas

Te to­ca vol­ver al tra­ba­jo y te preo­cu­pa que tu be­bé se que­de en bue­nas ma­nos. Va­lo­ra los pros y los con­tras de las op­cio­nes con las que cuen­tas.

Crecer Feliz - - SUMARIO - Coks Feens­tra, psi­có­lo­ga.

Op­tar por los abue­los ma­ter­nos o pa­ter­nos pa­ra de­jar al be­bé es una op­ción muy ha­bi­tual en nues­tro país. De he­cho, da­tos de un es­tu­dio del Im­ser­so mues­tran que la mi­tad de los abue­los es­pa­ño­les cui­dan a dia­rio de sus nie­tos.

Las ven­ta­jas

Es una al­ter­na­ti­va que apor­ta mu­cha tran­qui­li­dad a los pa­dres, cons­cien­tes de que el amor de los abue­los es tan gran­de co­mo el su­yo, lo que ase­gu­ra al ni­ño el afec­to que ne­ce­si­ta. Además, el be­bé per­ma­ne­ce en un am­bien­te tran­qui­lo y fa­mi­liar. La unión de am­bos fac­to­res, amor y ru­ti­na, es idó­nea pa­ra el buen desa­rro­llo ce­re­bral del ni­ño que al na­cer aún es in­ma­du­ro y vi­ve una gran trans­for­ma­ción en su pri­mer año. Por otro la­do, los abue­los tie­nen tan­to el tiem­po co­mo la ca­pa­ci­dad pa­ra per­ci­bir las se­ña­les su­ti­les del be­bé y res­pon­der a ellas, lo que fa­vo­re­ce el desa­rro­llo so­cial y emo­cio­nal del pe­que­ño y va crean­do en­tre ellos un fuer­te víncu­lo que per­du­ra­rá y re­for­za­rá la unión fa­mi­liar. Por úl­ti­mo, es la op­ción más eco­nó­mi­ca.

Ten en cuen­ta...

La car­ga de cui­dar a un be­bé día tras día pue­de ser pe­sa­da pa­ra una per­so­na ma­yor. So­lo es acon­se­ja­ble que asu­ma es­ta ta­rea si go­za de sa­lud y, muy im­por­tan­te, si real­men­te desea ha­cer­lo. Una op­ción es re­par­tir los cui­da­dos en­tre los abue­los pa­ter­nos y ma­ter­nos –es­to, además, nos per­mi­te con­tar con unos si un día fa­llan los otros–. Tam­bién hay que te­ner pre­sen­tes los po­si­bles ro­ces por la bre­cha in­ter­ge­ne­ra­cio­nal. De­ben ser los pa­dres quie­nes mar­quen la pau­ta, sin de­jar de la­do el diá­lo­go y el mu­tuo res­pe­to.

No es lo mis­mo que una guar­de­ría. El cen­tro de edu­ca­ción in­fan­til es­tá su­je­to a un pro­yec­to y una me­to­do­lo­gía edu­ca­ti­vos, ava­la­dos por la Con­se­je­ría de Edu­ca­ción, sus pro­fe­sio­na­les son ti­tu­la­dos en Ma­gis­te­rio In­fan­til y hay un con­trol so­bre la ra­tio niños/edu­ca­dor se­gún la edad del gru­po, con­di­cio­nes que no ga­ran­ti­za una guar­de­ría.

Las ven­ta­jas

En un cen­tro de edu­ca­ción in­fan­til el ho­ra­rio es am­plio y mu­chos atien­den ca­si to­do el año, in­clu­yen­do el ve­rano. No es ne­ce­sa­rio te­ner un plan B de cui­da­do del be­bé, pues­to que las ba­jas de las edu­ca­do­ras son cu­bier­tas y el ser­vi­cio es­tá siem- pre dis­po­ni­ble. Además, cuen­ta con ma­te­rial edu­ca­ti­vo que no se sue­le te­ner en ca­sa y los pro­fe­sio­na­les que se en­car­gan de los niños tie­nen una am­plia for­ma­ción en to­do lo re­la­ti­vo a sus cui­da­dos, es­ti­mu­la­ción... Por úl­ti­mo, el be­bé con­vi­ve con otros niños, al­go que a par­tir de los 10 me­ses pue­de con­tri­buir a des­per­tar su cu­rio­si­dad y más ade­lan­te su afán de imi­ta­ción.

Ten en cuen­ta...

Es­tar en un gru­po de niños con tra­sie­go de per­so­nas pue­de ser es­tre­san­te pa­ra el pe­que­ño, co­mo apun­ta un es­tu­dio de la Uni­ver­si­dad de Nij­me­gen, en Ho­lan­da, se­gún el cual los ni­ve­les de hor­mo­nas del es­trés en es­tos be­bés son más al­tos que en los cui­da­dos en ca­sa. La cla­ve, se­gún otro es­tu­dio del Ins­ti­tu­to de Sa­lud In­fan­til y Desa­rro­llo Hu­mano de EE.UU., es­tá en la ca­li­dad de aten­ción que re­ci­ba el ni­ño. En es­te sen­ti­do, con­vie­ne de­can­tar­se por un cen­tro en el que el be­bé ten­ga aten­ción per­so­na­li­za­da, cer­ca­na co­mo la de una ma­dre, y bue­na ra­tio niños/cui­da­dor (lo ideal, si es po­si­ble, se­ría de 3 niños/1 edu­ca­dor, co­mo en EE.UU.) Por otro la­do, mu­chos pe­dia­tras des­acon­se­jan es­ta al­ter­na­ti­va pa­ra pre­ma­tu­ros y be­bés vul­ne­ra­bles por ha­ber su­fri­do al­gu­na en­fer­me­dad, ya que al con­vi­vir con otros niños es­tán más ex­pues­tos a in­fec­cio­nes.

Es una al­ter­na­ti­va fre­cuen­te cuan­do no se cuen­ta con ayu­da de la fa­mi­lia y se desea que el be­bé se que­de en ca­sa a dia­rio. Es esen­cial de­di­car tiem­po a ele­gir a la per­so­na, con­tar con re­fe­ren­cias pre­vias (aca­ba de es­tre­nar­se una pla­ta­for­ma que ayu­da a bus­car ni­ñe­ra; mi­ra https://yoo­pies.es/) y es­tar unos días con ella y con el be­bé pa­ra ver có­mo le cui­da, si en­tre ellos hay quí­mi­ca, si sa­be ac­tuar an­te una emer­gen­cia... Una ver­sión de es­ta al­ter­na­ti­va, si la ca­sa es am­plia, es con­tar con una au pair que vi­va con la fa­mi­lia.

Las ven­ta­jas

De­jar al be­bé al cui­da­do de una can­gu­ro po­si­bi­li­ta que per­ma­nez­ca en su pro­pio en­torno y que cuan­do los pa­dres se van a tra­ba­jar pue­da se­guir dur­mien­do. De es­ta ma­ne­ra no se in­ter­fie­re en su ho­ra­rio ha­bi­tual y se evi­ta el es­trés. Y no ha­ce fal­ta con­tar con otras op­cio­nes pa­ra los días en los que el ni­ño se po­ne enfermo. Otra gran ven­ta­ja es que el be­bé re­ci­be una aten­ción to­tal­men­te per­so­na­li­za­da en un am­bien­te tran­qui­lo, ya que la can­gu­ro ejer­ce co­mo una con­ti­nua­ción de la ma­dre.

Ten en cuen­ta...

Ac­tual­men­te, con­tar con una can­gu­ro no es una op­ción ba­ra­ta. Además, exi­ge a los pa­dres ser ca­pa­ces de con­fiar en al­guien ajeno al nú­cleo fa­mi­liar, te­ner cla­ro có­mo quie­ren que cui­den a su be­bé y sa­ber de­le­gar. Por úl­ti­mo, es ne­ce­sa­rio que ten­gan al­go pre­vis­to por si al­gún día la can­gu­ro no pue­de acu­dir y, por su­pues­to, pa­ra cu­brir su fal­ta du­ran­te su pe­rio­do de va­ca­cio­nes. En el año 2003 se creó es­te ser­vi­cio, en el que una ma­dre de día ( ta­ges­müt­ter, en su equi­va­len­te ale­mán) cui­da en su do­mi­ci­lio du­ran­te 8 ho­ras al día a un má­xi­mo de cua­tro niños me­no­res de 3 años (tres, si uno de ellos es un be­bé de me­nos de 12 me­ses). La ca­sa de la ma­dre o el pa­dre de día de­be cum­plir las con­di­cio­nes ne­ce­sa­rias y la per­so­na ha de con­tar con una ti­tu­la­ción es­pe­cí­fi­ca.

Las ven­ta­jas

Con es­ta op­ción el ni­ño se en­cuen­tra en un am­bien­te ho­ga­re­ño y fa­mi­liar, que es pa­ra él co­mo una se­gun­da ca­sa en la que tie­ne her­ma­nos y le apor­ta se­gu­ri­dad y bie­nes­tar. Además, los ra­tios de me­no­res por cui­da­dor son ba­jos, lo cual ga­ran­ti­za una aten­ción per­so­na­li­za­da, y hay un ho­ra­rio fle­xi­ble, sien­do po­si­ble lle­var al ni­ño so­lo par­te del día o por ho­ras. Por úl­ti­mo, mu­chas ma­dres de día si­guen un mé­to­do edu­ca­ti­vo con­cre­to, co­mo el de Wal­dorf o Mon­tes­so­ri.

Ten en cuen­ta...

De mo­men­to es­te ser­vi­cio so­lo es­tá re­gu­la­do en la Co­mu­ni­dad de Ma­drid y en Na­va­rra. Y el pre­cio es pa­re­ci­do al de un cen­tro de edu­ca­ción in­fan­til pri­va­do sin sub­ven­ción. Por otra par­te, la per­so­na es­tá so­la an­te la ar­dua ta­rea de cui­dar a va­rios niños (aun­que las ma­dres de día sue­len es­tar co­nec­ta­das en­tre sí). Por úl­ti­mo, hay que te­ner una al­ter­na­ti­va por si la ma­dre de día en­fer­ma.

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