El se­cre­to para que des­can­se muy bien

Dor­mir es una fun­ción fi­sio­ló­gi­ca fun­da­men­tal para el de­sa­rro­llo glo­bal del be­bé. ¿Sa­bes có­mo pro­por­cio­nar­le los más dul­ces sue­ños? ¡Te ayu­da­mos a con­se­guir­lo!

Crecer Feliz - - SUMARIO - Es­ter Alon­so

To­dos los be­bés na­cen pre­pa­ra­dos para dor­mir bien. Lo que ocu­rre es que al prin­ci­pio lo ha­cen a su ma­ne­ra, que no es la mis­ma que la nues­tra. Sa­ber­lo te ayu­da­rá a no ago­biar­te y a fa­vo­re­cer el des­can­so co­rrec­to de tu hi­jo. ¿La cla­ve? Res­pe­tar su rit­mo ini­cial y al mis­mo tiempo crear un en­torno y una ru­ti­na que, po­co a po­co, le ayu­den a fi­jar bue­nos há­bi­tos de sue­ño.

An­te to­do, calma

El ni­ño es muy sen­si­ble a tus emo­cio­nes. Si te ago­bias al lle­var­le a dor­mir, lo no­ta­rá y se ten­sa­rá. Man­tén una ac­ti­tud re­la­ja­da cuan­do le va­yas a acos­tar y apaga el te­lé­fono y otros ele­men­tos de dis­trac­ción, para con­cen­trar­te en la ta­rea y dis­fru­tar­la con calma.

Crea un en­torno apa­ci­ble

La ha­bi­ta­ción del be­bé de­be te­ner luz na­tu­ral, ven­ti­lar­se a dia­rio y ser si­len­cio­sa. Aun­que uses al­gún dis­po­si­ti­vo “vi­gi­la­be­bés”, es pre­fe­ri­ble que se en­cuen­tre cer­ca de la tu­ya. La tem­pe­ra­tu­ra de­be os­ci­lar en­tre los 20 y los 22°C y es bueno que ha­ya cier­to gra­do de hu­me­dad, para pre­ve­nir la se­que­dad de piel y mu­co­sas. Si el am­bien­te es muy se­co, pue­des po­ner un hu­mi­di­fi­ca­dor de va­por frío (una ho­ra an­tes de acos­tar al ni­ño) o col­gar un re­ci­pien­te con agua en el ra­dia­dor.

Los tex­ti­les (cor­ti­nas, al­fom­bras, co­ji­nes, etc.) tie­nen que ser de fi­bras na­tu­ra­les para evi­tar aler­gias. Y que se pue­dan la­var con fa­ci­li­dad, ya que es muy pro­ba­ble que se man­chen. Es re­co­men­da­ble que las ven­ta­nas es­tén vestidas con vi­si­llos cor­tos tras­lú­ci­dos y li­ge­ros, que per­mi­tan apro­ve­char la luz na­tu­ral, y no se acon­se­ja el uso de mo­que­tas, por­que acu­mu­lan gran can­ti­dad de áca­ros. Las lu­ces de la ha­bi­ta­ción del pe­que­ño de­ben ser sua­ves e in­di­rec­tas, para evi­tar que in­ci­dan en sus ojos, y mo­ver­se con fa­ci­li­dad, para ajus­tar­se a las ne­ce­si­da­des.

Cu­na cin­co es­tre­llas

Es el mue­ble más im­por­tan­te, ad­quié­re­lo en un es­ta­ble­ci­mien­to de ga­ran­tía. Y ten en cuen­ta:

Si es de ma­de­ra, su pin­tu­ra o bar­niz ha de ser ató­xi­co.

El es­pa­cio en­tre los ba­rro­tes no de­be ser mayor de 6 cm, des­de en­ci­ma del col­chón has­ta la ba­ran­di­lla ha de te­ner co­mo mí­ni­mo 50 cm y el es­pa­cio en­tre el col­chón y los ba­rro­tes no de­be ser mayor de dos de­dos en nin­gún pun­to.

La ba­rre­ra aba­ti­ble ha de es­tar blo­quea­da siem­pre que el ni­ño es­té en la cu­na. Cuan­do el be­bé se sien­te o se pon­ga de pie, ba­ja el so­mier; y cuan­do la ba­ran­di­lla le lle­gue al pe­cho ten­drás que pa­sar­le a una ca­ma.

El col­chón pue­de ser de di­fe­ren­tes ma­te­ria­les: fi­bra de co­co (an­ti-hu­me­dad y trans­pi­ra­ble), vis­coe­lás­ti­ca (sen­si­ble a la for­ma y tem­pe­ra­tu­ra del cuer­po), lá­tex (hi­poa­ler­gé­ni­co y trans­pi­ra­ble)… Sea del ma­te­rial que sea, no de­be hun­dir­se con el pe­so del ni­ño. Si la cu­na es he­re­da­da (no uses nin­gu­na de más de 10 años de an­ti­güe­dad), cam­bia el col­chón por uno nue­vo, más fir­me.

Las sá­ba­nas de la cu­na de­ben ser de al­go­dón 100%, no de fra­ne­la ni de nin­gu­na otra fi­bra que suel­te pe­lu­sas.

Y un apun­te: si el ni­ño tie­ne re­flu­jo pue­de que el pe­dia­tra te acon­se­je po­ner al­go ba­jo el col­chón para ele­var el ca­be­ce­ro.

La ru­ti­na es el se­cre­to

Na­da es más efi­caz para lo­grar que el be­bé duerma bien que in­cul­car ru­ti­nas de des­can­so. Aun­que has­ta los 3-4 me­ses no se­rá ca­paz de dor­mir sin des­per­tar­se para co­mer (al­gu­nos tar­dan más) es esen­cial que es­ta­blez­cas un or­den de ac­ti­vi­da­des pre­vias al sue­ño cuan­to an­tes. Em­pie­za a po­ner­las en prác­ti­ca ha­cia las 6 se­ma­nas de vi­da:

Acués­ta­le (sies­tas y sue­ño noc­turno) y des­piér­ta­le más o me­nos a la mis­ma ho­ra to­dos los días.

Crea un ri­tual para dor­mir y des­per­tar. Lo más ex­ten­di­do es acos­tar­le des­pués del ba­ño y de la ce­na, pe­ro si tu be­bé es de los que se ac­ti­van con el agua, bá­ña­le por la mañana.

Es es­tu­pen­do que, en­tre la ce­na y la cu­na, pa­ses un tiempo tran­qui­lo con él, ha­blán­do­le, can­tan­do o po­nién­do­le mú­si­ca re­la­jan­te; si uti­li­zas siem­pre la mis­ma, la aso­cia­rá con el sue­ño y le ayu­da­rá a dor­mir.

Para que dis­tin­ga en­tre el día y la no­che, pro­cu­ra que ha­ya di­fe­ren­cias en­tre las sies­tas y el sue­ño noc­turno. No ba­jes del to­do las per­sia­nas cuan­do duerma de día y de­ja que es­té en un en­torno ac­ti­vo, con so­ni­dos sua­ves.

Sé cons­tan­te con las ru­ti­nas: no las cam­bies ca­da po­co para ver si hay otra que fun­cio­na mejor.

Es­ti­mu­la­ción, la jus­ta

En la ha­bi­ta­ción del ni­ño si­gue la má­xi­ma de “me­nos es más”. En las pri­me­ras se­ma­nas de vi­da, los ojos del ni­ño no se­rán ca­pa­ces de dis­tin­guir bien for­mas y co­lo­res, pe­ro cuan­do lo ha­ga te­ner de­ma­sia­da es­ti­mu­la­ción en la ha­bi­ta­ción pue­de in­ter­fe­rir en su des­can­so. Es mejor que las pa­re­des y la ro­pa de cu­na ten­gan co­lo­res sua­ves, que in­vi­ten al sue­ño y no al­te­ren sus ner­vios. El ex­ce­so de ju­gue­tes, ade­más de re­sul­tar pe­li­gro­so, pue­de es­ti­mu­lar de­ma­sia­do al ni­ño: po­ner un mó­vil en la cu­na, para que se dis­trai­ga cuan­do se des­pier­te, y un dou­dou, para que se sien­ta “acom­pa­ña­do”, es su­fi­cien­te. Para man­te­ner el or­den, si­túa ca­jas y es­truc­tu­ras de al­ma­ce­na­je, así el cuar­to es­ta­rá des­pe­ja­do.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.