¿Y si no se adap­ta a la guar­de­ría?

Crecer Feliz - - BEBÉ -

Es una po­si­bi­li­dad, pe­ro pa­ra que no su­ce­da hay que in­ten­tar cum­plir con las in­di­ca­cio­nes del pe­rio­do de adap­ta­ción es­ta­ble­ci­do por el cen­tro. Du­ran­te es­te tiem­po, que va­ría se­gún la edad del ni­ño o si ya ha asis­ti­do a otros cen­tros edu­ca­ti­vos, se pre­ten­de que el pe­que­ño se in­cor­po­re po­co a po­co a las nue­vas ru­ti­nas y ho­ra­rios, por lo que hay que ser fle­xi­ble y muy pa­cien­te has­ta que lo lo­gre. Pa­ra ayu­dar­le, los pa­dres han de mos­trar­se tran­qui­los y se­gu­ros pa­ra no ge­ne­rar­le an­sie­dad y mie­dos (el ni­ño cap­ta sus te­mo­res, su des­con­fian­za e in­se­gu­ri­da­des y vi­ve la si­tua­ción co­mo al­go ne­ga­ti­vo).

Sín­to­mas a va­lo­rar

Se­gún la Aso­cia­ción Mun­dial de Edu­ca­do­res In­fan­ti­les, los pe­que­ños pue­den reac­cio­nar de di­fe­ren­tes ma­ne­ras:

Re­bel­de con cau­sa. Se re­be­lan des­de el pri­mer mo­men­to y suel­tan su ra­bia con pa­ta­le­tas, llan­tos, des­obe­de­cien­do to­do lo que se les di­ce, re­cha­zan la co­mi­da y al­gu­nos se ha­cen pis de nue­vo. Es una reac­ción nor­mal y ló­gi­ca; el pro­nós­ti­co de adap­ta­ción es bueno.

Un día va­le,

pe­ro más no. El se­gun­do o ter­cer día, cuan­do los ni­ños ven que la co­sa no es tran­si­to­ria, em­pie­zan con el llan­to y las pa­ta­le­tas. Tam­bién es nor­mal y su adap­ta­ción sue­le ser bue­na.

Sí, pe­ro no. Pa­re­cen acep­tar la si­tua­ción, pe­ro se man­tie­nen ais­la­dos y ape­nas ha­blan. Obe­de­cen y co­la­bo­ran cuan­do se les pi­de, pe­ro man­tie­nen una tris­te­za y re­sig­na­ción que les lle­va a que­dar­se en un rin­cón ob­ser­van­do. Es­tos ni­ños a los que les cues­ta ex­pre­sar­se y mos­trar sus sen­ti­mien­tos son los que pre­ci­san más tiem­po de adap­ta­ción a la guar­de­ría y los que más preo­cu­pan a los edu­ca­do­res.

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