En la es­cue­la in­fan­til o en ca­sa, ¿qué apren­de?

Mu­cho, si dis­po­ne de un en­torno y unas ac­ti­vi­da­des que fa­vo­rez­can su desa­rro­llo. Os con­ta­mos có­mo le en­se­ñan en la guar­de­ría y có­mo po­déis ha­cer­lo en vues­tro ho­gar.

Crecer Feliz - - SUMARIO - Est­her Gar­cía

Los tres pri­me­ros años de vi­da del ni­ño son esen­cia­les en cuan­to a su desa­rro­llo y ma­du­ra­ción. A es­ta edad, vues­tro hi­jo apren­de ju­gan­do, ob­ser­van­do, ex­pe­ri­men­tan­do... Y pa­ra ello ne­ce­si­ta que su en­torno fa­vo­rez­ca es­te apren­di­za­je. En la es­cue­la in­fan­til, a la que acu­den el 30% de los me­no­res de tres años en Es­pa­ña, las ru­ti­nas, las ac­ti­vi­da­des y los ma­te­ria­les es­tán pen­sa­dos con es­te ob­je­ti­vo. Pe­ro ¿y si vues­tro ni­ño no va al co­le has­ta el se­gun­do ci­clo de edu­ca­ción in­fan­til? No pa­sa na­da, vues­tras aten­cio­nes y jue­gos se­rán el mo­tor que le ani­me a ma­du­rar y a in­ten­tar co­sas nue­vas. Y ade­más, po­déis to­mar no­ta de lo que le en­se­ñan en la guar­de­ría y po­ner­lo en prác­ti­ca en ca­sa. ¡Le en­can­ta­rá!

Du­ran­te el pri­mer año

Se­pa­rar­se de pa­pá y ma­má no es na­da fá­cil pa­ra el be­bé, y me­nos a par­tir de los seis me­ses, cuan­do co­mien­za la eta­pa de mie­do a los ex­tra­ños y apa­re­ce la an­gus­tia de se­pa­ra­ción; por eso lo­grar que el pe­que­ño se sien­ta bien en su nue­vo en­torno es el ob­je­ti­vo prin­ci­pal de las es­cue­las in­fan­ti­les. En es­ta eta­pa no sue­le ha­ber ac­ti­vi­da­des con­cre­tas, se atien­de a ca­da ni­ño se­gún su pro­pio rit­mo de ali­men­ta­ción, sue­ño, etc. Po­ner a su al­can­ce ju­gue­tes ade­cua­dos pa­ra su edad y un en­torno se­gu­ro en el que pue­da des­pla­zar­se es bá­si­co, tan­to en ca­sa co­mo en la es­cue­la, pa­ra fo­men­tar la ac­ti­vi­dad.

De 1 a 2 años

Aten­der a las ne­ce­si­da­des in­di­vi­dua­les de ca­da ni­ño si­gue sien­do la prio­ri­dad. Hay que te­ner en cuen­ta que aun­que el desa­rro­llo evo­lu­ti­vo si­gue un or­den si­mi­lar en to­dos los pe­ques, no ocu­rre así con el rit­mo; es de­cir, igual de nor­mal es el ni­ño que ca­mi­na con 12 me­ses que el que si­gue ga­tean­do, o el que a los 18 me­ses di­ce sus pri­me­ras pa­la­bras y el que ya tie­ne un am­plio vo­ca­bu­la­rio. No obs­tan­te, en la es­cue­la se em­pie­zan a tra­ba­jar cier­tas ru­ti­nas y há­bi­tos de au­to­no­mía. Vo­so­tros po­déis ha­cer­lo tam­bién:

No acu­dáis co­rrien­do ca­da vez que os re­cla­me. Com­pro­bad que no es na­da ur­gen­te y si es así, ha­ced que es­pe­re un po­qui­to ex­pli­cán­do­le que es­táis ocu­pa­dos y de­ján­do­le al­go con lo que en­tre­te­ner­se. Fe­li­ci­tad­le des­pués, pa­ra re­for­zar su pa­cien­cia.

De­jad que em­pie­ce a co­mer con las ma­nos y con la cu­cha­ra y com­prad­le una ta­za con asas y ta­pa pa­ra sus­ti­tuir al bi­be­rón del agua. No os preo­cu­péis por si se man­cha, prac­ti­car es la úni­ca ma­ne­ra de apren­der.

Id ini­cián­do­le po­co a po­co en la­var­se las ma­nos en el la­va­bo: ex­pli­cad­le cuán­do y có­mo de­be ha­cer­lo mien­tras le ayu­dáis.

Pe­did­le co­la­bo­ra­ción pa­ra guar­dar sus ju­gue­tes, dán­do­le ins­truc­cio­nes sen­ci­llas. Por otra par­te, en es­te pe­río­do re­sul­ta fun­da­men­tal po­ten­ciar la psi­co­mo­tri­ci­dad y el len­gua­je, tan­to en la guar­de co­mo en ca­sa.

A par­tir del año po­déis ir em­pe­zan­do a tra­ba­jar al­gu­nas ru­ti­nas, res­pe­tan­do su rit­mo evo­lu­ti­vo.

Y la for­ma de ha­cer­lo es a tra­vés del jue­go y las in­ter­ac­cio­nes con los adul­tos. Vues­tros alia­dos: jue­gos de cons­truc­ción, en­ca­ja­bles, ju­gue­tes de arras­trar y em­pu­jar, pe­lo­tas, ce­ras gran­des… En­se­ñad­le a usar­los ju­gan­do con él. Tam­bién le di­ver­ti­rá mu­cho (y fa­vo­re­ce­rá su desa­rro­llo) que ha­gáis ca­rre­ras, bai­léis, le en­se­ñéis can­cio­nes con ges­tos, pon­gáis mue­cas fren­te a un es­pe­jo o mi­réis con él li­bros de imá­ge­nes pa­ra apren­der pa­la­bras.

En­tre los 2 y los 3 años de edad

A es­ta edad mu­chas es­cue­las in­fan­ti­les em­pie­zan a es­ta­ble­cer un ho­ra­rio co­mún pa­ra to­dos los pe­ques en asun­tos co­mo dor­mir la sies­ta o co­mer. En ca­sa ya ten­dréis esa ru­ti­na, pe­ro si vais a lle­var al ni­ño a la es­cue­la el año que vie­ne, es­ta­ría bien ir adap­tán­do­la po­co a po­co a los ho­ra­rios que se se­gui­rán allí. El desa­rro­llo, el len­gua­je y la psi­co­mo­tri­ci­dad si­guen sien­do áreas bá­si­cas, y son muy úti­les los jue­gos de la eta­pa an­te­rior. Ade­más...

Una ac­ti­vi­dad tí­pi­ca es ver cuen­tos. No so­lo me­jo­ra el vo­ca­bu­la­rio y la com­pren­sión del pe­que­ño, tam­bién fo­men­ta su crea­ti­vi­dad y tra­ba­ja mu­cho su aten­ción.

En la guar­de­ría se co­mien­zan a usar cua­der­nos de fi­chas pa­ra me­jo­rar la psi­co­mo­tri­ci­dad fi­na, tra­ba­jar la prees­cri­tu­ra, apren­der con­cep­tos, etc. Po­déis en­con­trar es­tas fi­chas en in­ter­net o com­prar­le su pro­pio cua­derno. Pe­ro ¡ojo! Es fá­cil caer en el error de creer que el ni­ño de­be­ría ser ca­paz de ha­cer to­das las fi­chas, ya que son pa­ra su edad. La reali­dad es que ne­ce­si­ta­rá mu­cho de vues­tra ayu­da y los re­sul­ta­dos es­ta­rán muy alejados de lo que un adul­to ten­dría en men­te.

Un área que se re­fuer­za es­pe­cial­men­te en la guar­de en es­ta eta­pa es la de la au­to­no­mía. Mu­chos ni­ños ya co­men so­los con cu­cha­ra, al­gu­nos em­pie­zan a con­tro­lar es­fín­te­res y ha­cer pi­pí en el vá­ter, se la­van las ma­nos an­tes de co­mer, cuel­gan su abri­go… Po­déis ini­ciar es­tas ac­ti­vi­da­des en ca­sa, te­nien­do en cuen­ta que hay que adap­tar­se al rit­mo evo­lu­ti­vo y la ca­pa­ci­dad de ca­da ni­ño (en eso te­néis ven­ta­ja, na­die le co­no­ce me­jor que vo­so­tros).

¿Y qué ocu­rre con la so­cia­li­za­ción? Es un te­ma que sue­le preo­cu­par a los pa­dres cu­yos hi­jos no van a la es­cue­la, por­que aun­que a es­ta edad los pe­ques aún no jue­gan jun­tos, sí tie­nen la opor­tu­ni­dad de imi­tar­se en­tre ellos, com­par­tir ju­gue­tes (o pe­lear­se por usar­los), ob­ser­var las in­ter­ac­cio­nes de la pro­fe... y eso les en­se­ña a re­la­cio­nar­se. Vo­so­tros po­déis fa­vo­re­cer es­te apren­di­za­je lle­van­do a vues­tro hi­jo al par­que a ju­gar con ni­ños a dia­rio, de­ján­do­le a dor­mir en ca­sa de sus pri­mos, con­tán­do­le cuen­tos so­bre re­la­cio­nes...

Crear en el ho­gar un en­torno se­gu­ro, co­mo ha­cen en la es­cue­la, per­mi­te al ni­ño explorar y fa­vo­re­ce su apren­di­za­je.

Un am­bien­te es­ti­mu­lan­te

Por úl­ti­mo, re­cor­dad que una de las cla­ves de las es­cue­las in­fan­ti­les es ofre­cer a los pe­ques un es­pa­cio adap­ta­do a ellos pa­ra que se sien­tan más li­bres a la ho­ra de explorar, al­go que con­vie­ne que ha­gáis en vues­tro ho­gar:

Re­cu­rrid a me­di­das de pro­tec­ción pa­ra evi­tar pe­li­gros (ta­pas de en­chu­fe, blo­queo de puer­tas, ba­ran­di­llas de es­ca­le­ra, etc.).

Cam­biad de vez en cuan­do la de­co­ra­ción de su cuar­to pa­ra es­ti­mu­lar la ob­ser­va­ción.

Po­ned los ju­gue­tes y cuen­tos a su al­can­ce, así fa­vo­re­céis tam­bién la au­to­no­mía.

Uti­li­zad mue­bles adap­ta­dos, co­mo una si­lla y me­si­ta de su al­tu­ra, un al­za­dor en el cuar­to de ba­ño, una pi­za­rra pe­que­ña…

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