En­tre­vis­ta­mos a Ben Affleck y Ja­son Mo­moa

Son dos hom­bres muy di­fe­ren­tes, pe­ro, char­lan­do con ellos, de­mues­tran que su quí­mi­ca traspasa la pan­ta­lla.

Cuore - - Sumario - > por Lau­ra Sacks­vi­lle

Uno es de Bos­ton, ac­tor, di­rec­tor, pro­duc­tor y ga­na­dor de dos Os­car. El otro, ha­waiano, sur­fe­ro, atle­ta, ex­mo­de­lo, ac­tor y di­rec­tor. Ben Affleck (45) y Ja­son Mo­moa (38) tie­nen en co­mún ser pa­dres y fans de los có­mics, y ad­mi­ten ha­ber acep­ta­do in­ter­pre­tar a un su­per­hé­roe pa­ra ga­nar­se la ad­mi­ra­ción de sus hi­jos. Hoy es­tán en Lon­dres, don­de nos he­mos ci­ta­do, pa­ra pro­mo­cio­nar su tra­ba­jo en Li­ga de la Jus­ti­cia. En la úl­ti­ma Co­mic Con, en Las Ve­gas, fui­mos tes­ti­gos del cla­mor que en­vuel­ve a es­tos hom­bres cuan­do se jun­tan… y en Lon­dres no ha si­do me­nos.

—¿Qué hay de vo­so­tros en los per­so­na­jes de Aqua­man y Bat­man? Ja­son:

Bas­tan­te. Ob­via­men­te, la vi­sión de este per­so­na­je hay que atri­buír­se­la a Zack Sny­der, que qui­so que un des­cen­dien­te de po­li­ne­sios, co­mo soy yo, fue­ra el que re­pre­sen­ta­ra a este per­so­na­je pro­ce­den­te mi­tad del océano, mi­tad de la tie­rra. Yo he apor­ta­do mu­chas co­sas mías y de mi cul­tu­ra, pe­que­ños de­ta­lles que no es­ta­ban en el guión, pe­ro que sa­lían es­pon­tá­nea­men­te.

Ben: A mí me gus­ta mu­cho es­ta ver­sión de Bat­man. El an­te­rior siem­pre es­ta­ba en­fa­da­do con Su­per­man (ri­sas), y en es­ta es más iró­ni­co. En eso se pa­re­ce un po­co a mí.

—¿Os quie­ren más vues­tros hi­jos aho­ra que sa­ben que po­déis sal­var el mun­do? J.

Los míos me vi­si­tan con fre­cuen­cia en mis ro­da­jes. Des­de que tie­nen 6 y 7 años me han vis­to lu­char por sal­var al mun­do y es­tán muy or­gu­llo­sos de mí (ri­sas).

B. Lo me­jor que te pue­de pa­sar es ob­ser­var la ca­ra de tus hi­jos cuan­do te ven ves­ti­do de Bat­man y pien­san que eres un hé­roe.

—¿Qué pien­san los pe­que­ños de que sus pa­dres den vi­da a es­tas fi­gu­ras de ac­ción? J.

(Ben) Jen­ni­fer Gar­ner es una mu­jer y una ma­dre a ex­cep­cio­nal ca­paz de criar tres hi­jos y tra­ba­jar a la vez.”

A mis hi­jos les en­can­ta ju­gar y liar­se a gol­pes con ellas (ri­sas). Lo me­jor fue cuan­do uno de ellos se creó un dis­fraz de Ha­llo­ween

de mi per­so­na­je. Aho­ra, ade­más, soy un Le­go, eso sig­ni­fi­ca que he triun­fa­do en es­ta in­dus­tria (ri­sas). Pe­ro los fa­vo­ri­tos de mis ni­ños son Bat­man y Won­der Wo­man. Esos son los per­so­na­jes que vi­ven en mi casa.

B. Yo a Bat­man lo de­jo en la ofi­ci­na. Allí per­ma­ne­ce en­ce­rra­do... o al me­nos lo ha­ce su tra­je. Mi hi­jo ya pien­sa que tie­ne a Bat­man de car­ne y hue­so y no les ha­ce mu­cho ca­so a las fi­gu­ri­tas (ri­sas).

—El te­ma re­cu­rren­te del fil­me es la fuen­te de ener­gía de la que se nu­tren ca­da uno de los per­so­na­jes. ¿De dón­de sa­le la vues­tra? B.

La mía pro­ce­de de Ja­son. Este tío tie­ne una ener­gía in­ter­mi­na­ble, po­dría ser el ge­ne­ra­dor prin­ci­pal del que nos nu­tri­mos los de­más.

J. La mía, de la pa­sión que pon­go en to­do lo que ha­go y del que­rer apren­der co­sas nue­vas, des­de ser pa­dre a es­ca­lar una mon­ta­ña o be­ber­me un par de cer­ve­zas, por­que, cuan­do amo lo que ha­go y lo ha­go bien, me da un fuer­te subidón. Ese es mi ge­ne­ra­dor. Lle­vo ac­tuan­do des­de que te­nía 19 años, aho­ra ten­go 38. He re­co­rri­do un lar­go ca­mino has­ta lle­gar aquí y me sien­to muy hon­ra­do de po­der com­par­tir mi tra­ba­jo con gen­te co­mo Ben y el res­to del equi­po.

—Hay un mo­men­to en la pe­lí­cu­la en el que al­guien pre­gun­ta: “¿Cuál es vues­tro po­der?”, y tú, Ben, res­pon­des: “Soy ri­co”. ¿Cuál es tu re­la­ción con el di­ne­ro? B.

Si hu­bie­ra sa­bi­do cuán­tas ve­ces me iban a ha­cer es­ta pre­gun­ta, hu­bie­ra su­pri­mi­do esa línea en el guión. Nun­ca he si­do de los que glo­ri­fi­can a los ri­cos o de los que pen­sa­ban que, si fue­ra bi­llo­na­rio, se­ría fe­liz. Mi re­la­ción con el di­ne­ro es la de nun­ca ha­ber si­do am­bi­cio­so. En es­ta pro­fe­sión unas ve­ces te en­cuen­tras con opor­tu­ni­da­des que te ofre­cen mu­cho di­ne­ro y otras que te ofre­cen sa­tis­fac­cio­nes más per­so­na­les. Yo du­ran­te mu­chos años he bus­ca­do la se­gun­da op­ción... No creo que ser ri­co sea un su­per­po­der, a no ser que te gas­tes to­do el di­ne­ro en un Bat­mó­vil (ri­sas).

J. Eso es lo que di­ce Bat­man, cu­yo su­per­po­der es usar su ri­que­za de for­ma po­co con­ven­cio­nal… por ejem­plo, fa­bri­can­do gad­gets que

(Ja­son) Tra­to de ser un buen aman­te, ese es mi fuer­te, el amor.”

sir­van pa­ra com­ba­tir a los ma­los. Es pu­ra fi­lan­tro­pía (ri­sas).

B. —¿Cuál creéis en­ton­ces que es vues­tro fuer­te? J.

Yo tra­to de ser un gran aman­te (ri­sas). Ese es mi fuer­te, el amor. B. Va­le, tío (ri­sas), yo no as­pi­ro tan al­to, me con­for­mo con ha­cer­lo bien. ¿Es eso un su­per­po­der?

—¿Qué ha­béis apren­di­do del amor? Em­pie­za tú, Ben, que pa­re­ce que sa­bes bas­tan­te... B:

No es ver­dad (ri­sas). Si quie­res sa­ber más del amor, pre­gún­ta­le a Ja­son. Va­mos, Ja­son, há­bla­les de amor (ri­sas). J. So­lo pue­do de­cir que es ma­ra­vi­llo­so amar y es­tar enamo­ra­do. Mi mu­jer y yo lle­va­mos jun­tos más de una dé­ca­da, el día 15 ce­le­bra­re­mos nues­tro dé­ci­mo aniver­sa­rio de bo­da y te­ne­mos dos hi­jos ma­ra­vi­llo­sos.

—¿En qué mo­men­to per­so­nal te en­cuen­tras aho­ra, Ben? B.

Es­toy vi­vien­do una épo­ca muy tran­qui­la. Mis tres hi­jos son el mayor com­pro­mi­so que ten­go en es­tos mo­men­tos, y su ma­dre, que es Jen­ni­fer Gar­ner, es una mu­jer ex­tra­or­di­na­ria ca­paz de criar a tres ni­ños y tra­ba­jar al mis­mo tiem­po. La ad­mi­ro mu­cho, por­que me su­pera en to­do. Ella y mis tres hi­jos son el cen­tro de mi aten­ción y son sa­gra­dos pa­ra mí.

—Al­go que tie­nen en co­mún mu­chos de los su­per­hé­roes del có­mic es que han su­fri­do aco­so en su in­fan­cia… B.

Tris­te­men­te, eso su­ce­de a me­nu­do con la gen­te que tie­ne un es­pí­ri­tu crea­ti­vo e in­de­pen­dien­te, por­que esa pe­cu­lia­ri­dad les di­fe­ren­cia del res­to. Las cua­li­da­des que de jó­ve­nes nos con­vier­ten en víc­ti­mas del aco­so son las que más tar­de con­tri­bu­yen a que ha­ga­mos co­sas ex­cep­cio­na­les.

J. A mí me su­ce­dió cuan­do era un crío por te­ner un fí­si­co di­fe­ren­te, pe­ro de jo­ven­ci­to, cuan­do em­pe­cé a desa­rro­llar múscu­lo, ya no se atre­vían a me­ter­se con­mi­go.

Si no la ves, es­tás out

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.