En­tre­vis­ta a Ma­ría Cas­tro

La ac­triz ga­lle­ga ha­ce do­ble­te en es­te arran­que de tem­po­ra­da: en las co­ci­nas de ‘Mas­te­rChef Ce­le­brity’ y co­mo pro­ta­go­nis­ta de la sép­ti­ma en­tre­ga de ‘Amar es pa­ra siem­pre’.

Cuore - - Sumario - > por Cris­ti­na Abel

Des­de que sal­tó a la fa­ma en 2007 por su tra­ba­jo en Sin te­tas no hay pa­raí­so (Te­le­cin­co), por el que re­ci­bió el pre­mio On­das, Ma­ría Cas­tro (36) ha sa­bi­do cons­truir una ca­rre­ra re­ple­ta de co­lo­res y gé­ne­ros. Su es­cue­la en es­tos 17 años de tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal han si­do el tea­tro, el ci­ne, la fic­ción te­le­vi­si­va e in­clu­so el en­tre­te­ni­mien­to, con su par­ti­ci­pa­ción en la úl­ti­ma edi­ción de Mas­te­rChef Ce­le­brity (La 1), don­de de­mues­tra su ca­pa­ci­dad de es­fuer­zo, tra­ba­jo y sus bue­nas ma­ne­ras en los fo­go­nes. Aca­ba de es­tre­nar­se en la nue­va en­tre­ga de Amar es pa­ra siem­pre (An­te­na 3), el cu­le­brón por an­to­no­ma­sia de las so­bre­me­sas y el cul­pa­ble de que la ac­triz no ha­ya po­di­do dis­fru­tar de la lu­na de miel tras su re­cien­te bo­da con Jo­sé Ma­nuel Vi­llal­ba (38). —¿Có­mo afron­tas es­ta nue­va eta­pa en

Amar es pa­ra siem­pre? Es­toy muy fe­liz. Si no has pa­sa­do por es­ta mí­ti­ca se­rie es co­mo que no hu­bie­ras he­cho na­da en es­te país, por­que por aquí ha pa­sa­do un va­rio­pin­to elen­co y me fal­ta­ba vi­vir es­ta ex­pe­rien­cia. La aco­gi­da es­tá sien­do ma­ra­vi­llo­sa, la se­rie va muy ro­da­da, tie­ne muy cla­ros los tiempos y la or­ga­ni­za­ción de ca­da tem­po­ra­da, y el per­so­na­je que me ha to­ca­do in­ter­pre­tar es muy ri­co por­que le pa­san mu­chas co­sas. El leit­mo­tiv de Ana Ló­pez, que se es­con­de ba­jo otra iden­ti­dad, es la ven­gan­za. To­do lo ha­ce con mu­cha in­ten­si­dad dra­má­ti­ca, im­por­tan­te pa­ra con­se­guir que le de­vuel­van lo que le han qui­ta­do. —¿Có­mo lle­vas vol­ver a una se­rie dia­ria tras tu pa­so por Seis her­ma­nas? A mí me va la mar­cha, y ten­go mu­chí­si­ma ener­gía. En ese sen­ti­do no me asus­ta el tra­ba­jo. Por otra par­te, es una se­rie en la que se sa­be la ho­ra de en­tra­da y de sa­li­da, y sien­do ma­má me vie­ne bien un po­co de or­den en mi vi­da. Hay que es­tu­diar mu­chí­si­mo, unas 50 pá­gi­nas, pe­ro eso no es al­go que me preo­cu­pe. —¿Có­mo te or­ga­ni­zas con tus nue­vas ocu­pa­cio­nes per­so­na­les?

Me le­van­to a las seis de la ma­ña­na, lle­go a tra­ba­jar a las seis y me­dia y, una vez que te ma­qui­llan, es­to es una má­qui­na cons­tan­te de se­cuen­cias. Apro­ve­cho cual­quier mo­men­to que ten­go pa­ra es­tu­diar, co­mo los atas­cos, mien­tras le doy a mi hi­ja el ba­ño o juega con la plas­ti­li­na… No hay margen de error, por­que lo tie­nes que lle­var to­do muy apren­di­do pa­ra que lue­go va­ya ro­da­do en

la gra­ba­ción. —¿Có­mo com­pa­gi­nas aho­ra el tra­ba­jo y la ma­ter­ni­dad?

Es­tá mi chi­co, ob­via­men­te, y tam­bién mis pa­dres. Los abue­los nos ayu­dan mu­cho por­que no­so­tros tra­ba­ja­mos mu­chas ho­ras. Maia es­tá muy uni­da a mis pa­dres, son co­mo sus se­gun­dos pa­pás. El tiem­po que no tra­ba­jo, de­jo el mó­vil en la puer­ta y me vuel­co con ella. —¿Có­mo lle­vas el haberte que­da­do sin lu­na de miel por el tra­ba­jo?

La lu­na de miel se in­ven­tó por al­go, por­que es­toy ago­ta­da fí­si­ca­men­te. La resaca emo­cio­nal de la bo­da es in­creí­ble. Al­gún fin de se­ma­na que nos to­quen tres días nos es­ca­pa­re­mos, pe­ro el via­je ya lo hi­ci­mos a las Mal­di­vas en ma­yo. Pe­ro sí que nos fal­ta ese mo­men­to que ne­ce­si­tan las pa­re­jas pa­ra co­men­tar los mo­men­tos de la ce­re­mo­nia, re­pa­sar lo que nos ha que­da­do en la re­ti­na. —¿Có­mo fue el en­la­ce?

Al fi­nal fue­ron tres días. El pri­mer día plan­ta­mos 100 car­ba­llos au­tóc­to­nos en la Vir­gen de la Ro­ca, en Baio­na, que es don­de me he cria­do. Es­to lo hi­ci­mos pa­ra re­fo­res­tar una zo­na que es muy es­pe­cial pa­ra mí, que que­dó de­vas­ta­da por el fue­go. El con­vi­te fue una bo­da te­má­ti­ca so­bre el ci­ne en el pa­ra­dor. Hu­bo fo­to­ma­tón, pa­lo­mi­tas, el bai­le fue Dirty Dan­cing con ele­va­ción in­clui­da, los ani­llos lle­va­ban gra­ba­das las más­ca­ras del tea­tro grie­go, ha­bía car­te­les de pe­lí­cu­las y tam­bién un ho­me­na­je a to­das las per­so­nas que se ha­bían des­pla­za­do des­de Va­len­cia, co­mo far­tons y hor­cha­ta por la no­che, fue­gos ar­ti­fi­cia­les y un tri­bu­to a las Fa­llas. —¿Cuán­tos ves­ti­dos lle­vas­te?

Dos. El pri­me­ro, de Ai­re Bar­ce­lo­na y el se­gun­do, del ate­lier de no­vias Hoss In­tro­pia. —¿Vues­tra hi­ja tu­vo al­gún pa­pel es­pe­cial?

Sí, te­nía pre­vis­tos mu­chos, pe­ro Maia no hi­zo nin­guno, ¡ni po­ner­se la co­ro­ni­ta! Pa­só por en­ci­ma de mí va­rias ve­ces, cuan­do Jo­sé y yo nos aga­rra­mos las ma­nos ella tam­bién que­ría, así que nos di­mos las ma­nos los tres… Se por­tó su­per­bién, tie­ne so­lo dos años.

—Y aho­ra te ve­mos en Mas­te­rChef… Pues sí, es­toy fe­liz. Ten­go que de­cir que me cansé más en Mas­te­rChef que en mis tres días de bo­da, por­que es un pro­gra­ma ago­ta­dor. Tie­nes un mon­tón de re­ce­tas en la ca­be­za y no sa­bes nun­ca con lo que te vas a en­con­trar. Me lo he pa­sa­do pi­pa, apren­dí mu­cho más de lo que sa­bía por­que ya me gus­ta­ba co­ci­nar.

La lu­na de miel se in­ven­tó por al­go (…). La resaca emo­cio­nal de la bo­da es in­creí­ble.”

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.