Con­rad Ro­set

Es uno de los im­pres­cin­di­bles de la ilus­tra­ción es­pa­ño­la, sus mu­sas son co­no­ci­das en am­bos la­dos del Atlán­ti­co y ha lo­gra­do que las gran­des mar­cas –Za­ra, Adi­das, Co­ca-Co­la– res­pe­ten su li­ber­tad creativa. Con­rad Ro­set es un icono de una nue­va ge­ne­ra­ción de

Dapper - - CLUB DAPPER - Úl­ti­mos se­gun­dos TEX­TO DÍ­DAC MAR­TÍ

¿Es la ilus­tra­ción una for­ma de en­ten­der el mun­do?

Es la for­ma que ten­go de dar mi pun­to de vis­ta so­bre lo que me ro­dea.

En tu pro­ce­so crea­ti­vo, ¿arriesgas e im­pro­vi­sas, o eres me­tó­di­co y or­de­na­do?

Si quieres triun­far en es­ta pro­fe­sión, lo im­pres­cin­di­ble es no te­ner mie­do a im­pro­vi­sar, bus­car el ries­go, el im­pro­ba­ble, no sa­ber adón­de vas. Cuan­do pin­to, co­jo el lá­piz de muy arri­ba pa­ra pro­vo­car dis­tor­sión, nun­ca bo­rro y man­cho las obras alea­to­ria­men­te. Pre­fie­ro ha­cer dos­cien­tos di­bu­jos que cin­cuen­ta, así no ten­go la pre­sión de te­ner que ha­cer el di­bu­jo de­fi­ni­ti­vo ca­da vez. Son di­bu­jos muy fres­cos y rá­pi­dos. Las co­sas muy bien he­chas me can­san, ya las he­mos visto mu­cho.

Tus mu­sas te han con­ver­ti­do en quien eres, ¿qué emo­cio­nes bus­cas des­per­tar en el es­pec­ta­dor?

In­ten­to que to­do lo que ha­go sea tan bo­ni­to como sea po­si­ble. La gen­te em­pa­ti­za con la be­lle­za.Y pa­ra mí, la be­lle­za es si­nó­ni­mo de fe­mi­ni­dad. Tam­bién de sen­sua­li­dad, de de­seo, un im­pul­so que no co­no­ce la ra­zón y que tie­ne mu­cho que ver con el ero­tis­mo.

¿Exis­ten tus mu­sas en la vida real?

Mi novia es una de mis prin­ci­pa­les mu­sas, es mi tri­bu­to per­so­nal. Soy un ro­mán­ti­co. En reali­dad, to­do em­pe­zó como un ex­pe­ri­men­to, pa­ra apro­bar la asig­na­tu­ra de di­bu­jo de Be­llas Ar­tes. Des­de en­ton­ces, he pin­ta­do el cuer­po fe­me­nino en to­das las téc­ni­cas y so­por­tes.

Tus ilus­tra­cio­nes tie­nen mu­cho de di­bu­jo de mo­da, ¿ca­sua­li­dad o pre­me­di­ta­ción?

No sé na­da de mo­da y pa­ra­dó­ji­ca­men­te he par­ti­ci­pa­do en la Fashion Week de Lon­dres... Pu­ra ca­sua­li­dad. Mis di­bu­jos son mi­ni­ma­lis­tas, ele­gan­tes y tie­nen ese pun­to fashion que tan bien en­ca­ja con mar­cas y even­tos de mo­da.

Eres to­do un fe­nó­meno pop, ¿sois los ilus­tra­do­res las nue­vas es­tre­llas del ‘rock’?

Sin las re­des so­cia­les no se­ría­mos na­die. La fuer­za de la ima­gen se ha mul­ti­pli­ca­do gracias a Instagram, Fa­ce­book, Twit­ter…, y la fotografía, la ilus­tra­ción y los au­dio­vi­sua­les ga­nan sen­ti­do y se ha­cen más po­pu­la­res y glo­ba­les con ellas. En mi ca­so, me han he­cho gran­de. Mi primer tra­ba­jo en Za­ra lo lo­gré tras su­bir unos bo­ce­tos en un blog.

¿No te da mie­do que te pla­gien?

Si te co­pian, es que eres un re­fe­ren­te o es­tás ins­pi­ran­do a al­guien. Pa­ra mí, el ar­te es bus­car re­fe­ren­tes y ver có­mo me­jo­rar­los. To­dos co­pia­mos de to­dos. To­dos te­ne­mos re­fe­ren­tes. Mi obra be­be de Egon Schie­le, Klimt, Tou­lou­se-Lau­trec, de pe­lí­cu­las de ani­ma­ción, de có­mics, de ilus­tra­do­res random por in­ter­net…

Aho­ra te lan­zas al mun­do del vi­deo­jue­go, ¿qué te ofre­ce es­te medio a ni­vel ar­tís­ti­co?

En el ci­ne, la fotografía y la his­to­ria del ar­te es­tá ca­si to­do in­ven­ta­do; en cam­bio, la del vi­deo­jue­go es una in­dus­tria muy nue­va, y en al­za, que per­mi­te ex­pe­ri­men­tar. Gris es un cam­bio de for­ma­to pa­ra se­guir apren­dien­do.

¿Qué es pa­ra ti el lu­jo?

La li­ber­tad de po­der ha­cer lo que quie­ra cuan­do quie­ra. No soy muy ca­pri­cho­so, pe­ro lu­cho ca­da día pa­ra po­der per­mi­tir­me lo que quie­ro sin te­ner que pen­sar en el di­ne­ro.

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