La úl­ti­ma cru­za­da

La actriz sue­ca da un pa­so más allá en su ca­rre­ra re­to­man­do el mis­mo pa­pel que con­vir­tió a Angelina Jo­lie en una es­tre­lla eter­na. Ali­cia Vi­kan­der se con­vier­te en una he­roí­na de ac­ción y aven­tu­ras como su ad­mi­ra­do In­dia­na Jones: es Lara Croft en la nue­va a

Dapper - - FOCUS - TEX­TO Car­men Sanz

En Holly­wood di­cen que ga­nar un Os­car pue­de ser una mal­di­ción. Un mo­men­to afor­tu­na­do que vie­ne con ma­la suer­te. Ga­nar un Os­car pue­de ser la ci­ma de su ca­rre­ra que em­pie­zan a ba­jar a par­tir de ahí, no les ofre­cen pa­pe­les, no les gus­tan los que les ofre­cen… No ha si­do el ca­so de Ali­cia Vi­kan­der (Got­hen­burg, Sue­cia, 1988). La actriz se al­zó con la es­ta­tui­lla en 2016 por su pa­pel de es­po­sa com­pren­si­va en La chi­ca da­ne­sa, y an­tes de su­bir a re­co­ger­la ya ha­bía acep­ta­do el per­so­na­je que su­po­nía un nue­vo es­ca­lón en su fil­mo­gra­fía: una gran pe­lí­cu­la, un gran icono, un gran re­lan­za­mien­to: el de la he­roí­na que años an­tes ya ha­bía ca­ta­pul­ta­do a otra actriz, Angelina Jo­lie, como es­tre­lla mun­dial. Si su Os­car, sus prin­ci­pios en el ci­ne de épo­ca (Un asun­to real, An­na Ka­re­ni­na…) o su me­diá­ti­co e ibi­cen­co ma­tri­mo­nio con Mi­chael Fass­ben­der no ha­bían he­cho de Ali­cia Vi­kan­der aún un nom­bre y ros­tro po­pu­la­res, pro­ta­go­ni­zar la nue­va Tomb Rai­der y me­ter­se en la piel y los pan­ta­lo­nes car­go de una nue­va Lara Croft se­gu­ro que lo ha­rá.

¿Qué tiene Lara Croft pa­ra que si­ga in­tere­san­do tan­to? ¿Ha­bla­mos de los vi­deo­jue­gos y tam­bién de esta nue­va pe­lí­cu­la? ¿Que qué tiene Lara Croft? To­dos esos múscu­los [ri­sas]. Me lle­vó cua­tro me­ses de en­tre­na­mien­to con­se­guir ese cuer­po… Y so­lo tres se­ma­nas per­der­lo. Lo sé, una de­cep­ción.

Pe­ro es un per­so­na­je que ya co­no­ce­mos, ¿por qué vol­ver a lle­var­la al ci­ne?

Cier­to, lo pri­me­ro de to­do: Angelina Jo­lie hi­zo de Lara Croft un icono. Creo que ella es la ra­zón por la que has­ta mis pa­dres sa­bían de la exis­ten­cia de Tomb Rai­der. Cuan­do me lla­ma­ron pa­ra es­te pa­pel, ha­ce más de dos años, me hi­ce la mis­ma pre­gun­ta que to­do el mun­do: por qué que­rría­mos vol­ver a re­lan­zar un per­so­na­je que ya es un icono. Y en­ton­ces me con­ta­ron que es­ta­ría ba­sa­do en el vi­deo­jue­go de 2013, al que no ha­bía ju­ga­do, pe­ro ha­bía vis­to imá­ge­nes y sa­bía que era el más ven­di­do de la his­to­ria. Lo vi, ju­gué y me di cuen­ta de que era más una his­to­ria de ma­du­rez, una his­to­ria so­bre el ori­gen de esa chi­ca jo­ven que es­tá in­ten­tan­do encontrar su ca­mino en el mun­do. Aunque man­ten­ga cier­tas claves de Lara: es in­te­li­gen­te, in­ge­nio­sa, le en­can­ta la his­to­ria, pe­ro tam­bién es más vul­ne­ra­ble. La en­con­tra­mos vi­vien­do en Lon­dres en un pi­so com­par­ti­do, como yo vi­vía cuan­do lle­gué allí con vein­ti­po­cos años, y tra­ba­ja de men­sa­je­ra con la bi­ci. Los su­per­hé­roes de hoy creo que ya no so­lo pue­den te­ner su­per­po­de­res, tie­nen que mos­trar sus de­bi­li­da­des.

¿Cree que Lara Croft es una su­per­he­roí­na, en­ton­ces?

Creo que eso tiene que de­ci­dir­lo ca­da uno. ¿Qué crees que con­vier­te a al­guien en su­per­hé­roe? Yo co­noz­co a gen­te en mi vi­da a la que con­si­de­ro su­per­hé­roes, y no es que ten­gan una fuer­za so­bre­na­tu­ral o al­go así.

Un po­co de fuer­za so­bre­na­tu­ral sí ne­ce­si­tó pa­ra en­fren­tar­se a esta pe­lí­cu­la, en la que di­cen que pa­só mu­cho tiempo en el agua he­la­da. Sí [ri­sas], pa­sé por to­do. Pe­ro me en­can­tó. Yo cre­cí vien­do pe­lí­cu­las de aven­tu­ras. Mi ma­dre, que es actriz, me in­tro­du­jo en un ci­ne más de au­tor y en el tea­tro, pe­ro de pe­que­ña lo que más me gus­ta­ba eran pe­lí­cu­las como In­dia­na Jones y La mo­mia. Esas pe­lí­cu­las pa­re­cía que es­ta­ban de­ma­sia­do le­jos, por lo que so­lo la idea de ser par­te de una de ellas me atra­pó. Es­to ha si­do el gran via­je de mi ca­rre­ra: em­pe­zar tra­ba­jan­do en Sue­cia y aca­bar en gran­des pro­duc­cio­nes de ac­ción en in­glés. Ade­más, cre­cí for­mán­do­me como bai­la­ri­na pro­fe­sio­nal de ba­llet y me en­can­ta to­da la par­te fí­si­ca que re­quie­ren es­tos per­so­na­jes. De­di­car­me cua­tro me­ses a con­se­guir el fí­si­co de Lara Croft fue du­ro, pe­ro tam­bién un re­ga­lo. Y tra­ba­jar con to­do el equi­po de chi­cas es­pe­cia­lis­tas, có­mo me cui­da­ban, por­que yo in­sis­tía en in­ten­tar ha­cer to­das las es­ce­nas… Ha si­do muy es­pe­cial.

¿Ve a Lara Croft como un per­so­na­je fe­mi­nis­ta?

Sí, es tan sen­ci­llo como que cree que hom­bres y mu­je­res me­re­cen lo mis­mo. Es­pe­ro ha­ber en­con­tra­do nue­vas claves en ella pa­ra que la gen­te se sien­ta iden­ti­fi­ca­da con el per­so­na­je, con­fian­do en que sea por­que la ma­yor par­te del pú­bli­co hoy es fe­mi­nis­ta.

¿Es por esa re­no­va­ción del per­so­na­je por lo que Lara Croft ya no lle­va los shorts?

En reali­dad, yo no he te­ni­do na­da que ver, ni el equi­po de la pe­lí­cu­la, el uni­for­me que lle­va es prác­ti­ca­men­te igual al del vi­deo­jue­go de 2013. Pe­ro sí creo que hoy la de­fi­ni­ción de sexy no pa­sa so­lo por la ro­pa que lle­ves o tu fí­si­co. Te­ner una per­so­na­li­dad co­ol, sen­tir que eres in­te­li­gen­te, fuer­te, di­ver­ti­da, creo que es lo que la gen­te de­fi­ne y en­cuen­tra como sexy. Y que­ría ha­cer de ella un per­so­na­je fuer­te. Creo que la pre­gun­ta es por qué no ha ha­bi­do an­tes per­so­na­jes como ella, como Won­der Wo­man, como Ato­mic Blon­de… Yo em­pe­cé más o me­nos cuan­do Jennifer Law­ren­ce es­tre­nó Los jue­gos del ham­bre, y aque­lla fue la pri­me­ra vez en mu­cho tiempo que una mu­jer no so­lo in­ter­pre­ta­ba a una he­roí­na, sino que, ade­más, era un éxi­to co­mer­cial.

Es el mo­men­to de las mu­je­res, ani­ma­do por el mo­vi­mien­to #MeToo des­de Holly­wood.

Des­de lue­go. Creo que, como to­do el mun­do, me que­dé to­tal­men­te en shock cuan­do el asun­to sa­lió, y me sen­tí ex­tre­ma­da­men­te or­gu­llo­sa de to­das esas mu­je­res que ha­bla­ron. Yo he fir­ma­do jun­to a 700 ac­tri­ces sue­cas una de­cla­ra­ción pa­ra re­cla­mar igual­dad, he­mos com­par­ti­do nues­tras his­to­rias. El efec­to no se ha da­do so­lo en esta in­dus­tria, ha lle­ga­do a to­das par­tes. Nin­gu­na de mis ami­gas cer­ca­nas per­te­ne­cen a esta in­dus­tria y sé que pa­ra ellas tam­bién es una re­vo­lu­ción.

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