Pu­ra

deViajes - - RUTA -

a pa­rar el co­che y a ha­cer mi­les de fo­to­gra­fías. Tu si­guien­te des­tino es Rings­tad, una al­dea de no más de 20 ha­bi­tan­tes in­te­gra­da en un mu­ni­ci­pio que se lla­ma Bø, al bor­de de un fior­do. Allí es­tá Rings­tad Sjø­jus, uno de los po­cos es­ta­ble­ci­mien­tos que per­ma­ne­ce abier­to du­ran­te el in­vierno. Ian, un for­ni­do in­glés, y Ka­ri­na, su no­via no­rue­ga, ade­más de dar­te alo­ja­mien­to y co­mi­da, se­rán tus guías y, gra­cias a su ama­bi­li­dad, for­ma­rán par­te de tu ex­pe­rien­cia.

El ho­tel ocu­pa tres edi­fi­cios his­tó­ri­cos, la lon­ja de pes­ca­do, la pa­na­de­ría y la ofi­ci­na de co­rreos de lo que un día fue un ani­ma­do puer­to con as­ti­lle­ro.

Una de las ac­ti­vi­da­des que Ian re­co­mien­da es dar un paseo al atar­de­cer en­tre Skår­va­gen, una cer­ca­na al­dea, y un pe­que­ño fa­ro, tes­ti­go de mi­les de aven­tu­ras vi­vi­das por los pes­ca­do­res lo­ca­les des­de ha­ce cien­tos de años. De he­cho, las fre­cuen­tes tor­men­tas de es­te mar fue­ron la ra­zón por las que los pes­ca­do­res, bus­can­do re­fu­gio, se ins­ta­la­ran de ma­ne­ra es­ta­ble en es­tas cos­tas.

Si te cru­zas con al­guien por es­te sen­de­ro, ve­rás có­mo la ma­yo­ría son jó­ve­nes de más de 80 años, gen­te muy sa­na que a los 95 si­guen sa­lien­do a la mar o cam­bian­do las rue­das de su pro­pio co­che. La gé­li­das tem­pe­ra­tu­ras (la me­dia anual es de 4,3ºc) de­ben te­ner al­go que ver. No de­jes de mi­rar al cie­lo, ya que ade­más de una luz in­creí­ble que pin­ta el pai­sa­je, po­drás ver pe­que­ños ar­coi­ris cir­cu­la­res en el cie­lo: son cris­ta­les de hie­lo sus­pen­di­dos en la at­mós­fe­ra e ilu­mi­na­dos por el sol.

De vuel­ta al Rings­tad, haz una pa­ra­da en Stei­ne, don­de so­bre un pro­mon­to­rio, se en­cuen­tra la es­cul­tu­ra de El hom­bre en el mar, una mis­te­rio­sa ale­go­ría del pes­ca­dor, que sos­tie­ne en sus ma­nos un cris­tal que bri­lla con el sol de me­dia­no­che en ve­rano. Es­tá en un al­to des­de el que se di­vi­san 360º de vis­tas so­bre las mon­ta­ñas de is­las ve­ci­nas. En el puer­to de Stei­ne, an­tes de la caí­da del sol, pue­des ver los bar­cos des­car­gar la pes­ca del día.

A LA CA­ZA DE LA AU­RO­RA BO­REAL

La au­ro­ra bo­real es un fe­nó­meno fí­si­co producido por fuer­tes vien­tos so­la­res que al cho­car con la mag­ne­tos­fe­ra pro­du­cen fuer­tes car­gas eléc­tri­cas y la emi­sión de par­tí­cu­las car­ga­das eléc­tri­ca­men­te con­tra la tie­rra.

Tan­to Ves­te­rå­len co­mo Lo­fo­ten son lu­ga­res idó­neos pa­ra su ob­ser­va­ción. La me­jor épo­ca va de oc­tu­bre a mar­zo, y cuan­to más frío ha­ga, me­jor. En la web spa­ce­weat­her.com en­con­tra­rás las pre­dic­cio­nes pa­ra ca­da no­che, pe­ro lo me­jor es que con­fíes en la in­for­ma­ción que te den en tu ho­tel.

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