El úl­ti­mo re­fu­gio bohe­mio

deViajes - - AIRE LIBRE -

La zo­na es­te, po­co po­bla­do y ru­ral es la

El la­do más orien­tal de la is­la es el más au­tén­ti­co. Si ya de por sí la is­la es tran­qui­la, es­ta par­te lo es más y es­tá muy po­co po­bla­da. Com­bi­na la vi­da ru­ral con los res­tos de la co­lo­nia hip­pie que lle­gó en los años 60. Se­gún vas ha­cia el es­te, la ca­rre­te­ra as­cien­de por la me­se­ta La Mo­la, el pun­to más al­to de For­men­te­ra (190 m). Des­de el Mirador que se en­cuen­tra aquí po­drás to­mar fotos de to­da la is­la, con el per­fil de Ibi­za al fon­do. Al fi­nal de la ca­rre­te­ra ve­rás el fa­ro que ins­pi­ró a Ju­lio Ver­ne pa­ra es­cri­bir la no­ve­la Héc­tor Ser­va­dac. Via­jes y aven­tu­ras a tra­vés del mun­do so­lar. En el pro­mon­to­rio ha­bi­tan du­ran­te su pe­rio­do de re­pro­duc­ción 3.000 pa­re­jas de vi­rots, aves mi­gra­to­rias, y los hal­co­nes de Eleo­nor, que vie­nen des­de Ma­da­gas­car.

A la iz­quier­da del fa­ro sa­le un sen­de­ro se­miocul­to por la ma­le­za que ba­ja has­ta una enor­me cue­va na­tu­ral agran­da­da por los pas­to­res pa­ra re­fu­giar las ca­bras. És­ta ha si­do re­si­den­cia hip­pie y, aho­ra, lu­gar de es­par­ci­mien­to de pa­re­jas con pri­vi­le­gia­das vis­tas al mar.

Muy cer­ca del fa­ro es­tá otro de los ico­nos pop de la is­la, el Mo­lí, un molino de vien­to del si­glo XVIII cu­ya si­lue­ta fue por­ta­da del dis­co Mo­re, de Pink Floyd, ban­da so­no­ra de la pe­lí­cu­la del mis­mo tí­tu­lo di­ri­gi­da aquí por Bar­bet Schroe­der en 1969. Lle­va des­de los años 50 sin mo­ler grano, pe­ro su es­ta­do de con­ser­va­ción es ex­ce­len­te.

par­te más salvaje de la is­la

En es­ta par­te de la is­la en­con­tra­rás al­gu­nas de las me­jo­res pla­yas y ca­las. Al sur, la de Mig­jorn, con 5 km de are­na con for­ma de me­dia lu­na, es la fa­vo­ri­ta de los lo­ca­les que bus­can tran­qui­li­dad. Muy cer­ca del privilegiado ho­tel Riu, Es Ca­ló d'es Mort es una obra de ar­te en ro­ca ca­li­za es­cul­pi­da por el vien­to y el mar.

La de Tra­mun­ta­na, orien­ta­da al nor­te, es de ro­ca y for­mas in­có­mo­das, pe­ro con el cal­za­do ade­cua­do pue­des en­con­trar mi­cro­ca­las de are­na don­de re­la­jar­te en la in­ti­mi­dad más ab­so­lu­ta, co­mo la Ca­la em Bas­ter, una de las más be­llas y ais­la­das.

La más bo­ni­ta de las ru­tas ver­des de la is­la, la en­con­tra­rás tam­bién en es­ta par­te. Se tra­ta de El Ca­mí de Sa Pu­ja­da, un vie­jo sen­de­ro em­pe­dra­do en­tre pi­nos, sa­bi­nas, enebros e hi­gue­ras con im­pre­sio­nan­tes vis­tas al mar tur­que­sa. La ru­ta em­pie­za cer­ca del Mirador de la Mo­la y aca­ba en Es Ca­ló, un pe­que­ño po­bla­do con un buen res­tau­ran­te fren­te al mar y una pla­ya ro­co­sa lle­na de ca­se­tas va­ra­de­ro que sir­ven a los pes­ca­do­res pa­ra guar­dar sus ape­ros.

El Mo­lí de la Mo­la fue por­ta­da

de un dis­co de Pink Floyd.

Xa­vi Ál­va­rez, ge­ren­te de Te­rra­moll.

Ci­clis­tas en La Mo­la.

La la­gar­ti­ja, es el icono de la is­la.

Vis­ta del li­to­ral des­de el

Ca­mí de Sa Pu­ja­da.

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