Encanto

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ofi­cia­les los de sus co­lo­nias, el fran­cés y el in­glés, ade­más del crio­llo, el más ex­ten­di­do.

Hoy, el epi­cen­tro eco­nó­mi­co y ad­mi­nis­tra­ti­vo de Sey­che­lles es la ciu­dad de Vic­to­ria (en la is­la de Mahé) se­gu­ra­men­te una de las ca­pi­ta­les más pe­que­ñas del mun­do. Te se­rá im­po­si­ble per­der­te en sus ca­lles. Un da­to sig­ni­fi­ca­ti­vo: en Vic­to­ria vi­ven al­re­de­dor de 25.000 per­so­nas, cin­co ve­ces me­nos que los ha­bi­tan­tes que tie­ne, por ejem­plo, el ba­rrio bar­ce­lo­nés de Grà­cia.

UN PA­SEÍ­TO A PIE

Un pun­to de par­ti­da pa­ra tu vi­si­ta pue­de ser la bri­tá­ni­ca To­rre del Re­loj, he­cha a ima­gen y se­me­jan­za de la si­tua­da en Vaux­hall Brid­ge Road en Lon­dres. A po­cos me­tros de és­ta se le­van­ta la so­bria igle­sia de Saint Paul (Al­bert Street) de es­ti­lo co­lo­nial y con­sa­gra­da a la Igle­sia An­gli­ca­na, de la que for­man par­te el 7% de la po­bla­ción.

To­da la do­sis ur­ba­na que vas a tener en tu via­je a Sey­che­lles se con­cen­tra aquí, en Al­bert Street, don­de se ubi­can los dos úni­cos se­má­fo­ros de las is­las de los que, por cier­to, uno no fun­cio­na ha­ce años.

Si te ago­bia el trá­fi­co (es bro­ma), su­mér­ge­te en la pea­to­nal Mar­ket Street, uno de los me­jo­res lu­ga­res en la ca­pi­tal pa­ra to­mar el pul­so al día a día de sus ha­bi­tan­tes. És­te es su ma­yor cen­tro co­mer­cial y el pin­to­res­co Mer­ca­do Sir Selwyn Selwyn-clarke, si­tua­do en la mis­ma ca­lle, des­tino ideal pa­ra com­prar al­gún re­cuer­do.

Co­mo en todos los mer­ca­dos del mun­do, a és­te es pre­fe­ri­ble ve­nir a pri­me­ra ho­ra de la ma­ña­na, cuan­do las se­ño­ras ata­via­das con sus pin­to­res­cos som­bre­ros de pa­ja ne­go­cian el pre­cio de unos pes­ca­dos que aun se mue­ven en los mos­tra­do­res (los sá­ba­dos son los días más ani­ma­dos). Ade­más de fru­tas tro­pi­ca­les, hor­ta­li­zas y otros pro­duc­tos fres­cos, en Sir Selwyn, que por cier­to se cons­tru­yó en 1840, po­drás ad­qui­rir las es­pe­cias más usa­das en la co­ci­na crio­lla, ta­les co­mo los chi­les, la ca­ne­la o el jen­gi­bre, a un pre­cio ra­zo­na­ble.

Otros lu­ga­res don­de po­drás mez­clar­te con la co­mu­ni­dad lo­cal son los dis­tin­tos lu­ga­res de cul­to que sal­pi­can Vic­to­ria, muy con­cu­rri­dos du­ran­te las fes­ti­vi­da­des co­rres­pon­dien­tes a ca­da re­li­gión. Co­mo ve­rás, la ciu­dad es pe­que­ña pe­ro tie­ne dos igle­sias, ca­tó­li­ca y an­gli­ca­na, una mez­qui­ta y un tem­plo hin­dú. El más pin­to­res­co es es­te úl­ti­mo, el Arul Mihu Na­va­sakt­hi Vi­na­ya­gar, el úni­co de cul­to hin­dú en Sey­che­lles y que es­tá con­sa­gra­do al Dios de la Pros­pe­ri­dad.

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