De cuen­to

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Sua­ves co­li­nas cu­bier­tas de bre­zo, una plan­ta que ti­ñe el pai­sa­je de co­lor púr­pu­ra, y un ria­chue­lo con di­fe­ren­tes bra­zos van a ser tus com­pa­ñe­ros de via­je. De vez en cuan­do un puen­te­ci­llo y, de­pen­de del día, un cie­lo en­ca­po­ta­do con to­dos los to­nos de gris que exis­ten en la na­tu­ra­le­za.

El pri­mer pue­blo que vas a en­con­trar se lla­ma Brae­mar. A ori­llas del cau­da­lo­so río Dee, fa­mo­so por sus sal­mo­nes, aquí se ce­le­bra el pri­mer sá­ba­do de sep­tiem­bre uno de los más po­pu­la­res High­lands Ga­mes, el Brae­mar Gat­he­ring ( www.brae­mar­gat­he­ring.org).

El ori­gen de es­tos jue­gos po­pu­la­res hay que bus­car­lo en la era de los cla­nes, cuan­do los je­fes de las tri­bus se­lec­cio­na­ban a los hom­bres más gue­rre­ros pa­ra for­mar par­te de su ejér­ci­to. La pre­sen­cia de al­gún miem­bro de la fa­mi­lia real ha­ce de los jue­gos de Brae­mar di­fe­ren­tes a los que se ce­le­bran en otros pue­blos.

Unos 15 km ca­rre­te­ra arri­ba vas a lle­gar a Crat­hie, una al­dea que os­ten­ta el ho­nor de alo­jar el Pa­la­cio de Bal­mo­ral, “mi que­ri­do pa­raí­so en las Tie­rras Al­tas”, tal y co­mo se re­fe­ría a él la Rei­na Vic­to­ria, que lo man­dó cons­truir tras com­prar la fin­ca en 1848.

EN UN FRON­DO­SO BOS­QUE

Bal­mo­ral es una enor­me fin­ca de 20.000 hec­tá­reas cu­yo co­ra­zón es el Pa­la­cio don­de la Rei­na Isa­bel y su fa­mi­lia pa­san los me­ses de agos­to y sep­tiem­bre.

An­tes de su lle­ga­da, de abril a ju­lio, Bal­mo­ral abre sus puer­tas a los vi­si­tan­tes, que pue­den ac­ce­der al sa­lón de bai­le y a los jar­di­nes, un co­to de ca­za don­de el cier­vo ro­jo y el fai­sán son las pie­zas más pre­cia­das. Jun­to a ellos, con­vi­ven en el fron­do­so bos­que ca­le­do­nio (de abe­dul y pino es­co­cés, al­gu­nos de es­tos al­can­zan los 600 años de vi­da) el águi­la do­ra­da, el ga­to salvaje, el zo­rro, las va­cas de las High­lands o los po­nies, usa­dos pa­ra trans­por­tar las pie­zas de ca­za ma­yor.

Pa­ra ver to­do es­to pue­des con­tra­tar el sa­fa­ri en jeep que en tres ho­ras te lle­va­rá al co­ra­zón de la fin­ca ( www.bal­mo­ral­castle.com, por unos 75 € por per­so­na).

Fue­ra de la tem­po­ra­da tu­rís­ti­ca, en Bal­mo­ral tam­bién hay es­pa­cio pa­ra los que no tie­nen san­gre azul. Dis­tri­bui­dos por el bos­que se en­cuen­tran cin­co cot­ta­ges, ca­sa de cam­po, que se al­qui­lan a par­tir de 622 € la se­ma­na.

A las puer­tas de Bal­mo­ral es­tá una de las más pres­ti­gio­sas des­ti­lle­rías de Whisky (pa­la­bra de ori­gen gaé­li­co que sig­ni­fi­ca agua de vi­da), la Ro­yal Loch­na­gar Dis­ti­llery ( www.dis­co­ve­ring­dis­ti­lle­ries.com), con una pro­duc­ción pe­que­ña pe­ro con una ca­li­dad ex­ce­len­te.

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