En­cuen­tro cul­tu­ral

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Ciu­dad de Mé­xi­co es la gran ca­pi­tal la­ti­noa­me­ri­ca­na en tér­mi­nos de ri­que­za pa­tri­mo­nial, con­se­cuen­cia de su im­por­tan­cia his­tó­ri­ca. Ade­más, es una ciu­dad mo­der­na, pu­jan­te y una de las más po­bla­das del mun­do. To­do ello ha­ce que sea un lu­gar ex­tra­or­di­na­ria­men­te in­tere­san­te, a pe­sar de que mu­chos vi­si­tan­tes del país no co­noz­can de ver­dad el va­lor de sus atrac­ti­vos. Nues­tro con­se­jo es que le de­di­ques a la ciu­dad va­rios días. Hay tan­to que ver y ha­cer que siem­pre de­ja­rás co­sas pen­dien­tes pa­ra un pró­xi­mo via­je.

POR EL CEN­TRO HIS­TÓ­RI­CO

El Zó­ca­lo, la pla­za prin­ci­pal de Ciu­dad de Mé­xi­co, tal vez la se­gun­da más gran­de del mun­do, es el pun­to de par­ti­da de to­dos los re­co­rri­dos. Aquí des­ta­can la Ca­te­dral (no es la más her­mo­sa pe­ro sí una de las más im­po­nen­tes). No te pier­das el pén­du­lo y la ta­bla que hay en el sue­lo con to­das las se­ña­les pa­ra que ima­gi­nes có­mo se ha mo­vi­do es­te edi­fi­cio a lo lar­go del tiem­po. Tam­bién se ha­lla el pa­la­cio Na­cio­nal, en el lu­gar don­de es­tu­vie­ron los palacios de Moc­te­zu­ma y los vi­rre­yes, y en el que con­tem­plar los ex­tra­or­di­na­rios mu­ra­les de Die­go Ri­ve­ra, que re­fle­jan la his­to­ria de Mé­xi­co.

En la es­qui­na de la pla­za, en­tre los dos edi­fi­cios an­te­rio­res, en­con­tra­rás los res­tos del Tem­plo Ma­yor, con un ex­ce­len­te mu­seo ( www.tem­plo­ma­yor.inah.gob.mx. Cie­rra los lu­nes. En­tra­da: 3,5 €). Si no tie­nes tiem­po mi­ra al me­nos la ma­que­ta que hay en el Zó­ca­lo pa­ra ha­cer­te una idea de có­mo era es­ta ciu­dad en tiem­pos prehis­pá­ni­cos, cuan­do es­ta­ba si­tua­da en me­dio de una laguna.

Por to­da es­ta par­te abun­dan los palacios de la épo­ca co­lo­nial. Si si­gues la ave­ni­da Ma­de­ro lle­ga­rás a la Ala­me­da Cen­tral, un par­que in­men­so al que se aso­ma el Pa­la­cio de Be­llas Ar­tes ( www.bellasartes.gob.mx), con un in­te­rior be­llí­si­mo y nu­me­ro­sas ac­ti­vi­da­des cul­tu­ra­les.

Tam­bién en­con­tra­rás los fas­ci­nan­tes mu­seos Franz Ma­yer ( www.franz­ma­yer.org.mx. En­tra­da: 2,5 € y gra­tis los mar­tes. Cie­rra los lu­nes) y el Mu­ral Die­go Ri­ve­ra ( www.mu­seo­mu­ral­die­go­ri­ve­ra.bellasartes.gob.mx. En­tra­da: 1 €. Cie­rra los lu­nes). Es­te úl­ti­mo tie­ne sólo una obra, el Sue­ño de una tar­de do­mi­ni­cal en la Ala­me­da Cen­tral, pe­ro es ab­so­lu­ta­men­te fas­ci­nan­te.

En un ex­tre­mo de la Ala­me­da en­con­tra­rás el Pa­seo de la Re­for­ma, el gran bu­le­var que lle­ga has­ta el par­que de Cha­pul­te­pec, don­de es­tá el Mu­seo Na­cio­nal de An­tro­po­lo­gía ( www.mna.

inah.gob.mx. Cie­rra los lu­nes. 3,5 €), sin du­da el más im­por­tan­te de la ca­pi­tal y en el que se ha­ce un fas­ci­nan­te re­pa­so a las ci­vi­li­za­cio­nes prehis­pá­ni­cas y a las cul­tu­ras in­dí­ge­nas.

Una Ciu­dad de Mé­xi­co más ma­ne­ja­ble y tran­qui­la la en­con­tra­rás en los ba­rrios (lla­ma­dos co­lo­nias) más ele­gan­tes. Co­yoa­cán tie­ne un ai­re bohemio, con sus li­bre­rías, sus ca­fés, sus ca­lles ado­qui­na­das flan­quea­das por ca­so­nas cen­te­na­rias y la Ca­sa de Fri­da Kah­lo (Lon­dres, 247. Cie­rra los lu­nes. En­tra­da: 4,5 €). Ten en cuen­ta que es la ca­sa y es­tu­dio de la ar­tis­ta, no un mu­seo de su obra.

En San Ángel abun­dan las igle­sias, las man­sio­nes co­lo­nia­les y las pla­zas re­co­le­tas. Con­de­sa y Po­lan­co son otras dos co­lo­nias re­ple­tas de tien­das y res­tau­ran­tes en las que es muy agra­da­ble pa­sear.

RAN­CHE­RAS Y TEM­PLOS

Pa­ra co­no­cer la esen­cia del tó­pi­co me­xi­cano hay va­rias vi­si­tas im­pres­cin­di­bles, co­mo la ba­sí­li­ca de Gua­da­lu­pe (cer­ca de la es­ta­ción de me­tro Ba­sí­li­ca) con su in­ce­san­te tra­sie­go de pe­re­gri­nos. Tam­bién la pla­za de las Tres Cul­tu­ras, en la que se al­zan el tem­plo de Tla­te­lol­co, la igle­sia co­lo­nial de Santiago y el Mi­nis­te­rio de Asun­tos Ex­te­rio­res (que re­pre­sen­tan al Mé­xi­co prehis­pá­ni­co, co­lo­nial e in­de­pen­dien­te), y la pla­za de Ga­ri­bal­di, a la que acu­den los ma­ria­chis a la caí­da de la tar­de.

El fin de se­ma­na es el me­jor mo­men­to pa­ra acer­car­se a los jar­di­nes flo­tan­tes de Xo­chi­mil­co, uno de los pocos re­cuer­dos de que Mé­xi­co se le­van­tó so­bre una laguna. Lo más en­tre­te­ni­do y ba­ra­to es re­co­rrer los ca­na­les en una lan­cha co­lec­ti­va, con ma­ria­chis can­tan­do so­bre ellas. Tam­bién pue­des co­mer en cual­quie­ra de los lo­ca­les jun­to a los em­bar­ca­de­ros.

Bo­ca de me­tro en Mé­xi­co D.F.

Ca­lle cén­tri­ca de Mé­xi­co D.F.

Pa­la­cio de Be­llas Ar­tes.

Ga­na­do­ras del con­cur­so Flor de Xo­chi­mil­co.

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