Jordi Clos

deViajes - - PAS­SIÓN VIA­JE­RA - Gemma Car­do­na

E“Via­jar es si­nó­ni­mo de aven­tu­ra”

l pre­si­den­te de la ca­de­na Derby Ho­tels, Jordi Clos es, ade­más, un via­je­ro in­can­sa­ble. Su en­tu­sias­mo por des­cu­brir ci­vi­li­za­cio­nes an­ti­guas le ha lle­va­do por me­dio mundo y ha cris­ta­li­za­do en la crea­ción de la Fun­da­ción Ar­queo­ló­gi­ca Clos y el Mu­seo Egip­cio de Bar­ce­lo­na, el cen­tro pri­va­do abier­to al pú­bli­co más im­por­tan­te de Eu­ro­pa. Aho­ra, pu­bli­ca sus me­mo­rias en Con la vi­da en los ta

lo­nes (Ed. La Es­fe­ra de los Li­bros).

Ha re­co­rri­do to­do el mundo, ¿qué país nos re­co­mien­da?

Si bus­cas aven­tu­ra, por su­pues­to, Áfri­ca. Si te in­tere­sa al­go más mís­ti­co eli­ge In­dia o Tí­bet. Me apa­sio­nan los si­tios don­de aún no ha lle­ga­do el tu­ris­mo; don­de te das cuen­ta de que un va­so de agua tie­ne una im­por­tan­cia ex­tra­or­di­na­ria.

¿Via­jar es si­nó­ni­mo de aven­tu­ra?

Siem­pre. No pue­do rea­li­zar las ex­pe- di­cio­nes ex­tra­or­di­na­rias de prin­ci­pios de si­glo XX, pe­ro lo in­ten­to.

¿Al­gu­na vez ha es­ta­do en pe­li­gro?

Sí, he he­cho co­sas te­me­ra­rias que aho­ra no rea­li­za­ría. Ten­go la suer­te de ha­ber es­ta­do en la con­tien­da de Don­ga, en Etio­pía. Era el úni­co blan­co en me­dio de una ba­ta­lla de san­gre en­tre mil gue­rre­ros. Otros la han na­rra­do, yo es­tu­ve y me in­to­xi­qué de adre­na­li­na.

Su pa­sión por Egip­to, ¿de dón­de nace?

De ni­ño, en la es­cue­la, hi­ce un tra­ba­jo so­bre es­te país, y des­de en­ton­ces.

¿Po­dría des­ta­car al­gún re­cuer­do?

Ser el pri­me­ro en abrir una tum­ba en Sha­ru­na (Egip­to). Vi­mos la es­ca­le­ra en­te­rra­da y em­pe­za­mos a sa­car tie­rra, pe­ro os­cu­re­ció y no pu­di­mos se­guir, así que pa­sé to­da la no­che en el pa­tio de la ex­ca­va­ción sin dor­mir, mi­ran­do las es­tre­llas del de­sier­to. Son ex­pe­rien- cias con las que sue­ñas y que al des­per­tar crees que son im­po­si­bles.

Los pe­ri­plos por Egip­to le per­mi­tie­ron ini­ciar una co­lec­ción úni­ca.

Des­de lue­go. Ya en mi pri­me­ra vi­si­ta com­pré una pie­za pa­ra mi co­lec­ción. Eran unos tex­tos je­ro­glí­fi­cos que no sa­bía leer, pe­ro que me ha­cían so­ñar. Dor­mí abra­za­do a ellos.

Ha si­do uno de los crea­do­res de la mar­ca tu­rís­ti­ca de Bar­ce­lo­na, ¿qué nos re­co­mien­da de es­ta ciu­dad?

Lo me­jor de la Ciu­dad Con­dal es que es una ur­be múl­ti­ple y ¡tie­ne de to­do! Hay un pa­tri­mo­nio ar­tís­ti­co enor­me, con un ba­rrio co­mo el Ei­xam­ple que es un es­ca­pa­ra­te de ar­qui­tec­tu­ra, una gas­tro­no­mía ex­ce­len­te, ki­ló­me­tros de pla­ya, una cli­ma­to­lo­gía bue­na... Ade­más, es ase­qui­ble de ta­ma­ño.

“El des­cu­bri­mien­to re­cuer­dos”. de la tum­ba del rey

Se­me­suUhe­mu (en Su­dán)

es uno de mis me­jo­res “En el po­bla­do

Ha­mer (Etio­pía), don­de he vis­to una tri­bu a las mu­je­res ma­triar­cal más be­llas de

Áfri­ca”.

vi­si­tan­do las rui­nas “Aquí me te­néis

s de Vitlos (Pe­rú)“. pre­co­lom­bi­na

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