Po­teo con el co­ra­zón

deViajes - - DE TAPAS -

Ir de ta­pas es una de esas cos­tum­bres que da ca­rác­ter a una ciu­dad. Y en la ca­pi­tal viz­caí­na cual­quier ex­cu­sa es bue­na pa­ra ar­mar un co­rro, un pon­me aquí otro zu­ri­to, un qué has to­ma­do, un oye, có­bra­me la ron­da. Sa­lir de vi­nos o de cer­ve­zas, ya sea con ami­gos o com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo es un ri­tual al que cual­quie­ra se apun­ta a cie­gas y más si la ci­ta es en es­ta ca­pi­tal, pe­ga­da al pin­cho y a sus bio­rrit­mos. Pa­san los años, los lo­ca­les se re­nue­van pe­ro Bilbao, del Cas­co Vie­jo a Aban­do e In­daut­xu, de la mar­gen de­re­cha a la iz­quier­da, man­tie­ne vi­va su pa­sión por el pin­cho.

Pe­ro, ¿sa­be­mos qué es un pin­cho? Al bil­baíno, aman­te de las tra­di­cio­nes y, en bue­na me­di­da, con­ser­va­dor, le gus­ta lla­mar al pan, pan, y al vino, vino. Es­ta fi­lo­so­fía, apli­ca­da al pin­cho, lo de­fi­ne co­mo Bo­li­ta re­lle­na de pul­po y sal­sa de pi­qui­llo (1,80 €). to­do aque­llo que ca­be en una por­ción de pan, su­je­to o no con un pa­li­llo, y que se pue­de co­mer en dos bo­ca­dos, sin ne­ce­si­dad de cu­chi­llo y te­ne­dor. Y de eso, pre­ci­sa­men­te, en­con­tra­rás las ba­rras bil­baí­nas re­ple­tas en su ho­ra pun­ta, en­tre las 13 y 15 h, y de 20.30 a 22.30 h. An­tes, por la ma­ña­na, hay mu­cha tor­ti­lla re­lle­na; lue­go, a me­dio­día, se co­me (sí, aún más). Y, por la no­che, es­tá la ce­na…

La gas­tro­no­mía si­gue sien­do ob­je­to de cul­to y los con­cur­sos se su­ce­den a lo lar­go del año y la ciu­dad. En oc­tu­bre, du­ran­te dos fi­nes de se­ma­na, tie­nes el Bilbao Biz­kaia Pin­cho Cha­pel­ke­ta (es de­cir, el Con­cur­so de Pin­chos de Bilbao y Viz­ca­ya), con más de tres lus­tros de vi­da (aun­que en 2014 fal­ta­se a la ci­ta) y un tro­feo muy es­pe­cial: sus pa­li­llos de oro, pla­ta y bron­ce.

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