Con cla­se

deViajes - - DESTINO -

Has­ta 1970, Omán era uno de los paí­ses más po­bres de Orien­te Me­dio. Ese año se en­con­tra­ron re­ser­vas de pe­tró­leo y se em­pe­zó a cons­truir lo que hoy po­de­mos vi­si­tar. Si Ca­tar tie­ne fa­ma de ser un lu­gar en el que las tra­di­cio­nes se res­pe­tan mu­cho, en es­te sul­ta­na­to el ce­lo por pre­ser­var la es­té­ti­ca y el or­den son aún ma­yo­res. Los ras­ca­cie­los es­tán prohi­bi­dos por ley y la es­té­ti­ca de los edi­fi­cios es­tá con­tro­la­da por un mi­nis­te­rio, que ve­la por­que to­do es­té acor­de al es­ti­lo ar­qui­tec­tó­ni­co ára­be.

Lo que más lla­ma la aten­ción una vez en Mas­ca­te, la ca­pi­tal del país, es lo lim­pio que es­tá to­do. Una de las ra­zo­nes es que ca­da año el go­bierno pre­mia a la po­bla­ción que más em­pe­ño ha pues­to en es­tar asea­da.

El me­jor mo­men­to pa­ra ve­nir aquí es en in­vierno, cuan­do la tem­pe­ra­tu­ra es per­fec­ta pa­ra dis­fru­tar tan­to de Mas­ca­te co­mo de las fan­tás­ti­cas pla­yas al es­te de la ciu­dad.

Des­de que uno lle­ga al país, la fi­gu­ra del Sul­tán Qa­boos bin Said Al Said es­tá siem­pre pre­sen­te. Es­te hom­bre de 74 años de­ci­de to­do lo que ocu­rre en Omán des­de ha­ce 44 años, cuan­do to­mó el po­der pa­ra mo­der­ni­zar el país, lo que in­clu­ye la cons­truc­ción de mez­qui­tas pa­ra su pue­blo. De to­das las que han le­van­ta­do, la más vi­si­ta­da por los tu­ris­tas es la de la cú­pu­la de oro, ofi­cial­men­te lla­ma­da la Gran Mez­qui­ta del Sul­tán Qa­boos.

To­das la vi­si­tas guia­das a la ciu­dad in­clu­yen una a es­te lu­gar sa­gra­do y sus jar­di­nes, inau­gu­ra­dos ha­ce ya una dé­ca­da. En el in­te­rior de la mez­qui­ta hay dos sa­las de ora­ción re­fri­ge­ra­das a las que se pue­de su­mar un pa­tio que se cu­bre en ca­so de que llue­va. En to­tal, la mez­qui­ta pue­de re­ci­bir al mis­mo tiem­po a 20.000 fie­les.

En su de­co­ra­ción se usa­ron los me­jo­res ma­te­ria­les po­si­bles: már­mol y pie­dra del Ra­jas­tán (In­dia) en el ex­te­rior, y en la Gran sa­la de Ora­ción, lám­pa­ras de ara­ña con cris­ta­les Swa­rovs­ki, oro y 1.122 bom­bi­llas; mo­sai­cos con pa­vos reales; y la se­gun­da al­fom­bra de una so­la pie­za más gran­de del mun­do, que pe­sa 21 to­ne­la­das y con­tie­ne has­ta 6.000 flo­res te­ji­das a mano.

PUER­TO DE RE­CREO

Mu­chos de los vi­si­tan­tes que lle­gan a Mas­ca­te lo ha­cen a tra­vés del mar, a bor­do de uno de los cru­ce­ros que es­ca­lan en el puer­to, si­tua­do en el cen­tro his­tó­ri­co, a unos 25 km al es­te de la Gran Mez­qui­ta.

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