ÁM­BAR

deViajes - - RUTA -

Di­ce la le­yen­da que Ju­ra­te, la diosa del mar, vi­vía en el fon­do del océano en un pre­cio­so pa­la­cio de ám­bar. A Ju­ra­te no se le per­mi­tía amar a un mor­tal, pues el dios de los ra­yos y los true­nos, Per­ku­nas, se lo prohi­bió. Un día se enamo­ró de uno y Per­ku­nas le qui­tó la vida de in­me­dia­to, arrui­nó el pre­cio­so pa­la­cio sub­ma­rino y la ató con ca­de­nas a sus es­com­bros. Des­de en­ton­ces, la po­bre llo­ra has­ta hoy día por su amor y sus lá­gri­mas se con­vier­ten en el ám­bar que pue­de re­co­ger­se en la cos­ta del mar. En cual­quier ca­so, el ám­bar y las pro­pie­da­des cu­ra­ti­vas que dicen te­ner es un mo­ti­vo de atrac­ción tu­rís­ti­ca más de es­te pue­blo, por lo que aquí ve­rás nu­me­ro­sas tien­das de­di­ca­das al co­mer­cio de és­te.

Pie­zas de ám­bar.

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